Enrique Bernales Albites

Tr(ump)sición

19 enero, 2021

Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie

Giuseppe Tomasi di Lampedusa

 

Las elecciones más dramáticas de la historia estadounidense

 

¿Cómo llegamos hasta aquí? A veces se percibe el gobierno de Donald Trump como un mal sueño o una pesadilla. Como si se pudiera negar la realidad. Un gobierno no sucede a otro totalmente opuesto. Un gobierno es parte de un sintagma de gobiernos previos y futuros. Ese es el sistema estadounidense. Una sucesión de gobiernos de dos partidos políticos, demócrata y republicano, que sirven a los mismos intereses, el gran capital. El gobierno de Donald Trump es consecuencia de la imposible desesperanza que generó el segundo gobierno de Barack Hussein Obama. “Hope” era su lema y al final nos entregó a Trump por su incapacidad de hacer las transformaciones necesarias y así beneficiar a la clase trabajadora de este país. Esa debe ser la tarea del nuevo presidente elegido, Joe Biden, gobernar para mejorar las condiciones de vida de las clases populares de los Estados Unidos de América, las mismas que se unieron de costa a costa para darle una victoria pírrica e histórica. Este triunfo no es un cheque en blanco, ya no se puede utilizar el capital de hope de 2008 porque en 2020 ya no hay hope

 

74,111,419 de votos por Trump

 

En las controversiales elecciones de 2016 finalmente ganadas por Trump, la candidata demócrata Hillary Clinton obtuvo la mayoría del voto popular (65,853,625), pero fue derrotada por la mayoría de los votos del Electoral College que terminaron aupando a un candidato mediático y controversial a la presidencia para sorpresa de propios y extraños. Estas elecciones de 2020 duraron más de lo que se esperaba originalmente y han estado marcadas por un gran dramatismo: denuncias de fraude y una serie de recursos legales presentados por el equipo del candidato perdedor, el presidente Donald Trump, para impugnar la legalidad, sin atenuantes, de los resultados. 

 

También, este proceso electoral empezó mucho más temprano, sobre todo por las mismas circunstancias creadas por la pandemia del COVID-19. De esta manera, el voto por correo tuvo una importancia crucial para asegurar el triunfo del demócrata Joe Biden. 74,111,419 (47%) de estadounidenses votaron por el candidato perdedor. Este porcentaje supera por mucho los votos logrados por Hillary Clinton en 2016 y por Obama en 2012 (62,611,250) y 2008 (66,862,039). Sinceramente, parece increíble el caudal de votos logrados por Trump en estas elecciones de 2020. Dentro de la gran cantidad de votos recibidos por la fórmula Trump-Pence se encuentran los de una clase trabajadora desencantada de las élites políticas y corporativas. 

 

Si tantos votaron por Trump-Pence, ¿por qué ganó la fórmula Biden-Harris?

 

Se dieron una serie de circunstancias que permitieron que la formula Biden-Harris obtuviera la mayoría del voto popular (81,009,468) y del Electoral College (306) en estas elecciones de 2020. Como lo he señalado antes, el voto por correo ha sido decisivo y en mi opinión va a transformar la forma de votar en este país, reduciendo al mínimo la presencia del ciudadano en la sala de votación. El mundo ha sido testigo de una maravillosa movilización nacional de los votantes y de diferentes organizaciones y colectivos ciudadanos afroamericanos, latinos, indígenas y muchos más, para evitar el triunfo de una propuesta política que ha causado tanto daño y dolor. Esta movilización de votos para asegurar el triunfo de Biden-Harris es sólo un gesto de confianza de los desposeídos que tomaron las calles hace algunos meses para protestar furiosamente contra la crueldad policial. Se debe notar que las clases populares han disminuido constantemente sus ingresos en los últimos cuarenta años mientras que las distintas corporaciones — con la complicidad de las élites políticas de ambos partidos — se han enriquecido como nunca en este mismo periodo de tiempo. 

 

Vale la pena añadir que el ala izquierda del partido demócrata representada en figuras como Elizabeth Warren, Bernie Sanders, the Squad — las representantes Alexandria Ocasio-Cortez de New York, Ilhan Omar de Minnesota, Ayanna Pressley de Massachusetts y Rashida Tlaib de Michigan — y su masa electoral han sido cruciales para la victoria de la fórmula Biden-Harris. El binomio Biden-Harris, sin embargo, a la luz de los cargos designados para su gabinete inaugural, a partir de enero de 2021, parece seguir ignorando a ese caudal de votantes.

