Jose de Maria Romero Barea

Jose de Maria Romero Barea

Fluido rigor de Reynaldo Jiménez

6 octubre, 2019

Centrados, como seguimos, en el mero festejo o la intempestiva demonización, el conocimiento que aportan determinadas exégesis está destinado a ser, inevitablemente, incompleto. Frente a los muros de estupor de la erudición sesgada, la compulsiva conectividad facilita intercambios supuestamente democráticos. Matizada o lírica, entre rotas imágenes y bocetos contundentes, la inusual memoria fermenta “la autoexposición de una presencia que ya no se sujeta a una identidad (…) expresión cambiante de un anhelo de flexibilidad que proporcionase, ya no apenas a la literatura y su recorte, aquel rigor fluido que Perlongher declaró (…) pretender para sí y para los avatares de su tarea de investigación” (“Encuentros nestorianos en la niebla”). Más que representar oposiciones, la selección que nos ocupa crea un espacio común donde lo diverso llega al mutuo entendimiento.

Parte de una cosmopolita universidad del intelecto, la colección de ensayos Intervenires (1990-2014; libros de la resistencia, 2016) incurre en las creaciones de los escritores Néstor Sánchez, Gastón Fernández Carrera, Néstor Perlongher o Wilson Bueno, nos las recomienda: se encuentra aquí lo que se busca en la amistad, esa tradición autosuficiente que aúna empresa e inventiva, “la reverencia orante donde la identidad está perdida – su aceptación del borde que no termina, su pulsante expansión. La minuciosidad del artificio que refina para desnudar, que alude para convocar, que aletarga, letánica, a la mente pero no a la conciencia, que despeja los ojos de tanta mirada ajena” (“Templar”). Entre familiares intimidades y públicas revelaciones, la interior transformación de una comunidad que nos encuentra.

Aborda el crítico y traductor Reynaldo Jiménez (Lima, 1959) estas y otras cuestiones en su búsqueda por preservar la singularidad frente a la posmoderna presión de conformidad. Garabatea, para ello, fragmentos, se busca entre tradiciones frente a las cuales se alinea (a favor o en contra); nos guía el poeta de Las miniaturas (1987) por el sinuoso camino que recorre, a veces solo, a veces en compañía del también poeta Paulo Leminski, al que traduce entre emboscadas, “no descentrado en relación a un ideal preexistente sino dialécticamente enfocando, desde varios centros a la vez, trazando a su manera un holograma despertante de influjos” (“Vida más acá de la biográfica”).

Demiurgo multifacético, su creatividad engendra análisis discutidos; apasionada, alumbra espinosos sentidos de la realidad, entre el optimismo y el pesimismo, contra lo estancado, “Destino: el desatino/ el no-mapeado/ Finismundo: allí/ donde comienza la infranqueada/ frontera del extracielo” (“Finismundo: Haroldo de Campos”). Biblioteca de sentimientos a través del laberinto de ojos atónitos, Intervenires sabe que jamás leeremos todos los libros. A base de entendimientos de la rabia, contra la injusticia de la complacencia, desmantela las fronteras de nuestro mutismo. Se opone el miembro de El Invitado Sorpresa a nuestra incapacidad de aprender mientras examina nuestros intentos de desafiar la mentira.

 

 

“Si cantar es, con el cuerpo, orar celebratorio, al unísono del signo connotado, preguntar con la voz por la palabra, será lo de menos sostener un estilo: todo estilo se comporta como respuesta” (“La inspiración es una sustancia”). Entretejidas, cómodas en su extrañeza, las diferencias entre lugares, personas e igualdades. Dedicado a la tarea de reflexionar más allá de la inocencia, el peripatético acomodarse a un espacio ilustrado, el buscarse a través de la escritura, perdido entre palabras. El resultado es una biografía literaria base de información privilegiada, actualización de las inquietudes del autor, “roto el hilo del rito, despedaza al menudeo (regateo de los cegatos) toda intervención energética” (“Antiviaje aparente”).

 

 

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