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Editor contratiempo

Juventud Creativa

6 agosto, 2018

Este 2018 en Chicago se celebra el año de la Juventud Creativa. A lo largo de la historia mundial, la juventud se ha distinguido por sus excentricidades, una sabiduría ingenua y autodidacta, su pureza siguiendo aquellos sueños (in)alcanzables, y a la trascendencia de su vestigios rebeldes. La inventiva joven a engendrado movimientos en diversas expresiones artísticas, políticas y sociales; el liderazgo activo de cada generación ha inspirado la creencia de un mejoramiento humano, la posibilidad existente de un futuro mejor. Nos encontramos situados en el futuro de nuestro antecesores y somos el pasado de nuestras generaciones las generaciones venideras.

Parece arbitrario celebrar el cumpleaños de un año: “¡el 68 cumple cincuenta!”. Cincuenta años después de un año que nos dejó huellas tan marcadas de lo que era la conciencia humana.

Retomemos, en honor a 50 años de levantamientos civiles donde los jóvenes en distintos puntos del mundo tomaron el liderazgo, saliendo a las calles y alzando sus voces ante la represión. Si nos vemos muy particulares, deberíamos hablar y celebrar toda la década, una década que fue marcada por intensos cambios políticos y sociales. Podríamos decir que los sesentas fueron un parteaguas que definió a la siguiente generación, aquella cuyos padres pelearon en las guerras mundiales, la generación que le dio la vuelta a la tortilla y dijo -basta, hasta aquí llegaron sus ideas anticuadas y beligerantes, nos toca a nosotros manejar el timón-.

Los jóvenes de los sesentas eran atrevidos sinvergënzas, pero que aún respetaban cierta autoridad. Eran los que gritaban a sus padres que podían vestirse como ellos querían, llevar el pela tan largo como pudieran; asistían a marchas, cogían como conejos bajo el sello de la libertad sobre sus cuerpos, pero al final, volvían a casa a la cena de Thanksgiving, se graduaban de la escuela, se casaban, tenían hijos y compraban un coche nuevo. Era como si de pronto tanta libertad los asustara. Y cómo no asustarse, cuando enamorarse de tus ideales significaba ver morir a tus héroes, significaba asumir que la revolución se presenta con violencia, que los ideales te los mata el estado con balas, cuando hablar de izquierda quería decir peligro rojo. Pero no todo fue esta violencia. En la acelerada carrera indómita de la nueva libertad de pensamiento, los artistas revelaron nuevas formas de torcer el lienzo, de romper la música, de reinventar el lenguaje, y los científicos, los grandes soñadores, descubrieron el cosmos y lo conquistaron a grandes pasos.

Contratiempo dedica una serie de artículos donde se intentará descifrar el motor y la energía que encierra cada generación de jóvenes rebeldes y atrevidos, intentando cambiar el rumbo de su presente. Comenzando nuestro dossier, encontramos un status quo de un país estudiantil en 1968, cuestionando el autoritarismo, viviendo sin tregua, inspirándose por las distintas jornadas internacionales, e instituyendo contribuciones culturales dentro de la música y la literatura, narrado por el activista, brigadista y uno de los dirigentes del movimiento estudiantil mexicano durante el lapso de 1968-1973, Carlos Arango. Del mismo modo, en Estados Unidos a muchos jóvenes indocumentados se les ha suprimido sus derechos.

A partir de la grandes marchas del 2006, se fueron forjando niños, adolescentes hacia una juventud a pie de lucha, tal como nos platican su trayectoria los jóvenes integrantes del grupo Quinto Imperio en una entrevista realizada por Stephanie Manríquez. Contratiempo no solo consideró reunir las opiniones de nuestros expertos y académicos, sino que también era elemental reunir las experiencias y la voz de nuestros jóvenes hoy en día, en Actitud Juvenil recolectamos un grupo de testimonios, escritos por muchachos de entre 20 a 23 años, da cuenta de sus vivencias, deseos y logros. Marcela Muñoz, co-directora artística y directora ejecutiva de Aguijón Theater, nos narra que las ganas y curiosidad, es el antídoto a la desidia y a la apatía; por tal los programas extracurriculares a la escuela estimulan la imaginación y el interés de los jóvenes hacia su entorno. Y por último, Brenda A. Hernández nos remonta a nuestros años de juventud, ya que nos cuenta la magia ilimitada detrás de un cerebro en desarrollo y el secreto de una juventud eterna.

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