Oriette D Angelo

Oriette D Angelo

Escribir poesía en Iowa City

23 febrero, 2019

“Quien lee y escribe trabaja contra el mundo”
Ernesto Carrión

Me gusta pensar en Iowa City como un lugar de paso, como el lugar que alojó temporalmente a Tennessee Williams, Raymond Carver, Sandra Cisneros y Kurt Vonnegut. Es el lugar donde, al caminar a lo largo de la Clinton Street, puedes ver la ventana del cuarto donde Williams gestó parte de sus maravillosos poemas, o donde puedes encontrarte en el piso placas repletas de frases de escritores, o donde al subir la mirada siempre verás la inmensidad del Old Capitol Building.

Escribir en español en Iowa City es saber también que se escribe desde el tránsito. El MFA en Escritura Creativa en Español de la Universidad de Iowa se fundó en el año 2012 de la mano de la escritora y académica española Ana Merino, quien estuvo al mando de la dirección del programa hasta finales de 2018. Actualmente, la dirección está en manos de Luis Muñoz, quien además imparte el taller de poesía. Sus clases son labor de artesanía: escribimos, leemos, podamos. En ellas, muchos hemos encontrado el motivo de nuestros poemas, la razón de ser de nuestra escritura. Luis Muñoz nos ha enseñado a mirar.

Hasta la fecha, Iowa City ha sido un refugio para la creación. Los que tenemos la fortuna de ser parte de las aulas del MFA entendemos que, si nos rendimos a los pies de la ciudad, es con el propósito de encontrar y expresar nuestra voz.

Para esta muestra de poemas, quise reunir textos de mis compañeros de la maestría, compañeros que han escrito sobre sus propios procesos migratorios, sobre el viaje y sobre su paso por la ciudad. Muchos de los poemas se han gestado y trabajado en las aulas de la Universidad de Iowa y en ellos se asoma una poética bastante marcada del espacio, de la migración y del viaje. Iowa City se transforma así en un epicentro de lo temporal. Todos los que aquí escribimos llevan a cuestas un país y una identidad que los define y que, gracias a esta maestría, podemos contar en español, en ese idioma al que siempre volvemos y que nos arropa. A muchos les costó llegar, otros fueron deportados al momento de pisar esta tierra. Al final, todos pudimos llegar a Iowa City y, desde aquí, escribir.

 

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Oriette D’Angelo (Caracas, 1990). Autora del poemario Cardiopatías (Monte Ávila Editores, 2016; Premio para Obras de Autores Inéditos, 2014). Cursa el MFA en Escritura Creativa en Español en la Universidad de Iowa.

 

 

 

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Arte: Carlos Reinoso
(Chile). Carlos es artista visual, músico y recopilador de música popular Chilena y Sudamericana. Ha desarrollado su trabajo desde la óptica de la independencia a través de su sello de ediciones limitadas llamado Horrible Registros y colaborando en distintos medios como ilustrador o músico.

 

 

 

Itinerancia vegetal

 

Las plantas no gustan del viaje,
desconfían de los galanteos
de la novedad.
Su única aventura
es vertical:
se estiran y se hunden.
Intuyen la mentira
de desplazarse
hacia un horizonte.

Este sedentarismo
es rebeldía
en días como estos,
cuando el otoño
calcina las hojas
y los amigos
migran en bandada.

 

Gabriel Villarroel (Bogotá). Hijo de imigrantes bolivianos. PhD. en literatura hispá-nica por Georgetown University. Cursa el MFA en Escritura Creativa en Español en la Universidad de Iowa. Ha trabajado como periodista y programador radial.

 

 

 

Blablacar. Bilbao-Madrid

 

Dos pares de ojos idénticos en el retrovisor una termina la frase que empieza la otra algunas palabras en inglés perfecta dicción el mismo tono de voz el asiento confortable cálido estar en casa el consumo es poder el coche híbrido comprar verduras y frutas orgánicas sin bolsas fantasean con moverse en bicicleta por el centro de Nueva York sus piernas de setenta y dos años sus piernas delgadas arrugadas fuertes por la Quinta Avenida profesoras de arte en la Universidad de Columbia como sus maridos viven en Madrid en Nueva York en Bilbao pero nunca unas raíces como las que crecieron en Oaxaca se guiñan el ojo y desde el asiento de atrás veo brotar la ayahuasca la libertad las ganas allá por los años setenta me preguntan qué quiero quiero irme a Iowa City a escribir un libro pero es imposible una siempre tiene que hacer lo que le dé la gana nosotras jamás usamos esa palabra no nunca.

