Carlos Arango

Carlos Arango

Las caravanas centroamericanas

23 febrero, 2019

El siglo XXI es de las migraciones y éxodos masivos en el mundo, cargado de xenofobia y discriminación. Los derechos humanos se han visto vulnerados con los migrantes en Estados Unidos, la administración de Donald Trump ha continuado la política de separación de familias, encarcelado a niños en jaula como animales, incluso marcándolos con números, semejante a la Alemania Nazi o a los campos de concentración estadounidenses establecidos entre 1942-48, albergando a 120,000 japoneses, que subsecuentemente fueron deportados, aunque muchos eran ciudadanos estadounidenses.

Los niños detenidos actualmente son centroamericanos y mexicanos. El tejido social de los países del triángulo norte, El Salvador, Guatemala y Honduras está deteriorado; la violencia y la miseria ha generado esta ola migratoria, niños no acompañados, obligados a buscar refugio fuera de sus países, viajando a Estados Unidos al encuentro de sus padres que emigraron con anterioridad, y que ante la ausencia de una reforma migratoria, viven y trabajan, sin contar con documentos migratorios.

 

 

SE INICIA EL ÉXODO MASIVO

 

El Día de La Raza, 12 de octubre del 2018 se inició la primera caravana masiva de hondureños que caminarían hacia Estados Unidos en busca de asilo, huyendo de la violencia y miseria en Honduras, considerada como uno de los países más violentos del mundo. La caravana camino por Guatemala rumbo al Tapachula en Chiapas, México.

En el camino, la caravana que se inició con 160 personas, aumentó a tres mil personas entre hombres, mujeres – muchas de ellas embarazadas – y niños. Llegando a Tapachula, el Secretario de Relaciones Exteriores de México anunció que no se admitiría el paso a los que no tuvieran una visa expedida en Honduras, lo que provocó que la caravana buscará internarse por la fuerza en territorio mexicano y causando escaramuzas con la policía mexicana. El asunto finalmente se resolvió proporcionándoles un documento para transitar el país, hacia Estados Unidos.

Motivado por acuerdos con la administración Trump, en donde México fuese el tercer país seguro, Enrique Peña Nieto pretendía que las personas se mantuvieran en la zona sur de país, ofreciéndoles asistencia; mientras que por su parte Trump emitió amenazas de quitar recursos a los países expulsores si no detenían este éxodo masivo de centroamericanos, ocupando las páginas de todos los periódicos, los medios electrónicos y las redes sociales.

La caravana pasó por Oaxaca. En Veracruz, el gobernador ofreció transporte a la ciudad de México en camiones, promesa que no cumplió, así los grupos se fueron separando, y en grupos más pequeños continuaron su travesía hasta Tijuana.

Un grupo llegó a la Ciudad de México, ahí la Comisión de Derechos Humanos informó que la caravana incluía hondureños, guatemaltecos y salvadoreños. Otro grupo mayor llegó a Guadalajara, en donde rápidamente los trasladaron a Nayarit, posteriormente llegaron a Sinaloa y de ahí a Tijuana arribando el 16 de Noviembre.

La segunda caravana que partió de Esquipulas, el 21 de Octubre estaba compuesta por mil hondureños intentó entrar por la fuerza a México y fueron repelidos por la policía mexicana que lanzó balas de goma y gases lacrimógenos, obligándolos a formarse para obtener su permiso. En el incidente hubo un muerto y varios heridos. El Instituto Nacional de Inmigración contabilizó 1,895 centroamericanos.

Las tres consiguientes salieron del San Salvador; en la del 28 de Octubre, 250 salvadoreños ingresaron de forma ordenada a México y caminaron hacia el norte en busca de asilo. Mientras que en la otra, 300 integrantes partieron el 31 de Octubre llegando a México el 2 de Noviembre, 81 personas fueron detenidos y deportados. La quinta caravana de 250 salvadoreños partió el 5 de Noviembre, cruzando la frontera a través de las Chinamas a Guatemala.

 

LA XENOFOBIA SE PEGA

 

Según el Consejo Noruego para Refugiados, a los numerosos obstáculos en el viaje, el cansancio y la frustración de las comunidades de paso, se suma también una creciente xenofobia tanto en Estados Unidos como en México y un endurecimiento en las reglas de la frontera.
Durante la primera caravana se pudo observar la solidaridad de las comunidades mexicanas, que se fue desvaneciendo con los ataques que sufrieron los migrantes en Tijuana; en donde algunos bajacalifornianos se organizaron para repudiarlos en un claro acto de xenofobia y nacionalismo extremo. Pareciera que Trump hubiera ocupado el cerebro de los mexicanos, por medio de las redes sociales se expresaron negativamente de los hondureños e incluso criticaron al gobierno de Peña Nieto por ofrecer ayuda a la caravana, diciendo que “primero los mexicanos”.
No ayudó el rechazo de algunos miembros de la caravana hacia la comida que les ofrecía la comunidad, enfatizando que no querían frijoles, si no hot dogs. Esto se hizo viral, ocupando la discusión en redes y así la simpatía se fue desvaneciendo hasta convertirse en burla.

