Joel Rondon

Hijas de la diáspora: Potencia femenina en SXSW 2019

5 julio, 2019

Por veintiséis años consecutivos, la ciudad de Austin, Texas ha recibido cientos de miles de melómanos (161,000 el año pasado) que invaden hasta la última esquina de la ciudad para vivir seis días sin parar de actuaciones de música de todo género concebible. De sus comienzos como festival de rock indie anglosajón, el festival ha extendido su marca y hoy ofrece la gama más amplia de música indepen- diente internacional.

Este año, entre tanta abundancia musical, y en esta era del #metoo, celebramos a las mujeres musicales y activistas que valientemente han avanzando su arte contra viento y marea, ofreciendo una muestra de cinco de ellas— hijas de la diáspora— que nos hicieron vivir momentos etéreos, deliciosos, vitales, feroces y potentes en el SXSW del 2019.

Por tercer año desde la apertura política con Cuba, tenemos el gusto de darle la bienvenida a artistas cubanos a SXSW. Desde La Habana, Eme Alfonso, criada en una familia musical legendaria, cuyos padres fueron cofundadores de la famosa banda Síntesis y cuyo hermano,   Equis Alfonso, también tiene gran renombre en el campo musical, nos brindó una dulce y muy fresca fusión de baladas de jazz pop cubano, además de mostrar gran carisma en el escenario y poder comentar con elocuencia la importancia de la santería, el idioma yoruba y la filosofía espiritual cubana en su música.

Radicada hoy día en Nueva York, la ghanesa Jojo Abot tiene tra- yectoria no solamente en el campo de la música, sino como cineasta, fotógrafa, escritora y arte de performance. A través de su música  maneja temas relativos a la expresión de una identidad y espiritualidad que existe más allá de los límites impuestos por la sociedad en cuanto a raza, clase y orientación espiritual, manejándolos dentro de la expre- sión musical de una espiritualidad afrofuturista. Sus actuaciones son misteriosas y cautivantes y transportan al espectador mucho más allá    de un momento de entretenimiento musical.

Dentro de esta misma vena afrofuturista, la joven DJ y productora Spacewalker, de Oakland, California, mezcló ritos y danza con hip hop y letanías musicales en lo que denominó una ceremonia de hip hop interestelar impulsada por el pedal de loop. Es un talento joven el de Spacewalker, todavía sin exceso de pulimento pero poco a poco logró que un público en sus inicios indiferente fuera completamente encan- tado por la dulce sinceridad en la que ofreció un arte diseñado para elevar el espíritu. Cabe también notar que Spacewalker se presentó en una noche gratis en dos escenarios titulada “Global Local” programa- da por el Sol Collective de Sacramento, California, centro sin fines de lucro dedicado al arte, cultura y activismo en Sacramento, California fundado hace 14 años por Estella Sánchez.

De Brasil, la serena y bella afrobrasileña Luedji Luna nos ofreció una aterciopelada voz, fuerte, pero a la vez delicada y fluida. Nacida en el quilombo de Cabula (similar a los palenques colombianos en y otros espacios creados en libertad por personas esclavizadas que escaparon) en Salvador, Brasil, Luna entona dulces himnos impregnados de R&B  y jazz acompañados de los beats electrónicos de su paisano DJ Nyack que celebran los enlaces entre su país y África, y responden a la margi- nalización de mujeres y afrobrasileños. Luna es también cofundadora de Palavra Preta, serie de actuaciones y exposiciones anuales que reúne compositores y poetas afrodescendientes de todo el país.

Como siempre, no faltó en SXSW el descubrimiento tan inespera- do cuál magnífico. En búsqueda de un espacio donde pasar un rato, entré espontáneamente y sin plan previo a un espacio para ver qué sonaba allí por mera curiosidad. Me encontré con un pequeño pero completamente ensimismado público rodeando una dominico-mexico americana de escasos 18 años de Nueva Jersey, la cantautora Ambar Lucid, dotada de una maravillosa voz y una presencia fascinante, a pesar de parecer tímida en el escenario. Lucid abandonó sus estudios secundarios en el último año para dedicarse a la música, y se enseñó a sí misma a tocar el piano, la guitarra y el ukelele.

Cantando en un spanglish impecable, Lucid nos comprobó el porqué de la fuerza de la música: sin tener que aferrarnos a la comprensión de cada una de las palabras de una canción, el sentimiento que cristaliza el artista lo re- conoce fácilmente el corazón. Y en ese momento, se cumplió también  la promesa del SXSW: el momento de serendipia musical, en el que sin querer, queriendo, el oído y el alma se unen en el gozo de una perfecta satisfacción. ¡Nos vemos en SXSW 2020!

 

 

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