Joel Rondon

Exstática

5 julio, 2019

La palabra en español “estática” suena como y se parece, de manera engañosa, a la palabra en inglés “ecstatic”, y  a su traducción al español, “extático”.

Admitir esto es reconocer que no hablo español de manera fluida, pero esta malinterpretación me inspira a emitir una correspondencia y a cuestionar lo siguiente: ¿De qué manera estas palabras, que hacen alusión a la tecnología, a la percepción sensorial y la apoteosis, convergen para encontrar algo de actualidad, ciertamente urgente sobre la cualidad humana?

Hoy en día vivimos sacudidos por ondas electromagnéticas que llevan consigo canti- dades inconcebibles de información a través del aire. Nuestras vidas se conducen a través de una tormenta de estática. La mayoría de  este ruido nos es invisible, pero ocasional- mente encontramos un  instrumento  tan ubicuo que se convierte en un elemento sensorial sustituto, permitiendo que lo que es invisible se convierta en descifrable. Cuando esto sucede, se genera una especie de éxtasis público, donde los individuos se pueden ver en relación a otros en el mismo medio ambiente, es decir, como parte de un cuerpo metafísico.

Durante casi un siglo el aparato unificador fue la televisión. No por lo que transmitía, sino porque fungía como la herramienta impro- bable para visualizar las energías dinámicas que constituyen el cosmos. En este contexto la estática televisiva se ha convertido en una imagen compartida importante, ilustrando para muchos alrededor del mundo lo que hay más allá de la percepción humana.

Definida como “inamovible, predecible y estable”, estática viene de la palabra griega statikos, que connota no solamente una consistencia, sino también una locación (compartiendo la raíz con palabras como “pa- rado” y “estado”). Éxtasis, en contraste, es un estado mental en donde una persona sale de   sí misma para experimentar algo más allá de su propio ego, algo fuera de órbita. Etimológicamente la estática parece ser lo opuesto al éxtasis, pero la relación entre ambas palabras da indicios de una verdad cosmológica más profunda. Científicos han utilizado la presen- cia de la estática (la radiación de microondas de fondo resulta en la presencia constante de ruido a través del cosmos) para medir la edad y el origen del cosmos permitiendo la comprobación de la teoría del Big Bang. ¿Si esta estática tiene la respuesta de nuestro ori- gen, es injustificado cuestionar si representa también una fuente de consciencia?

 

 

La estática es comúnmente  entendida como una disonancia electrónica, como el siseo de una señal pobre de radio o la inter- ferencia visual de transmisión televisiva. Y a pesar de habernos movido hacia la era digital, la estática continua siendo un coloquialismo familiar, describiendo un fenómeno que cual- quiera comprende y visualiza. Aunque ya no sea descriptiva de la tecnología actual, la ex- periencia compartida de la estática televisiva  le habla directamente al hecho de la experien- cia humana, y lo que significa ser humano.

Enmarca, por virtud de su ubicuidad, ruido de todos tipos, marcando el millón de elementos que nos rodean, que están fuera de nuestros cuerpos, que nos excitan y nos deprimen. La estática nos une a lo que hay afuera, y por consiguiente a lo extático.

En su punto inicial, la estática describe fundamentalmente una desviación fenome- nológica predecible, la llamada “proporción señal-ruido”. Esta es la razón por la que usamos la palabra estática para describir algo que se encuentra en constante cambio, es la manera en que la estática es ilustrativa, la ruptura medible de la norma.

Esto es algo evidente al observar una transmisión codificada, pero que también puede observarse en otros ejemplos donde hay flujos energéticos, como una  corriente de aire, o incluso en relaciones personales. Mientras son de calidad común y predecible, estos cambios de estatus sin embargo evocan aberración y fuerzas dinámicas inherentes en la transmisión, cognición, comunicación y respuesta. En pocas palabras, la estática es un indicador poderoso de  la  interconectividad de las cosas y de cómo incluso la producción más modesta tiene impacto en sus entidades próximas.

Esta correlación de causa y efecto, especí- ficamente la manera en la que diferentes cul- turas reaccionan ante la disonancia, es donde la estática balancea sus atributos formales y políticos, y por eso siento que se mantiene como un fenómeno tan evocativo.

La estática revela no solamente la disrup- ción de una cosa, sino la incursión de otra. La imagen televisiva corrompida nos confronta  de manera discordante con una manifesta- ción vívida de división, de encontrarnos fuera de lo que percibíamos como lo real, la trans- misión distorsionada y sus diversas variacio- nes estéticas son ya sinónimos de algo como  el éxtasis post-moderno (quizás el leitmotif mismo de la postmodernidad).

Esto es prevalente en el arte contemporá- neo, donde la abstracción y la corrupción de temas y motivos visuales (apropiados, clona- dos, cortados) son ya idiomáticos. No importa que sea una estrella pop o el presidente  mismo, la interferencia electromagnética puede replantear como nos percibimos, ex- presando una separación radical del cuerpo. Este fracaso es la base de lo extático y tiene una correlación directa con otros precursores de la estática.

Por ejemplo, la locación de una televisión y el requisito de una antena hecha  en casa corresponde no solo a la calidad de la señal, sino que se convierte en un indicador fiable de geografía y clase social. Más está- tica, y por consiguiente más proximidad a lo extático, ocurren en regiones marginales e intercaladas, zonas fronterizas y lugares no poblados. Como canciones  folclóricas, la estática es una forma familiar que encarna en una ecología nativa. De esta manera,   la estática, en todas sus formas, representa una conmovedora metáfora, referenciando y enmarcando la manera floja e impredecible en que los elementos de un medio ambiente se organizan y se manifiestan como cultura. Las distorsiones abstractas y el zumbido atonal de la estática sigue siendo una de las evocaciones diarias más poderosas de cómo la disonancia da forma no solamente a los valores sociales, sino también, discutiblemente, a la relación con nuestro propio cuerpo y consciencia.

Es por esto que el apagón analógico y el cambio a la transmisión  digital,  ocurriendo en todo el mundo y actualmente en la Ciudad de México, es un momento agridulce que alberga un presagio más oscuro. Sí, la transmisión digital mejorará la calidad pictórica de millones de personas, pero no podrá fungir como una calibración improvisada de nuestro medio ambiente, ni podrá revelar nuestro origen cósmico. La transmisión digital no es un medio promiscuo, no se mezcla libremen- te con otros bits atmosféricos para darnos la oportunidad de experimentar una comunión con un cuerpo y sistema mayor a nosotros. Lo digital reduce nuestro alcance, convirtiéndose en una barrera tecnológica que bloquea las in- fluencias contaminadas que son el prerequi- sito del éxtasis y, si mi tesis se mantiene, de la evolución. Las fuerzas que crean la estática no desaparecerán, por supuesto, pero será más difícil recibirlas, y, por lo tanto, será también más difícil descifrarlas…

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