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Editor contratiempo

Rosita gets scared

8 agosto, 2018

Enfoque cómico al temor en “Rosita tiene miedo” o un enfoque ilustrado al temor en “Rosita tiene miedo”

Bajo la presidencia de Trump, más de medio millón de jóvenes indocumentados abogan por cambios políticos que los protejan de normas migratorias dictatoriales en los Estados Unidos de hoy. Lucha que se hace más difícil debido a los efectos de las consecuencias mentales y emocionales que ésta conlleva. Puesto que su peso puede derrumbar a un adulto, no llama la atención la gran demanda que ha generado “Rosita tiene miedo”, un cómic franco, en formato de cuaderno de actividades para jóvenes y niños, basado en la realidad.

La historieta, obra de la artista, activista y educadora Vicko Álvarez, explora el tema de la inmigración y su efecto en los jóvenes, más concretamente en aquellos que temen a la amenaza de la deportación.

Álvarez, ilustradora nacida en Texas y residente de Chicago, sintió la necesidad de narrar historias de su niñez, incorporando a la vez las de los chicos con quienes trabaja, en particular los que viven en el sur de la ciudad y crecen en una realidad sobrecogida por la pobreza, la opresión y el abuso.

En el invierno de 2015, esta creativa defensora de la juventud sacó a la luz Scholar Comics. La historia comienza con Scholar R, una jovencita de color de gran fortaleza y empatía. Mediante los globos de diálogo, nos enteramos de que la protagonista es una observadora creativa quien empieza, historia tras historia, a darse cuenta de las injusticias del mundo que la rodea.

 

 

Scholar Comics trata temas complejos y variados, como funciones atribuidas a los géneros, parentificación, penurias financieras y aculturación. Se adentran, además, en el amor adolescente y la inmigración. Profundizando en el tema que actualmente afecta a miles de jóvenes, “Rosita tiene miedo” fue creada como un vehículo para narrar la historia de la protagonista, una jovencita inmigrante de mente inquisitiva que revela su temor de ser deportada. Ofrece consejos relevantes a niños indocumentados y les muestra cómo lidiar con tales temores.

Poco después de su lanzamiento, creció el interés por más material, sobre todo contenido relacionado con inmigración. Aparentemente “Rosita” se ha convertido en una herramienta educativa de doble propósito. Una firma legal la usa como material de lectura para chicos que están pasando por trámites migratorios; en Nueva York se puso en escena como una obra infantil, y fue utilizada incluso por un alumno de Harvard en un ensayo de investigación que describe su uso como método de currículo inclusivo.

Habiéndose presentado en Latina, Telemundo y Newsy, así como en muchos otros medios culturales y noticiosos, Álvarez explica que sus creaciones más recientes tienen una intención más robusta, en particular en lo que respecta a los mensajes y la estructura de los mismos. Ha desarrollado, por ejemplo, guías para que los docentes usen con los planes didácticos.

 

Foto: Silvia Inés González

 

Álvarez no sabe aún qué pasará con la historia de “Rosita”, pero adelanta la incorporación de un nuevo personaje, Masir, un estudiante negro de ascendencia puertorriqueña-palestina en las historias de Scholar Comics. La serie seguirá a un grupo de tres chicos de color, que comparten sus experiencias, entretejidas con las diferencias que los distinguen.

“La razón por la que hago esto es porque siento que la gente joven está homogenizada. En general, nos referimos a ellos simplemente como “niños”. A lo sumo los dividimos en grupos etarios, pero no siempre los clasificamos por clase, raza. ¿En qué difiere el proceso de aprendizaje de un estudiante pobre de uno que creció en la riqueza? “, se pregunta.

Álvarez se autodenomina una “adicta al acontecer político”, y explica que se mantiene al tanto de la situación mediante las redes sociales que incluyen tanto a organizadores y personas que conoció en su trabajo en pro de los derechos de los inmigrantes y como activista en contra de la brutalidad policial. Para ella es importante, además, permanecer en contacto con las comunidades en las que ha trabajado y seguir interactuando con éstas.

En cuanto a redes sociales, Álvarez no tiene reparo en expresar abiertamente sus opiniones y comentarios personales. Ya se trate de una difusión más amplia, o falta de comunicación, todo depende de la interpretación que se le dé, lo que ha brinda cierta libertad de expresión a la que no ha dado la espalda.

 

“Cada vez que digo algo, ni se me ocurre ocultar mi rabia. Me importa muy poco sonar respetable, pero lo que sí intento es no echarle la culpa a nadie ni poner en evidencia a la persona. Ese no es mi método. Pero sí soy muy directa y no me amilano si debo expresar mi enojo, y no tengo ningún problema con esto. Lo que hago es poner de manifiesto mis opiniones”, acota.

Como auxiliar de aula, Álvarez ha trabajado con jóvenes desde que tenía 18 años. No pasó mucho tiempo para darse cuenta de que no se respetaban a los chicos sino más bien se les subestimaban, incluso por parte de sus maestros. De allí surge la necesidad de continuar en laborando en el campo de la educación para traer el cambio.

“Para mí es sumamente gratificante ver cómo dan paso a su curiosidad ante la posibilidad de poder ser un artista. Porque es algo que la gente no te va a decir, ¿verdad? En realidad, no es como la avenida profesional que uno va a seguir”, explica.

Quizás no siempre usen las palabras más acertadas para expresar sus sentimientos, pero la chispa de la esperanza se refleja en los ojos de estos jóvenes cuando leen sobre las mismas batallas que otros padecen como en las historias de “Rosita” y Scholar R, y se dan cuenta de que no están solos y que todo es posible.

Traducción de Luchi Oblitas Feuerstein.

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