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Editor contratiempo

Mujer Migrante: El precio psicoemocional de la migración a Estados Unidos

8 agosto, 2018

En los últimos 5 años la conversación acerca de la inmigración en los Estados Unidos, ha sido dominada por la generación de jóvenes indocumentados llamados Dreamers. Desde que en el 2012 el ex presidente Barak Obama firmó la acción ejecutiva conocida como DACA o Acción Deferida aproximadamente 790,000 jóvenes que llegaron indocumentados durante su niñez han obtenido este permiso el cual les da un respiro al miedo de ser deportados a sus países de origen, los cuales muchos no han visitado desde aquella primera despedida.

A pesar de que esto ha sido un pequeño respiro para los jóvenes de familias inmigrantes indocumentadas, la migración a los Estados Unidos abarca otros sectores de la población a los cuales se les ha invisibilizado. En los últimos meses sectores de estas poblaciones han sufrido grandes reversas en cuanto al acceso a documentos legales. Tal es el caso de los afectados por la anulación del TPS por el presidente Trump el 6 de noviembre del 2017, dejando así a más de 320,000 refugiados, incluyendo un gran número de personas procedentes de Nicaragua y Honduras, en la situación precaria de perder su estatus migratorio después del año 2019.

Sin embargo, más allá de las leyes y acciones del gobierno, queda otra población que forma parte intrínseca de todos los grupos de inmigrantes: las mujeres. De acuerdo al American Immigration Council, en Estados Unidos hay 20.9 millones de mujeres inmigrantes de las cuales el 26% es de origen mexicano. Las mujeres conforman el 51.3% de toda la población de personas no nacidas en Estados Unidos y en los últimos años se ha incrementado el número de mujeres inmigrantes a los Estados Unidos, en el 2012 se calculó que el 13% de la población del país está compuesta de mujeres inmigrantes. Más a pesar de que las mujeres inmigrantes de países latinoamericanos conforman más del 36% de todas las inmigrantes, las mujeres originarias de Guatemala, El Salvador, y México tienen el menor número de licenciaturas de todas las mujeres inmigrantes.

Pero, ¿qué hay más allá de los números? ¿Cuáles son las verdaderas historias de las mujeres que sacrifican su vida por buscar una forma de subsistir y ayudar económicamente a sus familias? De acuerdo a la profesora Lore Aresti de la Torre, es mínima la atención prestada al fenómeno de la migración desde una perspectiva de género que tome en cuenta las experiencias personales, incluyendo el costo socio-emocional de la migración dada a causa de la necesidad de generar recursos económicos para las familias que muchas veces se quedan en los países de origen. De acuerdo al análisis presentado en su libro Mujer y Migración: Los costos emocionales, la migración de la mujer tiene efectos íntimos en los hogares de las mujeres migrantes. Estos son 1. el duelo que deja la pérdida física de la migrante, 2. la ansiedad causada por el peligro del camino y del cruzar la frontera ilegalmente, 3. la ilusión del regreso y 4. la culpa que genera el recibir remesas de la persona que se ha marchado.

A su vez, la mujer migrante tiene que experimentar el costo psicoemocional de una migración durante la cual no solo pasa por cambios radicales que incluyen el estar en una tierra desconocida, con un idioma que no domina, sino que, al llegar a los Estados Unidos, tiene que enfrentar tanto la desigualdad económica y social tal como la discriminación racial y de género. A esto se le puede añadir el gran costo de vivir en las sombras y llena de miedo por su estatus indocumentado.

A pesar de las barreras que tienen las mujeres migrantes, sus características difieren a las de las de los hombres migrantes. Aresti de la Torre encontró que los hombres migrantes generalmente ganan más que las mujeres, que ellas mandan la mayoría de su sueldo para sus hogares en sus países natales, y que suelen también apoyar económicamente a miembros de la familia extensa incluyendo aportar a la educación y salud de muchos de sus familiares. En contraste los hombres tienden a mandar menos dinero directamente a sus familias y también suelen crear relaciones amorosas en el país al que emigraron y así dejan de aportar al bienestar económico de la familia que dejaron atrás.

La vida de las mujeres inmigrantes es marcada por dificultades emocionales que también son parte de tener que negociar una identidad diferente con la que crecieron. Las mujeres que migran tienen que recrearse de nuevo y tratar de encajar en un mundo del cual no se conocen las normas sociales y en el caso de los Estados Unidos, llegan a un lugar altamente hostil a la mujer en general, tanto por su estatus como por su género. Las mujeres migrantes experimentan la invisibilidad en cuanto a servicios y ayuda, pero son usadas como mano de obra barata y explotable.

Es importante que se empiece a visibilizar y abordar la experiencia de la mujer migrante en los Estados Unidos si pretendemos poder entender las situaciones psicoemocionales por las que pasan y de esta manera poder brindar ayuda y apoyo a los millones de mujeres que trabajan en las sobras sacrificando todo, especialmente su propia identidad y su salud mental y emocional.

 

Ilustración: Carolina Bailón

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