Miguel Marzana

Miguel Marzana

Consejo editorial

Bolivia: Jallalla proceso de cambio

17 febrero, 2020

¿Ruptura o Golpe? Esa es la pregunta que muchos nos hicimos tras la dimisión de Evo Morales a su cargo como presidente de Bolivia. La renuncia de Evo Morales provocó fuertes reacciones a nivel nacional e internacional, pero ¿Hubo o no golpe de Estado en Bolivia?

 

El fraude y desmoronamiento.

Evo Morales renunció después de casi tres semanas de protestas y acusaciones de fraude en las elecciones generales del 2019. Sin embargo, Evo en realidad se derrumbó el 21 de febrero del 2016 cuando en un referéndum, el 51.3% de la población dijo “no a la reelección”, y el MAS (Movimiento Al Socialismo) utilizó el Tribunal Constitucional y el Tribunal Electoral a su favor, permitiendo que Morales fuera candidato para un cuarto mandato, todo esto pese a que “Bolivia dijo no” y que la constitución política solamente permite dos mandatos seguidos.

El 20 de octubre, después de haberse cerrado la votación, el Tribunal Supremo Electoral (TSE) publicó dos recuentos, entre las 5 y 6 pm. los dos recuentos de votos mostraban que el MAS lideraba con menos de diez puntos porcentuales, lo cual significaba ir a una segunda votación, pero en ese momento se cayó el sistema y se interrumpió el cómputo de votos. Entre las 9 y las 10 pm de ese mismo día y sin ninguna actualización del conteo de votos, el presidente Morales se declara ganador y el 21 de octubre el órgano electoral informaba que con solo el 95.3% de los votos verificados, Morales tenía un margen muy por encima de los diez puntos, lo que evitaba una segunda vuelta. Hasta aquí las movilizaciones son “pacíficas”.

El 30 de octubre, la Secretaría General de la OEA y el Gobierno del Estado Plurinacional de Bolivia firman los acuerdos relativos al análisis de integridad electoral de las elecciones celebradas el 20 de octubre, el 2 de noviembre el bloque opositor exige la renuncia del presidente, el 6 de noviembre, la oposición boliviana publica un informe de ciento noventa páginas en el que se denuncian fraude e irregularidades tales como adiciones erróneas de actas electorales, intercambio de datos y actas electorales en las que el MAS obtuvo más votos que los votantes registrados. Entre el 8 y 9 de noviembre la Policía Presidencial deja sus puestos y ese fue el fin. La Unidad Táctica de Operaciones Policiales (UTOP), cuya tarea era defender a Morales decide abandonar sus puestos para pedir la renuncia del presidente. Para el viernes 9 de noviembre, todos los oficiales de la UTOP ya habían abandonado sus posiciones, dejando a Morales solo frente a las protestas. El 10 de noviembre el comandante de las FF.AA. hace un comunicado en el que sugiere la dimisión del presidente, horas más tarde Evo renuncia desde la clandestinidad en el Chapare.

 

 

Evo Morales

 

 

La calle, escenario de la crisis.

La juventud de los sectores medios (generada gracias a los modelos gubernamentales implementados por Morales) y el resto de la población que salió a las calles a defender su voluntad expresada en las urnas, no se identifica con un gobierno autoritario. Además de las principales causas de la decepción entre los bolivianos y bolivianas que salieron a protestar desde el 20 de octubre en la noche, está la crítica a la mala actuación del gobierno de Evo con respecto al incendio forestal en la Amazonia boliviana, así como la falta de respeto al denominado 21-F o referéndum del 21 de febrero del 2016, (en el que un 51,3 % de los votos fueron a favor del no a la reelección) y la defensa de Territorios Indígenas en el Parque Natural del TIPNIS.

¡Nadie se cansa, nadie se rinde! fue la consigna durante las casi tres semanas de protestas. El candidato presidencial por el partido CC (Comunidad Ciudadana) Carlos Mesa que había convocado a salir a las marchas ganó en las urnas y se presumía vencedor en caso de haber segunda vuelta, pero perdió en la calle porque se distanció de las movilizaciones y fue incapaz de irradiar una opción militante contundente; en cambio se fue detrás del movimiento cívico, que desde el 23 de octubre encabezó la presión para exigir la segunda vuelta, la renuncia y luego la cabeza del presidente Evo Morales. Los movimiento cívicos, los comités y las juventudes (agrupaciones regionales de jóvenes) ganaron y perdieron al mismo tiempo.

