Joel Rondon

Breve historia del cáñamo

5 julio, 2019

Yerba, mariguana, pasto, mafú y mota son algunos de los nombres callejeros del cáñamo, un planta que ha participado en la historia de la humanidad prácticamente desde la anti güedad. Desde que el Emperador Chino Shen Nung menciona la planta alrededor del 2727 A.C., evidencia del uso medicianal de cannabis sativa aparece a través de todos los imperios antiguos. Su uso está documentado en la India, el Medio Oriente, Grecia, Roma y todo el con tinente asiático.

La planta contiene dos compuestos — el tetrahydrocannabinol, o THC, y el cannabi diol, o CBD — que yacen en el centro de las controversias desatadas por esta planta tan abundante a través de la historia humana. Mientras el THC contiene, además de propie dades medicinales, propiedades sicoactivas,

el CBD carece de estas últimas propiedades. El llamado “arrebato” o condición de “pache co” — esa sensación de euforia para los que la fuman recreacionalmente — se debe al THC. Ambos compuestos contienen beneficios me dicinales para condiciones tan variadas como lo son la epilepsia y el cáncer.

Los colonizadores europeos introdujeron la planta en el hemisferio americano, aunque es posible que la yerba del cáñamo ya había llega do a las costas americanas por vías naturales. Sin embargo, fueron los europeos que promo vieron el uso del cáñamo tanto recreacional como parte de las industrias textiles.

La popularidad de la planta a través de tan tas culturas ha sido su talón de Aquiles, por así decirlo. Para finales del Siglo XIX, el cáñamo, naturalmente bajo en THC, se utilizaba para la manu factura de sigas, velas, sacos, y diferentes textiles necesarios para la navegación en barcos de vela. A principios del Siglo XX, los inmigrantes mejicanos desplazados por la revolución introdujeron el uso recreaciones del cannabis. Ya para la década del 1920 el consumo de cannabis con THC se había popularizado entre los músi cos y la industria del entretenimiento.

Ya para el 1937, se aprueba el Marijuana Tax Act que prohibe la venta de cáñamo y le impo ne grandes impuestos, esfuerzo propulsado por la industria de textiles de algodón, los emer gentes conglomerados de pulpa de papel, y la incipiente industria del petróleo. Hasta enton ces el cáñamo había sido el material preferido para la manufactura de textiles, papeles y hasta aceite para el alumbrado público. Antes de que la electricidad se popularizara a través de las patentes de Edison, el alumbrado público se lograba con aceite de cáñamo y de ballenas.

Sin embargo, el uso recreacional del cáña mo se hizo tan popular, que ha finales del Siglo XX las autoridades conservadoras utilizaron

la popularidad para declarar la famosa Guerra Contra las Drogas, iniciada por el Presidente Richard Nixon con su Controlled Substances Act de 1970, el cual abolió el Marijuana Tax Act y añadió la mariguana a la categoría 1 de sustancias controladas, la misma categoría que la heroína, la cocaína, y otras drogas. Esta ca tegoría describe drogas que no tienen ninguna propiedad medicinal. Curiosamente, tanto la heroína como la cocaína se habían sintetizado como fármacos a finales del Siglo XIX.

La inclusión del cannabis en esta cate goría respondió a influencias políticas y no estuvo basada en estudios científicos. En efecto, Nixon ignoró por completo un reporte publicado por la Comisión Nacional sobre Mariguana y Abuso de Drogas en 1972 que recomendaba penalidades mucho menores y prohibición condicionada. El cannabis era la única droga — con excepción del alcohol — cuya popularidad traspasaba todas las estratas y clases sociales. Ninguna otra droga era tan popular. Al incluir la mariguana en la categoría 1, las autoridades podían declarar que el uso de drogas cobraba proporciones epide miológicas.

 

 

 

Las estadísticas sobre el consumo de drogas no alcanzaban proporciones alarmantes si no se incluían las estadísticas sobre el uso de la mariguana. Armados con estas estadísticas, las autoridades comenzaron a militarizar los departamentos policiacos y el problema de la adicción a drogas se comenzó a definir como un problema criminal en vez de un problema de salud. A partir de la década del 1970, la Guerra Contra las Drogas cobró prioridad número uno y abrió el camino para introducir elementos ra cistas en la aplicación de las leyes antidrogas.

Mientras que en 1980 las cárceles contaban con un mayor número de convictos por casos criminales, ya para el nuevo milenio, las cár celes norteamericanas están llenas principal mente de convictos por casos de posesión y/o distribución de drogas. Naturalmente, la gran mayoría de los presos por casos de drogas son personas negras, latinas, o inmigrantes.

En adición, las autoridades comenzaron a usar la posesión de drogas para confiscar pro piedades y dinero relacionado a estos casos. Bajo estas leyes de confiscación — conocidas como forfeiture laws en inglés — las autorida des ni siquiera tienen que demostrar la comisión de un crimen al momento de confiscar propie dades y cuentas bancarias.

El abuso de estos poderes por parte de las autoridades, y la falta de resultados positivos de la susodicha Guerra Contra las Drogas, han dejado un saldo nefasto de convicciones por mera posesión, el saqueo de las riquezas de individuos a través de confiscaciones abusivas, y llevaron la opinión pública en contra de la Guerra Contra las Drogas.

Todo comenzó cuando las propiedades medicinales de la mariguana se convirtieron en innegables. California legalizó el uso medicinal de la mariguana a finales del Siglo XX. Desde entonces, más de una docena de estados han permitido el uso medicinal de la mariguana, incluyendo Illinois. Aún más, el uso recreacio nal se ha legalizado en estados como Colorado, Washington, Alaska, Maine, Distrito de Co lumbia, Nevada, California, Oregón, Massa chusets y Michigan, entre otros.

Hoy día, el beneficio del THC y el CBD para condiciones como epilepsia y cáncer es totalmente innegable. Al parecer, cada día son más las voces que piden la legali zación de la mariguana. Habrá que ver si esos es fuerzos por descriminalizarla, también incluirán la libertad  de los miles de americanos encarcelados por simples casos de posesión. Los próximos años serán cruciales.

 

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