 

Elisa Ferrer (L’Alcúdia de Crespins, 1983). Guionista y escritora. Co-autora de la monografía Wes Anderson (V.V.A.A., Plan Secreto, 2014) sobre el director de cine norteamericano y de la antología de relatos Historias de clase. RiElatos Vol.1 (V.V.A.A., RiE, 2014). Actualmente estudia el MFA en Escritura Creativa en Español en la Universidad de Iowa donde está trabajando en su primera novela.

cierre/temporal

 

una terraza a medio acabar daba a la calle ciega donde parqueaban los carros del barrio me extendía en una terraza infinito con las perras que ladraban a los carros del barrio a los perros vecinos que compraban el pan y roscones o liberales y yo paletas de chocolate marca cremelado y mi abuela conmigo mis banderas sábanas limpias que me metía a la boca después de recién lavadas sabor a fab pero suavecito todo me pertenecía amplia abierta no había fronteras excepto quizá la puerta de metal del primer piso pero dejaban sin llave la puertecita que dejaba destrancar la puerta de metal del primer piso y nos pasábamos papeles con mi amiga Zulma y jugábamos a las cartas sin saber jugar a las cartas
hasta que un día
crecí
la terraza desde arriba a cuántos pies de altura qué son pies cómo se miden porque mi pie es más pequeño que otros pero pisa duro y la huella sí me dijeron que iba a dejar huella pero no dijeron de qué manera y yo
quedé detenida frente a una pared invisible
obligada a hablar
de mi raza que no terminaba de entender y no cabía en las casillas del formulario que me dieron no cabía en las palabras del hombre
y su grito reclamaba saber
mi procedencia
mis apellidos
los motivos de mi viaje

tan angosto
todo
el cuarto apretado de miedo
estaba obligada a esperar acatar ustedes están acá porque son todos criminales sí señor somos y porque todos ustedes merecen este trato sí señor por favor but let me explain please Why do you speak English so well? no debería pero
quieta donde no cabía el aire
y mi nombre ajeno en ese momento
eco contra las paredes contra las paredes y contra mí no hay nada que podamos hacer me dice todo está en su contra y mi jefe dice regrésela y qué música le pongo mejor no llore que este país no era para usted no woman no cry ¿le gusta Bob Marley? esto es de rigor
y hombre blanco hombre negro hombre de origen latino que no habla español
acusándome

Why do you speak English so well? You come to work illegally you come to let me see your papers Where is the money let me see your face you don’t look como una persona con una terraza a medio acabar puedo por favor usar mi llamada reglamentaria sí pero primero
póngase en cuclillas para comprobar
que nada en mi cuerpo quedará oculto
minucia quirúrgica
esculca en interior su pasado ¿cuántos lunares tiene? ¿cuántas marcas de nacimiento?
no llore I will play some music for you Do you like Bob Marley? pero la llamada primero
pidiendo misericordia por una violación desconocida
el sello rojo en mayúsculas y la azafata que me deja dormir en tres de las silla del frente clase económica plus
sobre el atlántico
sola
lejos
diminuta
tenga su pasaporte venía en una bolsa notificándome el cierre de las fronteras pared inamovible condena para quedarme en una terraza a medio acabar viendo los aviones desde mi reino
qué más me da si
me detienen me dicen quédate allá no vuelvas porque no tienes a dónde volver de aquí no eres pero de ahí todos saben la niña la nieta de la señora Lina me compraba paletas de chocolate marca dummy porque las otras ya no las traen pero estas son buenas ojo se mancha el vestido y las perras tiradas al sol
ahí
estará ella siempre
mi casa

Laura Andrea Garzón (Bogotá, 1992). Literata y maestra en arte por la Universi-dad de Los Andes. Cursa el MFA en Escritura Creativa en Español en la Universi-da de Iowa. Dibuja a escondidas y come con cuchara los domingos.

 

 

Hegemonía del español

 

Tu español es de sangre azul
vienes de la narrativa del colonizador

español puro
español blanco.

Tengo que seguir tus esquemas,
tu RAE.

Tu posicionamiento,
reconocido en países con fronteras
de marcador permanente,
el español de Estados Unidos no lo reconoce la RAE,
tampoco sus hermanos latinoamericanos.

Mi español se machaca,
mis anglicismos se ven comprometidos
mi nuevo español no es tu español,

no es el español.

Llegan hispanohablantes profesionales,
buscan
defenderse
buscan
(nuestra) voz.

