Julio Rangel

Julio Rangel

Consejo editorial

¿De quién es la ciudad?

6 octubre, 2019

 

A todas partes te sigue la conversación: una compañera de trabajo te dice que tiene que mudarse de su apartamento después de haber vivido allí por 35 años. Vas al sur, vas al norte de la ciudad, un amigo expresa su frustración por la torre de condominios que están construyendo a la vuelta de su casa, el encarecimiento que se le viene. “No hay industria más racista que el real estate” dice otra de tus amistades en una fiesta y entonces la configuración ‘étnica’ de la ciudad pone al desnudo un mapa dibujado por prácticas enraizadas en corruptelas políticas: el redlining (definido en Wikipedia como “la sistemática negación de varios servicios a los residentes de vecindarios o comunidades específicas, a menudo con involucramiento racial, ya sea directamente o por el selectivo incremento de precios”); los históricos covenants (la Encyclopedia of Chicago dice que “De 1916 a 1948 se emplearon pactos de restricción racial para que los vecindarios de Chicago se mantuvieran blancos.

En un lenguaje sugerido por el Chicago Real Estate Board, cláusulas jurídicamente vinculantes se añadían a parcelas de tierra cuyo tamaño variaba desde una cuadra de la ciudad hasta una subdivisión grande, que prohibían a los afroamericanos usar, ocupar, comprar, rentar o recibir propiedad en esas áreas”); o el uso discrecional que han hecho los alcaldes de los fondos TIF, destinados en teoría a estimular el desarrollo en zonas desfavorecidas, para favorecer mega proyectos en zonas más afluentes, etcétera.

La rápida reconfiguración de los vecindarios, la gentrificación y el encarecimiento de las rentas convierten a los habitantes de la ciudad en una masa indefinida de nómadas urbanos incapaces de echar raíces en un suelo que ya tiene dueño. Se entiende que los bienes raíces hayan forzado su camino en la conversación pública, y que el derecho a una vivienda digna como parte de los derechos humanos se haya incorporado en el debate político.

La fisonomía de esta ciudad ha sido cambiante por tradición. Nuevas oleadas migratorias dejan su impronta arquitectónica o algún rasgo cultural en los vecindarios y se añaden como un borrador incesante del gran texto de la ciudad. Pero la aceleración de las dinámicas neoliberales, las tendencias especulativas que lucran con el suelo urbano, han terminado por definir para quién es la ciudad: la clase trabajadora y las minorías son desplazadas cada vez más lejos de ese foco de progreso, de ese aséptico ideal citadino que se ha vendido como una marca en las urbes de todo el mundo, pensado para las oleadas de nuevo capital, una legión de jóvenes profesionistas que demandan vivienda en esas zonas que conforman lo que un periodista definió alguna vez como el ‘Starbucks belt’.

¿De quién es la ciudad? Con este dossier queremos plantear la pregunta en voz alta y hacerla extensiva a los lectores. Diferentes formas de vivirla y recorrerla, algunos caminando (Marco Escalante), otros a bordo de la CTA (Julio Rangel), unos con el escalpelo del periodismo investigativo (Kari Lydersen), otros por la vía del arte gráfico y la poesía (Arturo Fresán) o por la exploración del arte multimedia (Tonika Johnson), todos aquí, invitándote a recorrer las calles de Chicago con los sentidos bien despiertos.

Arte: Las imágenes de este y los demás artículos del Dossier son cerámicas hechas por alumnos de la secundaria Benito Juárez, bajo la dirección de Nicole Marroquín, y fotografiadas por Jacob Yeung.

Comentarios

Comentarios