Mauricio Rodriguez Naime

Mauricio Rodriguez Naime

Nuestros niños latinos

6 octubre, 2019

Como latinos nos es especialmente difícil enfrentarnos a este tema por lo mucho que implica tanto en lo personal como en lo social. Requiere sobreponerse a muchas resistencias al escuchar las noticias e imaginar lo que viven nuestros niños y sus familias en los centros de contención de la frontera sur de los Estados Unidos.

Tomemos un momento para reflexionar sobre las consecuencias que tendrá en nuestros niños latinos el haber vivido esta violencia física y psicológica y desde ahí poder hacer planes de acción que minimicen el daño psicológico que tendrán.
Como punto de partida tengamos claro que la psique humana se alimenta del entorno y ambos usan como puente de contacto las relaciones. Desde ahí podemos empezar a imaginar posibles escenarios como consecuencia de que seres en desarrollo estén siendo separados de sus vínculos vitales, de su sentido de seguridad y pertenencia, alimentados por la desigualdad y la ignorancia, provocados por intereses políticos y económicos.

Podemos decir con seguridad que en nuestros niños se están generando marcas de trauma que les afectarán por lo menos a corto y mediano plazo, y deberíamos cuestionarnos como sociedad las consecuencias colectivas al respecto. Enfrentarnos a estos hechos nos obliga a confrontar nuestra propia sensibilidad y participación (aunque sea en omisión) en estos arrebatos contra otro ser, en especial cuando se encuentra en posición vulnerable. Desde una mirada psicológica requerimos observarnos como sujeto, como entorno y como relación.

La historia de trauma generada, interactúa de distinta forma con la estructura psíquica de cada individuo, es decir, todos estamos diseñados con fortalezas y debilidades diferentes y por lo tanto procesamos más o menos fácilmente una misma situación. En este caso significa que algunos de estos niños, a medida que se van desarrollando, serán lo suficientemente resilientes para (con el apoyo adecuado) crear aprendizajes significativos y transformar positivamente la energía producida por el trauma; estos niños tendrán posiblemente el apoyo de líderes comunitarios que ayudan a familias migrantes desde sus distintos campos de especialidad.

Muchos otros de estos niños carecerán de los recursos o capacidad para transformarlo. No contarán con la capacidad psico-emocional o con el apoyo suficiente del entorno para asimilar las experiencias de trauma, lo que usualmente produce una serie de complicaciones, seguidas de traumas adicionales y el desarrollo de mayores necesidades de servicios. Reportes médicos aseguran que los padecimientos mentales son los responsables de algunas de las discapacidades más graves y por lo tanto influyen drásticamente en los estándares de salud pública (a menor salud, menor calidad de vida). Recordemos la definición de salud dada por la OMS desde 1946 “La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”. Lo que significa que un individuo con dificultades de asimilar dicho trauma puede generar resentimiento y cuando estos no son tratados adecuadamente son fácilmente expresados con violencia. Entre mayor violencia se experimenta en la sociedad, más traumas se generan en otros individuos, y el sistema de seguridad se sobrecarga porque se incrementa la demanda servicios de salud mental, física y por lo tanto de recursos humanos y materiales, lo cual también incrementa el gasto público y el costo de vida de toda la sociedad.

Otro dato importante a considerar es que la mayoría de los padecimientos psicológicos se desarrollan antes de cumplir la mayoría de edad, entonces estamos hablando de que la población más afectada en los centros de concentración también es la población más vulnerable en cuanto a salud mental se refiere y hoy en día los sistemas de salud pública no están preparados para atender las necesidades que se están gestando en estos centros de contención. Las instituciones no tienen el alcance para brindar servicios suficientes para evaluar, contener y tratar a estos niños que están siendo afectados en la frontera y aun no existe un plan de contingencia para reaccionar a la ola de necesidades que se aproxima.
Preguntémonos entonces cómo podemos amortiguar el daño desde lo colectivo, lo comunitario, lo social, nosotros como individuos. Al inicio mencionábamos que la psique humana se alimenta del entorno, al cual se accesa por medio de las relaciones, esas relaciones que cuidan, comparten y nutren. Si bien cada uno de estos niños es y será distinto, podemos considerar ciertos elementos comunes para apoyar a su recuperación psicológica.

Nuestros niños y sus familias necesitan que les hagamos saber que un mejor futuro aún es posible, que hay caminos y que seguimos trabajando en ellos. Sigamos generando y comunicando esperanza pues es ella el punto de partida.
Mantengamos en mente que la recuperación no sigue orden ni estructuras previstas, se da un día a la vez y requiere ser ecuánimes para reconocer los progresos y sostenerlos cuando parezca que no los hay. Es importante que resaltemos sus fortalezas individuales y colectivas como comunidad, porque cuando somos capaces de resaltar las fortalezas estamos cultivando estrategias para el futuro. Una forma de hacerlo es compartiendo las experiencias, manteniendo las conversaciones sobre el tema para no permitir que se estanque en el tabú, porque si somos capaces de hablar de ello, somos capaces de actuar al respecto. Empeñémonos en generar historias que nutran positivamente el discurso colectivo, de esta manera alimentamos la resiliencia.

Desde un enfoque centrado en la persona seamos respetuosos de sus propios procesos poniendo a su disposición nuestros recursos psico-sociales, no explicándoles su experiencia, sino empoderándolos para que generen sus propios significados que construyan su realidad.

Seamos conscientes entonces que a partir de ahora somos co-responsables de las consecuencias para nuestros niños, que si bien es una tragedia lo que está sucediendo también somos capaces de reaccionar al respecto, y que la salud emocional también es un asunto social que puede ser sanado desde lo colectivo y como comunidad latina sabemos hacerlo muy bien.

 

Ilustración por: Pame Pinto IG: @pame_pinto

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