 

Soluciones para la población hispana de los Estados Unidos: por una política de fronteras digna

 

Un mensaje claro de la nueva administración Biden-Harris para la población hispana sería la necesaria reforma migratoria que millones de indocumentados están esperando. A esto se debería sumar, la solución definitiva para los Dreamers que están en constante estado de limbo e incertidumbre por la misma debilidad del programa DACA, el mismo que impide, por su propia naturaleza, un claro camino hacia la ciudadanía y a la total legalización de los familiares de los participantes. Además, se debe concretar una inversión económica considerable en la clase trabajadora hispana reflejada en ayudas federales, mejoras en los salarios, la educación y los servicios de salud. Para esto es crucial elevar los impuestos a la riqueza de las grandes corporaciones.

 

Por último, la nueva administración Biden-Harris debe eliminar de inmediato los centros de detención de inmigrantes y niños indocumentados. Se debe privilegiar un trato humanitario con estos seres humanos injustamente detenidos. Se debe activar un trabajo conjunto entre organismos estatales y federales con la debida representación de la sociedad civil en su conjunto. Se trata de crear mecanismos reales de cooperación con la participación de organizaciones locales y especialistas de las universidades que en sus diferentes disciplinas académicas cuestionan las injustas condiciones de detención de miles de migrantes.

 

Black Lives Matter

 

La brutalidad policial es pan de todos los días en este país. La policía sirve a los intereses del poder y desprotege a las víctimas de este mismo poder como es el grueso de la población afroamericana. Sus votos han ido hacia la fórmula Biden-Harris porque son una población humillada por siglos y demandan justicia, mejores condiciones estructurales para desarrollar una vida digna y buscan una reforma nacional de la policía que incluya su completa desmilitarización, la misma que empezó cuando Joe Biden era el vicepresidente de Obama. Es necesario un cambio real en los aparatos represivos del Estado, buscando su transformación en aparatos de cooperación, conservando la vida y la salud de todos los ciudadanos de este país. Se debe considerar con seriedad el desfinanciamiento (defunding) de la policía a nivel nacional. 

 

No hay más tiempo que perder

 

La población que votó por la formula presidencial Biden-Harris requiere con urgencia que el gobierno federal destine sus recursos, fruto de la recaudación de impuestos, en ellos, en sus familias, creando fuentes de trabajo sustentables, asegurando un sistema de salud digno para el que tiene cómo pagarlo y para el que no tiene, invirtiendo en la educación de niños y jóvenes de color, dándoles acceso a las herramientas con las que podrán forjar un destino de prosperidad y paz. Este es el momento indicado para dejar de lado sueños imperiales frente a poderes globales o regionales como Rusia, China, Turquía o Irán. Se necesita, se requiere con urgencia que el nuevo gobierno de los Estados Unidos destine la mayor parte de sus recursos económicos en el desarrollo y la prosperidad de cientos de millones de estadounidenses. El mensaje es claro: es ahora o nunca. 

 

Las calles volverán a arder en muchas ciudades de la Unión americana, si el gobierno no responde a las necesidades urgentes del pueblo estadounidense, las mismas que he tratado de sintetizar en estos párrafos. El voto del pueblo no es un cheque en blanco para una élite política que se siente más cómoda y segura beneficiando exclusivamente a las corporaciones de este país. 

 

 

 


Enrique Bernales Albites se desempeña actualmente como Associate Professor of Spanish en University of Northern Colorado. Es autor de Inmanencia (1998, 2020), Inmanencia: regreso a Ourobórea (1999), 21 poemas: Cerridwen (2004), Regreso a Big Sur (2019), Séptimo poema (2020), la novela Los territorios ocupados (2008), la antología de poesía peruana de los noventa, Los relojes se han roto (Ediciones Arlequín, Guadalajara, 2005) y Convivium: Interfaz de Sanacion Poética (2020) coactivado con Florentino Díaz. Mantiene una página cultural en la revista ViceVersa de New York con entregas semanales.

 


Fotografía destacada: Blink O’fanaye