 

EN HONDURAS NOS MATAN

 

El 15 Enero del 2019, una nueva caravana ha salido de San Pedro de Sula, Honduras, con el lema “En Honduras nos matan”, integrada por 500 migrantes, que desafían los dichos y amenazas del presidente estadounidense, Donald Trump.

Las causa de este éxodo masivo se incrementa cada día con las políticas absurdas y proteccionistas de Estados Unidos, teniendo Honduras el 68% de la población viviendo en pobreza, con un promedio de 11 homicidios diarios, convirtiéndose así en uno de los países más peligrosos, amén de carecer de empleos, educación y servicios médicos.

Honduras tiene una historia de luchas intestinas e intervención norteamericana para establecer las compañías bananeras y saquear los recursos del país. Durante la colonia, Honduras era rico en oro y plata, que obviamente fueron saqueados por los colonizadores. Es un país que tiene una bella naturaleza con montañas y paisajes hermosos, pero para su infortunio ha estado inmerso en conflictos con el Salvador y Nicaragua; además de la devastación provocada por Mitch de 1998, en que murieron 19,000 personas y 2.7 millones de damnificados.

Ricardo Maduro, un neoliberal, fue el primer Presidente electo del siglo XXI en Noviembre del 2001, se caracterizó por combatir a los grupo criminales y las pandillas juveniles, su política económica redujo la deuda externa y favoreció a los mercados, pero dejó vigente la pobreza en la mayoría de la población.

En el 2006, Maduro terminó su proyecto y fue electo el progresista, Manuel Zelaya, liberal, contrario al neoliberalismo, que intentó democratizar el país alejándose de la política de Washington, acercándose a Hugo Chávez de Venezuela y a la Revolución Bolivariana, y haciendo tratos sobre el petróleo. Buscó hacer un constituyente similar a los de Venezuela y Ecuador, para establecer un nuevo sistema democrático en que la prioridad fueran los pobres y no la oligarquía hondureña.
El proyecto de Zelaya contó con el apoyo popular, lo que provocó una operación quirúrgica desde Washington durante el gobierno de Obama para respaldar a grandes empresarios, intelectuales, la iglesia católica y organizaciones de la sociedad civil, seguramente fundada por fundaciones gringas, que con el apoyo del ejército, ilegalmente destituyeron a Zelaya el 28 de Junio del 2009. Un golpe de estado en que los militares depusieron a Zelaya y el mismo día el congreso títere eligió al liberal de derecha, Roberto Micheletti. Este golpe de estado dividió al país y ganó la condena de la comunidad internacional.

Según el reporte de Human Rights Watch, Honduras es el país con más alto nivel de criminalidad, la violencia del estado está dirigida a los periodistas, organizadores en favor del medio ambiente, mujeres, y la comunidad LGBT. El aborto se considera un delito y las libertades civiles prácticamente están suspendidas. Se podría decir que se vive una dictadura que ha reprimido a la población aun en sus hogares, tal como lo observamos en las redes sociales el año pasado.
En estas condiciones estamos enfrente de un estado fallido, que expulsa a sus ciudadanos a una aventura incierta, ya que el gobierno estadounidense no quiere respetar sus propias leyes y utiliza a México como tercer país seguro, para que los migrantes esperen a ser llamados en Tijuana.

 

TRUMP INSISTE EN EL MURO

 

Por su parte, Trump mantiene al gobierno de Estados Unidos parcialmente cerrado para presionar para la ampliación del muro fronterizo promesa de campaña y que argumenta urgente para la seguridad nacional debido al éxodo centroamericano. Mientras que el gobierno del Presidente López Obrador, ha declarado un plan de ayuda a los centroamericanos de la caravana en el que ofrecerá visas de tránsito por México y si lo desean podrán incorporarse a la vida económica del país.

Pero aún y así El Triángulo Norte seguirá enfrenta serios problemas, son producto de las intervenciones estadounidenses y en la vida interna de esos países se vive la pobreza, la inseguridad y la corrupción.

Algo habrá que hacer para cambiar el destino de estas naciones, quizás la propuesta de invertir en estas naciones de López Obrador podría aliviar en algo esta situación, aunque desde luego Estados Unidos debería indemnizar a esos países. Al Tiempo.

 

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Carlos Arango
es director de Casa Aztlán, organizador de movimientos migrantes, fundador del Movimiento Mexicano 2018 y coordinador de la Alianza por los Derechos de los Inmigrantes. Es egresado de la Universidad Autónoma de México y coautor del libro Voces Migrantes: Movimiento 10 de Marzo.

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