Maria Ximena

Maria Ximena

La Santa Marta Golden: Prehistoria del cannabis

5 julio, 2019

América latina es el lugar donde se conoce el mayor número de especies psicoactivas y el mayor número de plantas alucinógenas de todo el mundo. Las culturas indígenas de México y América del Sur son las que más han utilizado estas sustancias en la búsqueda de estados alterados de conciencia. De hecho, el chamanismo se estructuró por completo alrededor de la búsqueda de estas experiencias místicas, con el fin de lograr una conexión profunda con el hábitat: con la naturaleza.

Sustancias como el tabaco, el yahé, el yopo, el yoco, el hayo, han sido utilizadas en rituales místicos desde el inicio de las civilizaciones indígenas en América central y del sur. La marihuana o planta de cáñamo no fue originaria de América, la introdujeron los españoles en el siglo XV pero, contrario a las demás sustancias psicoactivas, la marihuana nunca tuvo un uso místico sino más bien profano.

Según lo señaló el antropólogo Sidney Mintz en un estudio que realizó sobre el azúcar llamado ¨Sweetness and power¨ publicado en 1986; los estimulantes cambiaron por completo los ritmos de trabajo, la productividad y la sociabilización del hombre. Esta y otras investigaciones sociales señalan cómo el tabaco y el café fueron los estimulantes necesarios para mantener la productividad de la sociedad del siglo XIX.

Las sociedades capitalistas del siglo XX y XXI están haciendo uso de otro tipo de estimulantes como la cocaína y la heroína. Sin embargo, la marihuana, por sus efectos curativos, ahora ocupa un lugar en la prometedora industria medicinal. Antes de que conquistara ese lugar, esta hierba originó en América latina una bonanza macabra que cubrió de dólares y sangre varios países latinoamericanos.

La industria de la marihuana empezó con  la demanda que despertó la Acapulco Gold en Norte América. Se consumía recreacionalmente en masa, buenos dólares entraban a México hasta que el gobierno de Nixon se fue lanza en ristre contra los cultivos de hierba y empezaron a fumigarla con Paraquat, un herbicida que acabó con el negocio de marihuana en México a comienzos del siglo XX. En el ocaso de la Acapulco Gold, llegó la  Santa  Marta Gold; una marihuana cultivada en Santa Marta, Colombia, que rápidamente produjo lo que hoy se conoce como ¨La bonanza marimbera¨. Gente de los departamentos de la costa caribe colombiana se dedicaron al cultivo y venta del cannabis.

Según cuenta el cronista colombiano Jorge Pinzón en su crónica ¨La ruta de  la bonanza marimbera¨, durante la bonanza más nuevos ricos empezaron a lucir cadenas de oro, a contratar cantantes populares para que amenizaran sus bacanales e, incluso, para que incluyeran en las letras de sus canciones los nombres de los capos más importantes de la marimba en ese entonces (los años 80). Algo muy parecido a lo que ocurre con los capos del narcotráfico y los conjuntos de corrido mexicano actualmente.

Con el auge del dólar y la bonanza de la Santa Marta Golden también se incrementó el número de enfrentamientos armados entre el Estado y los traficantes marimberos en Colombia. Fue una época de derroche, excesos y sangre. La antesala de lo que se convertiría en la guerra de los carteles de la cocaína.

La Santa Marta Golden obtiene su nombre de la ciudad costera Santa Marta; foco del auge marimbero debido a su cercanía con la Sierra Nevada. La sierra era el área donde se cultivaba esta clase de marihuana, así que la proximidad con ella la convirtió en un punto estratégico de la bonanza. Los alrededores de Santa Marta se llenaron pronto de sembradores, recolectores, arrieros y transportadores de la hierba. La bonanza marimbera representó más un impacto económico y de estilo de vida que de consumo en el territorio colombiano. Los consumidores siempre han estado en Norte América. Por esta razón, la dificultad de transportar la marihuana a Estados Unidos terminó por acabar con el negocio en Colombia.

 

 

 

Cuarenta años después de la bonanza, lo que se  moviliza son cargamentos de cocaína en toda la costa Colombiana.

Según el Ministerio de Defensa de Colombia, en el 2017 las autoridades incautaron 3100 millones de dólares en cocaína y ni rastro de la Santa Marta Golden. Dicen que ya no se consigue la ¨criollita¨ como se le conocía en el argot popular de cariño. Lo que hay ahora es pura marihuana hidropónica.

Exterminados los proveedores más importantes de marihuana para Estados Unidos: México y Colombia; y con un número gigante de consumidores aún, se empezaron a producir de manera hidropónica, cultivos de cannabis en California. Hoy en día no quedan ni rastros de lo que era la Santa Marta Golden. La marihuana que se produce legalmente en Estados Unidos es completamente tratada y, según los mismos consumidores y productores norteamericanos, es la mejor del mundo.

Según la firma BDS Analytics que le hace seguimiento a la industria del cannabis, esta alcanzó los 9 millones de dólares, lo mismo que produjo en ventas la industria de snacks o las ganancias anuales de pañales Pampers.

Varios estados han legalizado el uso re creativo de la marihuana en Estados Unidos y otros tantos el uso medicinal. La industria crece cada día más y las ganancias son billonarias. Si el tabaco y el café eran necesarios para mantener el ritmo de productividad del siglo XIX; la cocaína, la heroína y la marihuana, entre otras substancias psicoactivas son las sustancias que están manteniendo el ritmo de productividad actual en el tiempo del time is money. Sin embargo, la marihuana tiene ese lado medicinal que la redime de los efectos devastadores de sus primas psicoactivas. Quizás sea su función medicinal uno de los mejores bálsamos para sobrellevar este ritmo insostenible del estilo de vida productivo moderno.

O de pronto es solamente una excusa para que esas fortunas que alguna vez se fugaron a países del trópico se queden en América. Que los bolsillos de sus adictos no enriquezcan otros mercados.

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