Yoandy Cabrera

Pulsión y elegancia en el Amazonas

20 noviembre, 2021

El sábado 13 de noviembre de 2021 tuvo lugar la premier de la ópera Florencia en el Amazonas (1996) del compositor mexicano Daniel Catán (1949-2011) en la Lyric Opera of Chicago. La obra tuvo su estreno mundial en Houston el 25 de octubre de 1996 a cargo de Francesca Zambello, la misma directora que, veinticinco años después, la trae al escenario de la Opera en Chicago. La pieza tiene también la importancia de haber sido la primera de su género en lengua española en ser encargada por grandes compañías estadounidenses. Esta es, además, la primera pieza en español que presenta la Lyric Opera como parte de su temporada principal, y es una de las que ha tenido la trascendencia de retomar las puestas operísticas luego del cierre del mundo a causa de la pandemia de Coronavirus. La obra cuenta con dos actos y consta de una duración de aproximadamente dos horas. 

Con un argumento lineal y simple en esencia, esta ópera se enfoca en tres parejas de enamorados. De ellas, dos comparten espacio en un barco llamado El Dorado, el cual los lleva desde Leticia en Colombia hacia el teatro de la ópera en Manaus (Brasil) a través del Amazonas. Mientras la pareja de los jóvenes Rosalba y Arcadio y de los no tan jóvenes Paula y Álvaro representan respectivamente un amor que nace y otro que lidia con los desencuentros e incomprensiones de años, por su parte, la cantante Florencia Grimaldi (interpretada por la reconocida soprano boricua Ana María Martínez), una diva que procura huir de la fama y la publicidad, viaja sola y va de incógnito, pensando en un amor del pasado. Ella y ese amante del que perdió la pista hace mucho tiempo forman la tercera pareja de la obra. 

Luego de años de disfrutar del reconocimiento y la fama por muchos países, Florencia regresa a su América natal con la excusa de presentarse ante el público, aunque la razón de su vuelta es más íntima y personal. Sin embargo, en el trayecto se entera por el capitán del barco (interpretado por el bajo americano Raymond Aceto) que su antiguo amor, al que renunció por llevar adelante su carrera artística, desapareció hace años por el Amazonas mientras buscaba una mariposa conocida como Musa Esmeralda. Poco a poco, y a pesar de la inicial sensación de pérdida, Grimaldi padece y abraza a la vez el misterio, otras formas de la presencia, es decir, de la energía del amado repartida en el aire. Luego de estar ausente de su natal América del Sur por veinte años, la artista regresa con la esperanza de reencontrarse con Cristóbal, el cazador de mariposas al que amó y no ha podido olvidar a pesar del paso del tiempo.    

La puesta consigue fusionar pulsión y elegancia, realismo mágico y humorismo, futilidad y misterio, así como melodías tradicionales y ritmos afroamericanos populares. Hay también un trabajo exquisito en la sutileza de ciertos ademanes dentro de la caracterización de Florencia, tanto en el momento en que, al inicio de la pieza, llega tarde para abordar, como cuando, al final de la puesta, su energía, convicción y el cuerpo todo con las manos extendidas no dejan duda de su metamorfosis en mariposa, de su entrega al organismo vivo y múltiple del Amazonas. Dicha transformación de cierre es su modo de reencontrarse, de forma mística, con el amado. 

Al transformarse en mariposa, Florencia es una especie de versión femenina y romántica del Mackandal carpenteriano, ahora en el Amazonas y no en Haití. Ambos, Mackandal en Carpentier y Florencia en la pieza de Catán, se fusionan con el paisaje, se vuelven naturaleza dentro de su espesura y diversidad. Si bien es cierto que el ambiente y la historia de esta obra recrean el estilo de Gabriel García Márquez (como nos recuerda Andrea Puente Catán en el programa de mano), el libreto, escrito por Marcela Fuentes-Berain, también tiene mucho de la cosmovisión femenina y mágica de Isabel Allende y de lo que Alejo Carpentier llamó lo “real-maravilloso” que habita “en el reino de este mundo”. Esta obra es, precisamente, un canto al misterio de la vida y una constatación de qué es lo más importante para un ser humano en su realización personal. Florencia, que viene de vuelta de la fama y el triunfo, parece decirnos que lo más trascendente es el Eros, un deseo que no se limita a un cuerpo, sino que es energía y pulsión moviéndose continuamente. Es el daimon multiplicado en la naturaleza.

El realismo mágico, encarnado esencialmente en los bailarines que se mueven como criaturas míticas por entre las aguas del ancho río, también va a bordo del barco en la figura de Riolobo, personaje místico que puede asumir múltiples formas y es a la vez uno de los ayudantes en la embarcación.

