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Editor contratiempo

Pintar tiene una razón más grande que el color mismo

6 agosto, 2018

En el corazón de Pilsen, las manos de voluntarios de todas las edades, credos y géneros,
se unieron con un propósito: pintar “Zapatos Rojos”.

“Cuando la libertad llega con las manos llenas de sangre, es difícil darle la mano”
Oscar Wilde.

A partir de la pérdida de su hermana, víctima fatal de un ataque de violencia de género, Elina Chauvet – Chihuahua, 1959. Arquitecta y artista visual – inauguró su instalación “Zapatos rojos” en Ciudad Juárez, México.

¿Qué más haces con tanto dolor almacenado hasta en los huesos? ¿A dónde se transfiere tanta impotencia y necesidad de decir “no más”? Para Elina, la creación, hacerse oír, no sólo en nombre de un ser querido, sino en nombre de todas las mujeres a las que se les extinguieron la voz se convirtió en un propósito. Por ejemplo, la problemática en Ciudad Juárez, como la artista lo ha explicado en diferentes ocasiones, es más grande de lo que se puede entender, y se ha expandido por toda la República Mexicana. No son únicamente los femicidios, son las desapariciones de cientos de mujeres, la cercanía entre las víctimas de trata y los carteles de la droga, y la absurda impunidad de los gobiernos.

Su primera marcha fue silenciosa y con 33 pares de zapatos rojos, los cuales simbolizaban el dolor, la soledad, la ausencia que habían dejado las víctimas de violencia de género y el vacío con el que sus seres queridos tendrían que abrigar por el resto de sus días. Y los “Zapatos Rojos” hicieron tanto ruido que viajaron a Estados Unidos de América, Italia, Gran Bretaña, España, Chile, Ecuador, Argentina y ahora están aquí, de regreso.

Femicidios en cifras



En su reporte anual sobre violencia de género, el Centro de Política de Violencia (VPC, por su sigla en inglés), en EEUU, que publica desde el año 1996 revela que, según datos de 2015, el año más reciente del que se tienen cifras completas, “(…) más de 1.600 mujeres fueron asesinadas el año 2015 por hombres con los que tenían algún tipo de relación…1.686 mujeres murieron…la mayoría de casos abatidas con arma de fuego, en concreto una pistola”.

Si las cifras en nuestro entorno son aterradoras, las que conocemos, la realidad de nuestros países en términos de cifras es para no dejar de gritar en “rojo” #NiUnaMás. Según las entidades oficiales de cada país, las cifras registradas en 2014 fueron: “(…) México, aproximaciones y tendencias 1985-2014…” (47.178), Guatemala (847), Honduras (531), Nicaragua (85), Panamá (29), Paraguay (23 en 2015), (25 en 2016), Perú (90), Puerto Rico (44), República Dominicana (93), Uruguay (24), Venezuela (en 2015, 121 consumados, 132 frustrados), Ecuador (97), Costa Rica (14), Colombia (145), Chile (40), Brasil (en 2015 se reportaron, en promedio, 15 mujeres asesinadas por día), Bolivia (96) y Argentina (225)…”

Me pregunto mientras escribo, ¿Qué más debe pasar para terminar estas masacres? ¿Acaso somos las mujeres quienes desde el seno de la familia creamos y permitimos parte de esta violencia? ¿Cómo detener este círculo vicioso? ¿Qué debemos hacer para que el miedo no paralice a quienes están siendo víctimas de abuso, antes de que sea demasiado tarde?

Pintar zapatos



El pasado 25 de febrero, en el Café la Catrina en el corazón de Pilsen, las manos de voluntarios de todas las edades, credos y géneros, se unieron con el propósito de pintar “Los Zapatos Rojos”. Las fechas de las presentaciones de la instalación de Elina estaban próximas y los 300 pares de zapatos debían estar listos para hablar con contundencia.

Entre los voluntarios, se encontraba la Fundación Latino Youth Empowerment, presidida por Beatriz Cantú. Betty, como es conocida por las jovencitas de la Fundación, al conocer sobre la actividad que se llevaría a cabo ese domingo, no dudó en estar presente en compañía de AnaMar Gómez y Jaylene Ramos. “(…) Para mí tuvo mucho significado participar, pues llevaba a las niñas. AnaMar nos dijo que pintaba los zapatos en nombre de su mamá. Siempre trato de involucrar a las niñas en actividades que hagan la diferencia, pero no me imaginé el alcance que tendría pintar los zapatos rojos. Pude palpar el problema de la violencia, a veces lo tienes al lado y no te das cuenta”, dijo Betty.

Betty fue víctima de violencia doméstica a sus 19 años y por muchos años pensó que esa era la forma como un hombre debía tratar a una mujer. “(…) El abuso psicológico no deja la evidencia de los golpes, pero las cicatrices son muy difíciles de reparar, cuando escuchas una y otra vez que no vales nada, que tu presencia da asco, que eres fea. Pasaron muchos años en restaurar mi autoestima y en aprenderme a querer”.

Siempre he pensado que en el dolor se alberga tanta belleza; debe ser porque a través de él encontramos la valentía, la redención y la necesidad de volcarnos a otros. Ahí encuentro la simbología de “Los zapatos rojos” absolutamente infinita, un medio de comunicación que se conecta entre sí y se une a la comunidad, traspasando cualquier barrera humana: idioma, geografía, raza, credo o posición política. Es un cuestionamiento universal que nos sacude, ¿acaso esa nos es la finalidad del arte?

“(…) Cuando empecé a pintar los zapatos rojos, recordé lo que viví a mis 5 años. Mi padre era alcohólico y golpeaba a mi mamá. Muchas veces nos dejó fuera de la casa y tuvimos que dormir en el auto, no importaba si era invierno. Estar ahí me afectó mucho, entendí que pintar tenía una razón más grande que el color mismo. Ese rojo era la representación de la sangre de todas las mujeres víctimas de la violencia y que ahora no están”, AnaMar Gómez, participante de los programas de la Fundación Latino Youth Empowerment.

Y si solo tuviéramos un par de zapatos rojos…



Conversando con Jaylene Ramos, otra de las niñas de la fundación, quien también estuvo en el Café La Catrina, le pregunté: ¿Y si sólo tuvieras un par de zapatos rojos, un micrófono que le dirías a tu comunidad? “Empezaría explicándoles que significan estos zapatos, porqué el color, dónde nació la idea y cuál fue la razón. Les diría lo importante que es trabajar juntos para decir #NoMás a la violencia de género y mostrar que juntos, como comunidad podemos lograr la atención de las entidades gubernamentales y hacer un mayor impacto”.

La instalación “Los Zapatos Rojos” en el área de Chicago, contó con diferentes actividades del 8 al 10 de marzo en distintas localidades: en DePaul Linconl Park, DePaul Auditorium, La Catrina Café, con la participación de escritoras y poetas del área como Zulema Moret, Silvia Goldman, Vesna Neskow, Rosellen Brown, Oriette D’Angelo, María Luisa Ortega, Elizabeth Narváez Luna, Ada Cheng, Mars Caulton, Elizabeth Marino, Kim Chayeb, Carolina Herrera, Jennifer Patiño Cervantes, Juana Goerge y la presencia especial de Elina Chauvet.

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