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Editor contratiempo

Performance, política y protesta (fragmento)

6 agosto, 2018

En términos de comportamiento estructurado, performance conlleva siempre a políticas de índole corpórea. Si usamos el performance a manera de lente analítica para estudiar el comportamiento cotidiano, podremos discernir cómo se producen y cuestionan las distintas nociones de corporeidad: de las prácticas y reglamentaciones que moldean las formaciones raciales a los guiones prescritos que estructuran las performances mundanas de género y sexualidad, y desde los elaborados discursos de los políticos hasta las igualmente elaboradas e impredecibles manifestaciones populares. La relación entre performance y política pone de manifiesto una amplia gama de comportamientos, sujetos y agentes, que abarcan desde cuerpos individuales hasta los cuerpos de la protesta.

Como comenta Diana Taylor en su intervención en Performance, política y protesta, performance es un concepto que abarca tanto los protocolos normativos, así actos de rebeldía. Ambas concepciones de performance pueden darse en un mismo evento: aunque como manifestantes en una gran marcha bien podemos perturbar las estructuras de poder, igualmente podemos respetar las normas de género establecidas dentro del binario masculino-femenino.

El activismo contemporáneo ya sea en sus expresiones “en vivo” así como en la web expone la estrecha relación que existe entre la estética y la política. Aunque a lo largo de la historia hemos visto numerosos ejemplos de usos tácticos del cuerpo en los llamados eventos de desobediencia civil y de denuncia— por ejemplo, la sentadas pacíficas de Gandhi, la negativa de Rosa Parks a obedecer las reglas segregacionistas, y las rondas de la madres de los desaparecidos en Argentina y otros países — las protestas contemporáneas recurren con frecuencia al uso de elementos simbólicos y se valen del cuerpo para transmitir consignas que trascienden las barreras geográficas y lingüísticas. Anclados en la sociedad del espectáculo, los manifestantes utilizan una variedad de estilos comunicativos y técnicas de movilización que incluyen usos estratégicos de acciones corpóreas no lingüísticas a manera de enunciados. Movimientos progresistas y conservadores por igual se apropian de dichas prácticas, tales como los cacerolazos y las consultas, que surgieron en América Latina, en el ámbito local y mundial. En ciertos casos, como en el Movimiento Occupy (los Indignados) o en contextos diaspóricos, al citar una táctica de protesta específica se crea continuidad histórica y afinidad ideológica a través de las fronteras.

 

 

Este “alfabetismo performático” demuestra cómo los activistas contemporáneos aprovechan y amplían repertorios de protestas pasadas. Cada vez con mayor frecuencia presenciamos y participamos en actos de protesta y solidaridad, locales y mundiales, que implican figuraciones visuales, sonoras y conductuales que los manifestantes consideran eficaces para hacer reclamos, recuperar espacios y denunciar condiciones abusivas. Por ejemplo, en el año 2011 en Chile, los estudiantes bailaron “Thriller” de Michael Jackson (hoy un clásico de coreografía de flash mob) para protestar contra los recortes presupuestales en el sistema educativo estatal del gobierno chileno. Los zombis de Jackson constituyeron la clara expresión de los efectos corporales de la postura neoliberal del gobierno hacia la educación: extraer la energía vital de quienes de otra manera serían seres alegres y llenos de vida.

Del mismo modo, en Canadá, los estudiantes emularon la táctica de golpear ollas y sartenes popular en el Chile de los años 70 en rechazo del aumento inminente del costo de matriculación. Tanto los estudiantes chilenos como los canadienses usaron tales acciones coreografiadas como herramientas eficaces para captar la atención nacional e internacional y presionar así al gobierno a tomar decisiones con resultados más favorables. Ambas performances, el flash mob y las protestas con cacerolas son métodos usados para amplificar el alcance y el tono de las protestas locales, que bien podrían de ser replicadas en otras partes del mundo, creando de esta manera redes de empatía y punto nodales dentro de un movimiento social más importante que se opone al neoliberalismo y neoconservadurismo.

Esta emulación de protestas performáticas no se da exclusivamente en sincronía espaciotemporal. Mientras que las mencionadas protestas tuvieron lugar in situ, en espacios públicos en los que se congregan los manifestantes, éstas también “viajaron”, sumándose así simpatizantes de todo el mundo. Además de reenviar información y dar “me gusta” a los videos de las demostraciones de YouTube publicados en Facebook, los activistas y manifestantes replicaron los cacerolazos en internet. Los simpatizantes se conectaron vía Twitter mediante el símbolo # (hashtag) o etiquetas que circulan en otras redes sociales. Ésta fue la versión digital de la protesta callejera simulando los sonidos de las ollas y sartenes. Gracias a estos medios digitales, la protesta generó interés y pudo seguirse al igual que los sonidos emergentes en el espacio público.

 

 

 

Los manifestantes que golpean ollas y sartenes se agrupan en la red y circulan #Cacerolazo o #casserole, y así demuestran cómo se logra hoy la convergencia en diversos espacios y sitios mediante técnicas que incluyen canales digitales y en red. Los cacerolazos virtuales evidencian que la cultura digital es hoy un componente integral de los actos de protesta. Los manifestantes contemporáneos encuentran maneras de lo en vivo y lo diferido, lo en situ y lo mediático al transmitir eventos en tiempo real, compartir documentación de marchas, o portando (durante las protestas físicas) carteles con información sobre redes sociales donde los simpatizantes pueden seguir conectados una vez concluido el evento. El espacio físico y la esfera digital van de la mano y se alimentan mutuamente.

Las protestas contemporáneas que se desarrollan en vario sitios presentan un desafío a los académicos ya que los obliga a reformular sus nociones de lo corporal más allá del cuerpo biológico, al igual que nociones de performance y localización, complicando concepciones anteriores de performance y especificidad de lugar. Las performances en la web amplían las modalidades en que éste se redefine como un acontecimiento corporalizado, en vivo y en situ que critica e interviene el capitalismo digital transnacional.

Las protestas performáticas plantean, además, el tema del valor y la eficacia de los eventos simbólicos corporales, en línea y offline. Estudiosos de distintas disciplinas emplean performance a manera de lente analítica que permite ampliar los parámetros que se utilizan para medir el papel y el impacto de la conducta simbólica en relación con el cambio social. Si tomamos en serio las protestas performáticas, aun cuando sus resultados a largo plazo sean difíciles de discernir de inmediato, nos permite explorar subjetividades políticas contemporáneas (no todas necesariamente progresistas) y los modos en que la relación entre la acción humana y la política se redefinen en contextos poscoloniales, neoliberales y neoconservadores en los que coexisten sistemas históricos y legados de opresión y resistencia.

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