Jorge Mujica

Jorge Mujica

Un decálogo de diez

5 julio, 2019

Cumplió el Peje López Obrador sus primeros 100 días de go- bierno, y aunque eso no significa nada, porque en tres meses poco se puede esperar de un nuevo gobierno, aventó su lista de logros, desde el desmantelamiento del huachicoleo hasta mantener la paridad del peso, los beneficios sociales para niños y personas de tercera edad y demás. Aquellos a los que no les gusta el presidente, de inmediato replicaron con la lista de sus pretendidos errores.

Pero en materia de ciudadanos mexicanos en el exterior, no ha habido ningún logro.

Hubo media revolución en diciembre, cuando en el proyecto de presupuesto de 2019 se bajaron los fondos del famoso Programa 3 x 1, condenándolo prácticamente a la extinción, y las comunidades en Estados Unidos casi obligaron a que el flamante Secretario de Relacio- nes Exteriores, Marcelo Ebrard, dijera que había sido un “error de dedo” y que sería corregido. El presupuesto final reveló una disminución del  8,8 por ciento de presupuesto para Relaciones Exteriores, 818 millones de pesos menos en general, y una reducción específica a la Dirección General de Servicios Consulares del 83 por ciento, de 235 a solamente 42 millones de pesos.

Pero hace unos días López Obrador le dedicó “la mañanera” a los migrantes, exponiendo su “decálogo”, un plan de 10 acciones para hacer   del Gobierno los “defensores más eficaces de los  migrantes”.  Según Ebrard, Relaciones Exteriores dedicará 171 millones 300 dólares en este año para tener más “consulados móviles integrales y enfocados en las comunidades más vulnerables”. De dónde sale esa lana no está claro, si el presupuesto dice que Servicios Consulares solamente  tiene  42  millones, pero en fin.

El decálogo de López Obrador para los ciudadanos mexicanos resi- dentes en el exterior va así:

1- Atención a los mexicanos en el exterior, metiendo en el ajo gobiernos estatales y municipales en México y Estados Unidos.

2- Atención a grupos vulnerables, profesionalizando al personal consular.

3- Ampliar la red de abogados y organizaciones espe- cializadas en la defensa de los derechos de los migrantes.

4- Promoción activa de identidades culturales mexicanas entre las comunidades de primera y subsecuentes generaciones.

5- Ampliación de programas de educación, salud y deporte.

6- Mecanismos financieros para la partici- pación de la comunidad migrante en los grandes proyectos de desarro- llo en México.

7- Consulados móviles enfocados en las comunidades más vulnerables y desplegados en nuevos sitios.

8- Empoderamiento de la comunidad mexicana y mexicoamericana reconociendo y promo- viendo sus contribuciones.

9- Modernizar la normatividad de acciones consulares observando los derechos humanos, como incluir lenguas indígenas y matrimonio igualitario en procedimientos consulares.

10- Consultas a la comunidad para escuchar y conocer sus necesidades y opiniones, comenzando con el Plan Nacional de Desarrollo.

 

 

 

Un decálogo de otros diez

 

Suenan bonitos los diez puntos, pero la cosa es que los ciudadanos mexicanos residentes en el exterior tenemos un decálogo distinto.

Ya no queremos “atención” sino “acciones” concretas. Para empezar, con cambios en una docena de leyes mexicanas que nos afectan, desde   la del voto exterior hasta las de nacionalidad, pasaportes y matrículas.    Sí queremos personal consular profesional, pero sobre todo capacitado    y experto en las leyes gringas que nos dañan, para poder tomar acciones legales eficientes de este lado. “Ampliar la red de abogados” que cobran 15 mil dólares por un caso de inmigración no es mucha ayuda.

Es más barato tener abogados de planta en los Consulados que mandarnos con abogados privados caros. Queremos un Banco del Migrante, creado por el gobierno de México y que “capture” y concentre nuestras remesas  para acabar de una vez por todas con las obligatorias cuotas que tene- mos que pagar a las casas de cambio.

No queremos más consulados mó- viles cuya tarea sea vendernos más documentos, sino recoger denuncias para defendernos de abusos de todo tipo. Está bien que nos hablen en nuestras lenguas indígenas pero igual, que no sea solo para vendernos más trámites caros. Queremos modernización, pero en los criterios de atención. Da igual que le rechacen a uno la Matrícula o el pasaporte en español que en otomí.

Y ya no necesitamos que nos “consulten para escuchar y conocer” nuestras necesidades y opiniones. Llevamos 30 años repitiendo nuestras opiniones, nuestras demandas, nuestras propuestas de leyes; 4 genera- ciones de Consejeros de los Mexicanos en el Exterior del IME que hi- cieron cientos de propuestas y expresaron cientos de opiniones. Nomás tienen que revisar los archivos.

Queremos, en corto, digamos diez iniciativas de ley que cambien de una vez por todas, la relación de México con nosotros. No somos “pai- sanos”, no somos ya “migrantes”. Somos, y queremos no la Cuarta, sin la Primera Transformación para los ciudadanos mexicanos residentes en otros países.

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