Se oprime el mestizaje de la lengua,
entre el inglés y el español
las historias forjadas
entre identidades sin nombre
sin padres.

Mi mestizaje de lengua,
nunca será autentico
real.

Si no limpio mi sangre
y me purgo de esta tierra.

 

Angela Pico (Bogotá, 1994). Ha vivido en Estados Unidos desde los ocho años. Se graduó de Pomona College dónde obtuvo el premio a mejor tesis por su trabajo bilingüe en español y francés. Cursa el MFA en Escritura Creativa en Español en la Universida de Iowa, donde recibió la beca Iowa Arts Fellowship y el Stanley Award.

Secuencia histórica
en cuatro partes

 

 

1
Entre tanto yo esperaba con mi pava pelo de lluvia y un oído en la ventana,
esos repiques de pelota que sólo una vez llegaron a mi memoria.
Aún espero decirle, que los repiques y aquel día que me permitió no ir al colegio,
fue lo mejor entre él y yo.

 

2
Legislaciones equívocas y una guerra,
nos deformaron.

 

3
Entre él y mi madre la recuerdo a ella,
su saliva acumulada en la esquina de la boca mientras me dormía en sus brazos,
el “¡come mierda!” a Daniel cuando salía en la tele,
y la paloma que enterramos en el patio trasero,
por la cual siempre he tenido asco a las aves.

 

4
Los silencios en familia se vuelven adultos,
luego ancianos,
ni siquiera un par de pláticas con buenos amigos los llenan.

 

Natalia Hernández (Managua, 1982). Escritora y productora audiovisual. Cursa el MFA en Escritura Creativa en Español en la Universida de Iowa.

 

 

Shuffling

 

(1) Hay días propicios para bucear, cuando la visibilidad es buena, la corriente amable y las ballenas visitan el arrecife. Pero algunos de los mejores serán los de lluvia, cuando la superficie se llena de gotas que caen sobre su mismo elemento. Quizá la visibilidad no sea gentil, los peces carezcan de sombra, el sol no abrigue al finalizar el buceo. Pero algo luego de pasar una hora bajo el agua, algo al emerger y encontrarse con más agua, algo al no saber si se está abajo en lo profundo o en el mundo externo. Como si el agua perdiera sus limites, como si no se supiera dónde empieza la tormenta y dónde el océano.

 

(2) En un solo día la luz cambia la intensidad, la potencia. Como anunciando que el verano se ha ido, que vendrá la nieve. Lo mismo ha pasado en mayo, cuando en solo un día la luz se hizo más diáfana, cobró más fuerza. Y entonces las señales, las señales que están en todos lados, en los ruidos, en la piel, en las olas del océano. Quizá sea sólo cuestión de escucharlas, de estar más atentos.

 

(3) Octubres de cansancio. Una lámpara dormida, un país olvidado. Alguien que cierra la puerta y sacude la casa. Algo del tiempo que va demasiado rápido. Pequeñas notas en mi habitación como si pudieran cambiar el tiempo, como si quisieran invitarte.

 

Mariana Mazer (Argentina). Sus relatos han aparecido en antologías y revistas tanto argentinas como del exterior. Su cuento Aquaman fue publicado en la revista Hispamérica (Ediciones Hispamérica, Maryland, 2018). Cursa el MFA en Escritura Creativa en Español en la Universida de Iowa.

 

 

Si nevara en mi pueblo

 

Se morirían los palos de papaya, de guayaba y de mango.
Se caerían los techos de las casas de bareque.
Se congelarían, de verdad, las obras públicas.

Los huevos revueltos no llevarían sal:
la echarían en la calle,
donde,
los viejos ya no jugarían dominó
ni los niños fútbol.

Las fritangas y fruterías cerrarían
junto con el mercado público.
Los que venden aguacate, yuca y plátano,
dejarían sus carretas acumulando nieve
junto a los carritos de los que venden helado.

No se escucharían los mofles de los mototaxis yendo de aquí para allá,
por miedo a resbalarse.
Ni tampoco la melodía
de vallenatos viejos que viajan de un barrio a otro,
porque nadie sacaría los parlantes al patio.

Si nevara en mi pueblo,
tal vez sus calles se parecieran más a estas,
las que ahora camino:
sin desorden, sin ruido, sin gente.

 

Javier Hernández Feris (Sincelejo, Colombia, 1996). Economista por la Universidad del Norte (Barranquilla). Cursa el MFA en Escritura Creati-va en Español en la Universidad de Iowa. Trabajó como periodista en el periódico El Universal de Cartagena, publicando diversas crónicas.

 

 

 

 

 

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