Riolobo (encarnado por el barítono Ethan Vincent) tiene la difícil tarea de comenzar y terminar el primer acto. Lo inicia con carisma y afabilidad, y lo termina transformado en el espíritu de un río, moviéndose por los aires y rogando a los dioses que no destruya El Dorado. Por otra parte, los personajes se muestran atentos y capaces de ver a las figuras mitológicas que encarnan los bailarines en medio de las aguas. La interacción entre esas criaturas y los humanos que van en el barco es parte de la gracia y la belleza de la obra y de esta puesta en específico. Esa interacción sostenida durante toda la puesta entre lo mítico y lo humano es uno de los elementos en que el realismo mágico se revela lúdico, espontáneo, cotidiano y totalmente acomodado ya en la trama y los acontecimientos. Riolobo es, además, una especie de intermediario entre el mundo misterioso del río y la realidad del barco. 

El compositor, la libretista y esta reciente puesta de la Lyric Opera consiguen atrapar y mezclar la esencia de lo ordinario y lo trascendental. En el caso del compositor, esto se constata en la música que fusiona lirismo, estilos varios, divertimento, picardía y suspenso. Va de las melodías tradicionales del género a sonoridades más rompedoras que recuerdan a Stravinski y a ritmos afrobrasileños. La libretista procura inyectar, en medio de situaciones comunes y anodinas, un misterio, un sentido de lo mítico y lo trascendental desconocido que acecha al barco, lo custodia y lo va rodeando hasta terminar poseyéndolo completamente. Todo ello se ve reforzado en la puesta de la directora estadounidense Francesca Zambello para la Lyric Opera a través del diseño de luces (a cargo del reconocido Mark McCullough), de la viveza plástica y en continuo movimiento de la escenografía (a cargo del inglés Peter J. Davison), de la funcionalidad y movilidad del barco en escena y del modo en que se logra fusionar impulso y delicadeza, realidad y mito, muerte y deseo en el empaste de los elementos técnicos con el sentido de la pieza.

El diseño de luces de esta obra, el uso de un segundo telón con un paisaje natural animado, las escenas de la tempestad, así como el juego con los colores, el humo, el cielo y las nubes que compiten con la paleta de la naturaleza en los amaneceres, atardeceres y tormentas: todo ello merece una mención aparte. Verdes, naranjas, azules se entremezclan en una coreografía que se funde con la danza de los bailarines y con los acontecimientos del barco.

La Florencia de la soprano Ana María Martínez es la exquisitez misma en escena. Su voz y actuación fundidas reflejan el amor pasional, pero siempre con elegancia, sin dejar por un segundo de ser armoniosa y sutil, lo cual es todo un desafío. La soprano nicaragüense-americana Gabriella Reyes interpretando a Rosalba y el tenor mexicano Mario Rojas en el papel de Arcadio reflejan la inocencia, las dudas, el primer amor, la incertidumbre del futuro de una forma elegante y juvenil. La mezzosoprano americana Deborah Nansteel en su interpretación de Paula y el barítono americano Levi Hernández en el papel de Álvaro consiguen agregar un poco de humor a la puesta, sin que ello impida que Paula luego refleje el dolor de la aparente pérdida de su esposo, con el que se la pasaba discutiendo. Es así cómo esta obra llama la atención también sobre el tiempo que pasamos con las personas cercanas, y el modo en que perdemos a veces la oportunidad de mostrar afecto cuando estamos todavía a tiempo.   

Esta ópera es lo que sucede en un barco que va camino a una ciudad donde se presentará una ópera. La ópera es lo que ocurre mientras se va camino al teatro. Es el viaje hacia la pandemia y la huida de ella también. El concierto de Grimaldi para reabrir el teatro de Manaus nunca se llega a realizar por causa de las muertes por cólera en esa misma ciudad. El mundo artístico, de reafirmación personal se funde en este viaje con el espacio abierto de la selva. La diva que todos esperaban en Manaus termina metamorfoseada por entre la tupida jungla americana. Florencia transita de los “mitos” y mentiras que de ella se contaban por la falta de información sobre su persona a otro tipo de mitología oculta, palpitante, en la que habita el amado. Pasado el tiempo, Florencia consigue convertirse en el mito que la esperaba en la sombra del Amazonas y se pierde, como una Musa Esmeralda imposible, por entre la jungla del misterio.  

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¡No se pierdan de Florencia en el Amazonas!


Yoandy Cabrera Ortega, Ph.D. es Assistant Professor of Spanish and Classics, Department of Languages, Philosophy, Religion, and Cultures de Rockford University y editor principal de Deinós