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Editor contratiempo

Pesadilla: Miedo y terror

6 agosto, 2018

Mi familia es originaria de Morelia, Michoacán. Tenía 6 años cuando mi mamá decidió venir en busca del Sueño Americano a nuestro destino, Chicago. En ese momento, no teníamos ni idea de qué implicaría mudarnos a Estados Unidos ni cómo cambiaría nuestra vida.

El proceso de llegada



De camino a la frontera, el coyote
le dijo a mi madre que la ruta más segura para mí sería a través de la línea en coche, para no tener que caminar mucho cruzando el campo fronterizo, y luego reunirme con ella del otro lado. En principio dijo que sí, sin vacilación, porque quería que mi experiencia fuera más tranquila.
Sin embargo, mi madre no tenía ni el conocimiento ni la experiencia en el entorno donde nos encontrábamos. Para ella, Estados Unidos era un lugar desconocido. Cuando llegamos a Nogales en México, ella le recalcó al coyote que su principal prioridad era mi seguridad, y en ese momento,se activaron sus instintos maternales, y le quedó una cosa clara: ¡tendríamos que permanecer juntas!
Ella no iba a permitir que nos separaran. Y aunque su decisión era justificada, no sabía lo traumático que sería cruzar la frontera para mí.
La travesía completa a los Estados Unidos está muy presente en mi mente. Fue aterrador. Recuerdo la calidez de la mano de mi madre, que hacía mientras caminábamos; siempre la quería cerca de mí. Cuando me cansaba, un paisano de mi pueblo me cargaba. Caminábamos por unas doce horas, luego el sol comenzaba a ponerse, y me daba pánico no ver a mi madre en la oscuridad cuando me cargaban de noche. Yo lloraba de miedo, incluso cuando me decían que todo estaba bien y que mi madre venía justo detrás de nosotros.
Recuerdo que me cargaron cuando saltamos al otro lado. El coyote gritaba “córranle, córranle y no miren para atrás”, pero mis hermanos y yo no podíamos dejar de hacerlo para ver dónde estaba mi madre. Me asustaba el ladrido de los perros, los gritos del coyote, no ver a mi mamá, y oir a mi hermano de doce años gritando “Córrele, amá”. Recuerdo ver la cara de mi madre en ese momento. Recuerdo el foco iluminando su cara redonda, mientras se acercaba corriendo para sostener mi mano. En ese momento supe que me había salvado.
Las próximas noches, me despertaba llorando de miedo y terror y diciendo “los perros mamá, los perros” y mi mamá me despertaba, me abrazaba y me ponía de nuevo a dormir. Cada noche me despertaba de la pesadilla, y ella me ponía de nuevo a dormir. Sentía sus lágrimas caer sobre mi cara. La pesadilla siempre era la misma: me cargaban mientras todos corrían, el perro ladraba, y no veía a mi mamá. Mi madre no sabía lo traumática que iba a ser esa experiencia para mí. Se sentía culpable por mi trauma. Hasta el día de hoy, le digo a mi madre que ella es mi heroína y que siempre estaré agradecida porque ella tomó la decisión de no separarnos.

El hoy con Trump



Hoy, en esta administración donde las familias indocumentadas son separadas por los agentes de migración, sé que los niños tienen pesadillas sobre el viaje a los Estados Unidos. Sin embargo, la pesadilla no termina al despertar, sino que la sufren diariamente, porque sus madres no pueden calmarlos y dormirlos. Se despiertan a diario sin saber la próxima vez que las verán. Estos niños quieren sentirse seguros y la única manera de hacerlo sería con sus madres a su lado, pero sus madres están a miles de kilómetros de distancia. Los niños ya han sido enviados a centros de acogida por todos los Estados Unidos en Texas, Florida, Michigan, Nueva York, Carolina del Sur y Virginia.
Nuestro Presidente Donald J. Trump aún no resuelve este acto inhumano. La falta de atención de Trump al trauma que esto representa para bebés, niños y niñas, es repugnante. Actualmente, cerca de 2.400 niños menores de 12 años han sido separados de sus madres. La administración, habiendo establecido la política de “cero tolerancia”, ha causado un trauma innecesario para muchos niños. Esta política enjuicia a quienes atraviesan ilegalmente la frontera, y cruzar con un niño, será punible con el enjuiciamiento y la posible separación de su hijo. “Sí, te separaremos de tu niño.”
La pesadilla que me persiguió desde los seis hasta los diez años ha regresado en la forma de centros de detención infantil. ¡Estados Unidos con la administración Trump es una pesadilla viviente! ¡Necesitamos despertar rápidamente de esta pesadilla y trabajar juntos para proteger nuestro futuro, nuestros niños!

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