Maria Ximena

Maria Ximena

La América Latina que despierta: Los casos de Chile y Colombia

17 febrero, 2020

Dos extensas e importantes protestas protagonizaron la escena política Suramericana en el 2019. El 4 de octubre del pasado año, en Chile, el gobierno de Sebastián Piñera anunció el alza en el pasaje del metro. De inmediato, los movimientos estudiantiles -a quienes no les afectaba el alza- declararon su protesta en la capital chilena y convocaron a la ciudadanía a no pagar, algunos adoptaron la consigna: “¡Evadir, no pagar, otro modo de luchar!”.

A los estudiantes se unieron otros grupos radicales y la bola fue creciendo hasta que el gobierno chileno decretó Estado de emergencia, sin que esto impidiera que siguieran las protestas en la calle.

Más al norte, en Colombia, el jueves 21 de noviembre, las centrales obreras y movimientos sindicales llamaron a una protesta masiva que duró más de un mes, y a la que se unieron otros grupos inconformes con las medidas adoptadas por el gobierno de Iván Duque desde su posesión en 2018 como los estudiantes.

Ambos presidentes, Sebastián Piñera e Iván Duque tienen una cosa en común: el grado de desaprobación más alto en la historia de ambos países, según recientes encuestas publicadas por Invamer. Piñera llegó a un pico histórico; tan solo el 10% de la población aprueba su gestión y un 82% de los encuestados reprueba su gestión. Por su parte, tan solo el 24% de los colombianos encuestados aprueban la gestión de Iván Duque y un 70% la desaprueba.

Se ha especulado mucho sobre los resultados de estas encuestas. En el caso de Duque, se arguye que su mala gestión se debe a su falta de experiencia. Esto puede ser parcialmente cierto. Sin embargo, Piñera, su homólogo chileno con quien comparte esta mala racha, es un hombre con una trayectoria política conocida y extensa. Y con suficiente experiencia. Entonces, ¿qué está detrás de este sinsabor, de este fracaso, de esta imparable necesidad de protestar en América Latina?
La gente que está en las calles protestando, protesta por muchas causas. Cada grupo enarbola unas banderas distintas, ninguna en oposición a la otra. Las manifestaciones son simplemente el síntoma de una sociedad inconforme, que despierta, que finalmente encuentra la razón civil y los argumentos ciudadanos para reclamar sus derechos fundamentales.

En Colombia, Dilan Cruz, un joven de 18 años que se sumó a la protesta pacífica, fue asesinado por agentes del ESMAD. Dilan sentía que al protestar aportaría en algo a la voz de los estudiantes que crece cada vez más y que está tratando de defender el derecho fundamental a la educación, casi inexistente en Colombia. Los jóvenes como Dilan, solamente marchan para pedirle al Estado que les eche una mano y puedan sacar un crédito estudiantil y acceder a la educación; único camino que tienen para salir de la pobreza absoluta, de la violencia, de la vida indigna.

 

 

Manifestaciones en Colombia Fotos por: Niko Auer

 

Los estudiantes Chilenos solamente protestaban en solidaridad con sus padres, la clase media chilena que creció luego de la dictadura, motivada con la promesa neoliberal de que el libre mercado, los impuestos bajos a las grandes multinacionales, los bajos salarios para la clase trabajadora y los recortes a los programas sociales en virtud de la “industrialización” serían la materia prima para el progreso.

Pero este buque neoliberal se hunde cada vez más. El índice de Gini que mide la diferencia de ingresos y evidencia la desigualdad muestra que Chile y Colombia son los países con las mayores tasas de desigualdad en América Latina.
Esta ciudadanía que despierta en América Latina, enarbolando la bandera que sea, es la respuesta a un modelo económico que no tiene futuro, que es cruel y ha relegado a la pobreza extrema y a la esclavitud a una clase media (ya no emergente) y a una clase baja sumida en la falta de oportunidades y olvidada por el estado.

Ya lo dijo recientemente Thomas Piketty en su libro Capitalismo en el siglo XXI aclamado, por la crítica y elogiado por Paul Krugman y Joseph Stiglitz, economistas otorgados premios nobel: el crecimiento de la desigualdad es inherente al capitalismo porque la tasa de retorno o rendimiento del capital es superior a la tasa de crecimiento económico.
El ser humano protesta cuando ya no encuentra más caminos, cuando es inevitable y tiene que salir a hacerse escuchar, porque vive en condiciones sumamente injustas, porque no tiene con qué comer, porque no tiene dónde dormir y, en casos extremos, porque ni siquiera tiene garantías de poder seguir viviendo al día siguiente.

La clase media que emergió hace veinte años con el triunfo de las democracias sobre las dictaduras en América Latina, que tuvo la oportunidad de salir de la pobreza y educarse, esa clase media, hoy, con todo conocimiento de causa y con el criterio que le da vivir en carne propia los experimentos fallidos de una clase dirigente atornillada en el poder, clasista, racista, arrodillada a los Estados Unidos y a sus políticas neoliberales y sin ningún criterio nacional para defender el territorio o la nación; sale a marchar por su dignidad y por la dignidad de las generaciones venideras.

En hora buena despierta. Que no pare la marcha pacífica y sólida, rica en contenido y pobre en violencia. Que se siga propagando el clamor, porque como reza Pepe Mujica en el reciente documental de su vida dirigido y producido por el cineasta serbio Emir Kusturica: en América Latina no hay respuestas, sólo búsquedas. ¡Sigamos en la búsqueda, ahora es cuando es!

 

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María Ximena es periodista y columnista nacida en Bogotá, Colombia. Escribió dos telenovelas y ahora trabaja como periodista freelance. Escribió una columna semanal para la revista Cartel Urbano de la cual fue colaboradora también. Ha escrito artículos para distintos medios colombianos como El Espectador, El Tiempo y revista SOHO. Actualmente vive en Chicago.