Sí, se valieron del discurso moral del fraude (además de un chorizo fanático-religioso) para presionar y promover sin tregua la caída de Evo Morales, pero perdieron al mostrar las posturas radicales y ultra-conservadoras de sus líderes, especialmente la de Luis Fernando Camacho que ha sido comparado por diversos medios de comunicación con el presidente de Brasil Jair Bolsonaro y quien también ha sido tildado de racista, acusado de misógino y posicionado en la extrema derecha, gracias a su devoción al cristianismo (cabe mencionar aquí que Bolivia es un estado laico desde el 2009). El gobierno transitorio perdió porque entró para expulsar a la pachamama del palacio de gobierno o “la casa grande del pueblo” y porque inmediatamente ordenó  el uso desproporcionado de la fuerza policial y militar para reprimir las protestas, dejando un saldo de 32 muertos.

 

 

 

A Jeanine Añez la banda presidencial se la colocó un militar.

 

“Lamento mucho este golpe…” declaró Evo Morales, tembloroso desde el Chapare al anunciar su renuncia a la presidencia el pasado 10 de noviembre, en un mensaje a la nación poco después de que el jefe del las fuerzas armadas, Williams Kaliman, y el jefe de la policía Yuri Calderón sugirieran la renuncia de Morales de forma pública. El pronunciamiento de Kaliman y Calderón, se dio horas después de que Morales convocara a una segunda vuelta de elecciones y después de que la OEA (Organización de Estados Americanos) recomendara anular el resultado de las elecciones.

Los distintos gobiernos de América Latina reaccionaron haciendo interpretaciones de esta crisis política y social. Por ejemplo el expresidente de Uruguay, José Mujica dijo en un comunicado: “Es evidente que hay un golpe de estado en Bolivia, no hay que darle mucha vuelta. ¿Por qué? Porque hay un ultimátum del ejército que se tiene que ir o ir, y la policía acuartelada, ¿cómo se llama eso?”. El presidente de Brasil declaró en un tuit que: “Las denuncias de fraude electoral resultaron en la renuncia del presidente Evo Morales, la lección para nosotros es la necesidad, en nombre de la democracia y la transparencia, de contar los votos que se pueden auditar”. El canciller mexicano, Marcelo Ebrard: “ Es un golpe, porque el Ejército pidió la renuncia del presidente y eso violenta el orden constitucional en ese país”.

Para algunos expertos y politólogos, según el punto de vista técnico y jurídico el golpe fue evidente. Para la profesora Erica De Bruin, autora del artículo Preventing Coups d’état – How Counterbalancing Works, The Journal of Conflict Resolution. March 7, 2017, no queda duda de que lo que pasó en Bolivia fue un golpe de Estado, “En la práctica, la diferencia entre un golpe, una revolución y un levantamiento popular puede ser borrosa. Los golpes de Estado ocurren mediante protestas públicas generalizadas, es muy difícil que esas protestas tengan éxito sin el apoyo de una facción de militar”. De Bruin explica que cuando el comandante de las Fuerzas Armadas de Bolivia le pidió públicamente al presidente que renunciara, se trató de un golpe de Estado . El politólogo Jaime Yaffe asegura que el término golpe, usado en el caso de Bolivia se ajusta a la definición porque evidentemente hubo un quiebre del estado de derecho.

“Si bien Morales no fue sacado a la fuerza, su dimisión tuvo como precedente la insubordinación y la sugerencia de renuncia, el presidente renunció porque hubo un pronunciamiento de la Policía y las Fuerzas Armadas, no por voluntad propia”, Yaffe explicó que para poder hablar de un golpe, debe haber habido “una sustitución de las autoridades legítimas mediante vías que no están previstas en la constitución”.

Finalmente, ¿hubo o no un golpe estado en Bolivia? Hay disensiones sobre la forma en que debe nombrarse a este suceso; muchos analistas políticos y parte de la población en Bolivia rechazan la calificación de “golpe” argumentando que fue más bien un levantamiento de carácter popular en respuesta a las denuncias de fraude electoral, al populismo autoritario y al referéndum del 2016. En el fondo y tomando en cuenta todos los elementos de esta crisis que ha golpeado al pueblo boliviano y a la comunidad latinoamericana; es la sociedad boliviana la que debe hacerse los planteamientos más profundos, porque en el proceso y desenlace, cuando era el momento para unificar y estabilizar al país, sectores clave de la población quedaron más divididos, resultando esto en que murieran 32 personas, y porque después de todo se fue el mejor presidente que Bolivia ha tenido en los últimos 70 años.

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