Julio Rangel

Julio Rangel

Consejo editorial

Algunos apuntes en torno a Roma

17 febrero, 2019

¿Cómo escribir sobre Roma sin sumarse a la cacofonía de opiniones? Imposible aislarla del ruido extracinematográfico que ha generado porque en ese ruido, que abarca tanto argumentaciones sólidas como opiniones epidérmicas está el pulso de la cultura actual, la necesidad de debatir asuntos como el racismo, la brecha de clases, el machismo, la represión política y el complejo entrecruzamiento de estos elementos en la vida cotidiana.

“Roma es, simultáneamente, la mejor y la peor película del universo para tuiter” decía en su cuenta el escritor Antonio Ortuño, a propósito de los superlativos arrobados o furiosos que proliferaron por las redes sociales. La trama es a estas alturas conocida y algunos de los puntos de debate también ya muy conocidos: desde la acusación de que promueve una reaccionaria conciliación de clases hasta la ponderación de la película como una crítica a la sociedad clasista mexicana, o que el personaje de Cleo idealiza tanto al mundo indígena como a la situación de la servidumbre en México, o que por el contrario al individualizar al personaje el director hace un homenaje personal a la resiliencia y que constituye de hecho una autocrítica al mundo de clase media en que creció éste. En fin, la proliferación de lecturas ideológicas encontradas fue asombrosa.

En Roma, los dos polos del sistema de castas, patrona y sirvienta son “hermanadas” como víctimas de una sociedad patriarcal (en varios momentos de la película vemos la soledad de los personajes femeninos, el acoso sexual, el deslinde del varón de las responsabilidades familiares) pero esa hermandad se rompe cuando se topan las diferencias de clase: una vuelve a su rol en la servidumbre, la otra a su papel de patrona. En una misma escena se cuenta con admiración y gratitud la hazaña de Cleo al salvar la vida de los niños en el mar y se le ordena que vaya al refrigerador en la planta baja y traiga golosinas.

Veo en Roma ciertos rasgos en común con Y tu mamá también, la anterior película que Cuarón rodó en México. En ambas hay un entramado social y político que aparece como al sesgo, de manera oblicua. Pero si bien en Y tu mamá también los apuntes sobre retenes policiacos y desigualdad social se resisten a ser mero escenario de fondo, nunca colisionan con el mundo despreocupado de los personajes que interpretan Diego Luna y Gael García Bernal, dueto cuyo contrapeso dramático recae en el personaje femenino, interpretado por Maribel Verdú, que encarna la visión adulta y la complejidad emocional. Ya Slavoj Zizek, en su comentario a esta película, vio en esos dos personajes que transitan por la terrible realidad social de su país en una especie de adolescencia permanente y juguetona una alegoría de México en sí mismo.

En Roma, la realidad social y la crispación política de principios de los setenta salta de los márgenes, estalla e invade la burbuja de estabilidad clasemediera de los personajes por medio de una escena magistral que recrea la matanza del Jueves de Corpus, el 10 de junio de 1971. Es esa irrupción de manifestantes y halcones en la mueblería a la que la abuela de la casa y Cleo han ido a comprar la cuna para el bebé de ésta, es esa pistola con que el halcón Fermín les apunta, el punzón que rompe la burbuja: la realidad política ha invadido el reino de la estabilidad pequeñoburguesa como un río incontenible. Esa imagen del halcón que apunta a su expareja con un arma resuena de manera peculiar en un país donde la violencia de género y el feminicidio son pan de cada día.

Me da gusto que, entre otras cosas, la película haya traído a la arena pública en México la discusión sobre la precariedad laboral de las trabajadoras domésticas y el hecho mismo de la existencia de servidumbre en un país de férreo clasismo.

No me da gusto, en cambio, el hecho de que ver la película se haya convertido en una especie de deber nacional y que la suministren en todas partes como medicina, aparte de que si llega a ganar algún Oscar habrá que soportar la previsible oleada de patrioterismo cursilón.

Pero es una película poderosa, construida con la destreza de un narrador maduro, que enlaza lo político y lo poético en un mecanismo dramático de varias capas.

 

 

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Julio Rangel, escritor mexicano miembro del consejo editorial de la revista contratiempo. Su ensayo “Red Line Blues” aparece en Palabras migrantes. 10 Ensayistas mexican@s de Chicago, publicado por El Beisman en 2018.

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