Carlos Arango

Carlos Arango

El Llanero Solitito: Un guerrillero de la cultura

5 julio, 2019

Después del 2 de Octubre de 1968, y durante las luchas estudiantiles de fines de los sesenta, la cruda represión y la guerra sucia de los años 70, Cisneros se presentó en todo el país con un teatro urbano y contestatario, defendiendo los movimientos estudiantiles, las huelgas de los sindicatos independientes así como la toma de tierra, por colonos y campesinos.

En 1973, Estela Leñero Franco narra en la revista Proceso, como los estudiantes de teatro del INBA y de la Facultad de Literatura y Teatro   de la UNAM tomaron el Foro Isabelino (parte de las instalaciones de teatro de la UNAM, en Sullivan 43 de la Ciudad de México), a causa de la prohibición de la obra Fantoche de Peter Weiss, que ahí se estaba pre- sentando y al autoritarismo del Centro Universitario de Teatro. En ese tiempo, Héctor Azar era director en ambas instituciones y le llamaban  “el zar del teatro”. Recuerdo claramente en el Foro Isabelino haber visto varias obras dirigidas por Héctor Azar, también recuerdo el monólogo,  El Diario de un Loco, con Carlos Ancira, bajo la dirección de Alejandro Jodorowsky.

A raíz de la toma, se conformó el movimiento del Centro Libre de Experimentación Teatral Artística (CLETA), en el que participó Enrique Cisneros, el grupo Mascarones, Examen Tlatelolco con Claudio Obre- gón y Luisa Huertas, el grupo de cantos de protesta, Los Nakos, al igual que otros grupos teatrales de colonias populares.

El Foro Isabelino ahora era de CLETA lo cual representaba el  espíritu libertario de una revolución cultural, intergeneracional y que chocaba con la exquisitez de Azar, debido al carácter rebelde, crítico, anárquico e impugnador de Enrique Cisneros, junto a todos los grupos musicales y teatrales que estaban en la Universidad, que llevaban consi- go la conciencia y el mensaje de mostrar la cultura popular a las masas.

 

 

Ana Cervantes/ Secretaría de Cultura CDMX

 

 

En los barrios de la gran Tenochtitlan, también hizo posesión de otros espacios, como La Casa del Lago, referente cultural de la UNAM en Chapultepec, hasta su restauración en 1997. Aquí me gustaría hacer un paréntesis sobre La Casa del Lago Juan José Arreola, para recono- cer al escritor jalisciense, que formó talleres literarios, escribió teatro, cuentos y fue el primer director de este recinto; y que en Chicago se le celebró los 100 años de su natalicio el año pasado, Arreola falleció en diciembre del 2001.

La muerte de Cisneros, el de 2 de marzo del 2019, en las calles de la Ciudad de México, deja un enorme vacío en el teatro popular y sobre todo en la militancia de izquierda, la verdadera. El Llanero Solitito es un icono de la ciudad de México, universitario, luchador social, que ha pasado a otro espacio por una falla cardiaca a los 70 años. Fue parte de esa generación que se mantuvo con las posturas radicales vivas. No muchos se mantienen en la terquedad total. Es de admirarse que el 68 y lo subsecuente creó una nueva cultura de lucha social, de protesta y no rendición.

Sus maestros fueron Sergio García, de La Candelaria; Enrique Bue- naventura, del Teatro Experimental de Cali; Augusto Boal, del Teatro  del Oprimido; y Luis Valdez, del Teatro Chicano. La obra de Cisneros se adaptó a las luchas populares, estudiantiles, campesinas y obreras, así que en lo teatral tenía deficiencias, era más como una guerrilla cultural, que ocupaba todos los espacios para denunciar a los gobiernos burgue- ses de México. Ignoro qué pensaría de Andrés Manuel, ya que siempre estuvo fuera de la partidocracia, pero más cerca de los insurrectos como los zapatistas y las luchas populares.

Desde luego los artistas de la época han ido desarrollando el arte popular regresando a los orígenes de la cultura mexicana, rescatándola para las nuevas generaciones, tanto de lucha social como la música mexicana tradicional. Estamos en un parteaguas,  donde  la  cultura como siempre no es la más favorecida. Buscar los espacios y la narrativa implica renovarse y continuar.

Hace unos días me encontré a Miguel Ontiveros, poeta, que conoció de cerca al Llanero Solitito, siendo del grupo de Teatro Zopilote e invi- tados por Cisneros a formar banda. Le pedí una reflexión sobre Enrique Cisneros y aquí la reproduzco.

Al despertar y volver a este artefacto encontré que las ausencias van dejando espacios dolorosos que serán imposibles de llenar. Los escenarios guardan un silencio de respeto, las plazas guardan el eco de su voz, la historia de lucha constante queda como un ejemplo de guerrero incansable. Como seres humanos debemos experimentar ser parte de la luz, agua que corre dejando todo los beneficios de elemento necesario. El teatro siempre como arma de comunicación, siente que el luto lo cubre por el momento  pero Él queda vivo y viviendo en todos aquellos que le conocimos. Que se preparen los siguientes escenarios ya darán comienzo los espectáculos a diferente nivel.

 

¡Descanse en Paz Enrique Cisneros!

El Llanero Solitito

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