Marina Cortés

Marina Cortés

Ansias de cambio, nostalgia de la dictadura, amnesia histórica y polarizaciones políticas 

17 febrero, 2020

Mis primeros trabajos artísticos que determinaron mi línea de pesquisa y mis más recientes escritos han indagado en la conciencia de la memoria histórica. Mis primeros trabajos, cuándo acababa de mudarme a Brasil, eran intentos de reconectarme con la memoria y la historia de mis orígenes españoles y de mi familia, que habían sido firmes defensores de la República; lo que me llevó a investigar sobre la Ley de Memoria Histórica aprobada por el gobierno socialista en 2007, que visaba conceder justicia a muchas familias de las víctimas asesinadas durante el franquismo. Sin embargo, muchas de aquellas familias todavía están esperando las prometidas exhumaciones de sus familiares para darles una digna sepultura. 

Mi experiencia en Brasil, donde me crié, me hizo observar ciertos paralelismos con la historia de España; dictaduras brutales en ambos casos apoyados por el gobierno estadounidense, y una amnesia histórica, o en algunos sectores, una creciente nostalgia social por el pasado dictatorial. Así como la historia es cíclica, las recientes polarizaciones políticas y el renacimiento y ascensión del fascismo en América Latina y en España han reconducido mi trabajo al punto de partida. 

Desde que comencé a investigar sobre la memoria histórica, mi orientación siempre fue, y creo que esto es clave, analizar la comprensión, el tratamiento, la representación y la jurisdicción actual del pasado. Hay una gran diferencia entre los países que han entendido la responsabilidad histórica como única forma de reconciliación y avance y los que han optado por ignorar un pasado agrio. Argentina y Chile han sido ejemplares mediante la creación de museos de la Memoria, la dedicación de muchos medios a las Comisiones de la verdad, y la educación en los colegios de las dictaduras respectivas. Aunque en Brasil con el gobierno del PT se creó una Comisión de la Verdad y España tiene una Ley de Memoria Histórica, estos dos países tienen una Ley de Amnistía vigente, que ha favorecido la impunidad de muchos crímenes. De hecho, las víctimas del franquismo español se vieron obligados a recurrir a la justicia argentina ya que las cientas de querellas habían sido ignoradas por el gobierno de España. 

El intento de borrar el pasado es una clara maniobra política con el propósito de mantener la hegemonía de ciertas instituciones, grupos sociales y poderes políticos; abriendo un espacio de ambigüedad moral y distorsión histórica que favorece el surgimiento del extremismo, (en la mayoría de los casos de la extrema derecha), apelando a una nostalgia de un pasado iluso, más fabricado que verídico.  

 

Victor Moriyama/Getty Images

En noviembre de 2018, Jair Bolsonaro fue elegido el 38° presidente de Brasil. Durante la campaña, fue elegido con un discurso de sesgo fascista, ultraderechista e intolerante. Apeló y glorificó la dictadura militar durante la campaña, y también durante los últimos años de su carrera como diputado, y emitió su voto por el juicio político de la presidenta Dilma Rousseff. De hecho, antes de postularse para presidente, era conocido solo por sus declaraciones polémicas y políticamente incorrectas, disculpas por tortura, misoginia, homofobia y racismo. El machismo y la homofobia impregnados en la sociedad brasileña eran evidentes, y a menudo alentados por el moralismo activo de las iglesias evangélicas. A lo largo de la campaña, Bolsonaro, que era un ex capitán del ejército, se acercó a los generales y otros militares con carreras políticas, destacando la sombra del golpe militar y el estilo de gobierno del régimen militar. Un aparente afán por el regreso de la dictadura, por el “orden” que luego reinaba, lleva a serias preguntas sobre la memoria histórica de la sociedad brasileña, enterrada, deformada por el silencio de la ley de amnistía que perdonó a los militares y militantes, los prisioneros, pero también los verdugos y torturadores de la dictadura.

Además, Bolsonaro mostró una mezcla de discurso económico liberal con posiciones políticas y sociales conservadoras, como la propuesta de lucha violenta contra el crimen, protección de la propiedad privada; la mayor explotación de la región amazónica por parte de la industria agrícola; la privatización de los servicios públicos y la reducción de las políticas públicas de bienestar social en Brasil. Fue una campaña contra el PT, que atrajo a personas que querían quitar el PT y lo que vieron como el antiguo establecimiento del poder. 

La campaña tenía pocas propuestas concretas, y el candidato nunca volvió al debate después de ser apuñalado durante una campaña en la calle. La victoria de Bolsonaro se basó mucho más en el odio y el mecanismo de incitación al odio; en el apoyo de la industria de la iglesia evangélica y su base fanática de valores conservadores; en la inflación del antipetismo y la paranoia contra la izquierda, “comunismo”, Venezuela; para atacar el establecimiento de los medios y el uso de WhatsApp y las redes sociales para propagar discursos y noticias falsas. Mostró un lado feo de la sociedad brasileña, dispuesto a apoyar un discurso extremadamente intolerante contra las mujeres, las poblaciones queer, indígenas y negras, aunque eso supusiera apoyar un gobierno inspirado por un régimen autoritario, y políticas neoliberales que marcaron el inicio de la dictadura militar. 

Es importante remarcar que, así como los Jesuitas en Argentina fueron grandes opositores a la dictadura de Videla y constituyeron una resistencia remarcable, la iglesia católica y evangélica en España y Brasil han sido instituciones que han contribuido mano a mano con regímenes autoritarios  y así han conseguido constituirse como poderes políticos determinantes en el contexto actual. La iglesia, en España y especialmente en Brasil, controlan una parte importante de la educación, de las decisiones políticas y gozan de grandes privilegios a nivel nacional. 

A pesar de los esfuerzos de Chile por reconciliar el pasado con medidas sobre la memoria histórica; la Constitución vigente data de 1980, bajo el mandato de Pinochet, y a pesar de haber sido reformada en múltiples ocasiones, mantiene un apelo conciliador ofuscado por el miedo de una época transitoria. Al igual que en España, la constitución creada durante la Transición intentó ser conciliadora sin profundizar en cuestiones polémicas que acarreaban un dolor histórico, simplemente poniendo parches sobre heridas abiertas. Es por ello que aquellas heridas nunca pudieron ser totalmente interiorizadas y reparadas y por lo que hoy tenemos un gobierno en Chile que usa herramientas de represión de la época de la dictadura mientras que manifestantes demandan justicia, o un partido extremadamente nacionalista es el tercer partido más votado en España y existen tantas personas ofendidas y polarizadas ante la exhumación de un dictador. 

Me niego a pensar que Neruda, Víctor Jara, García Lorca y tantos otros hayan sido asesinados en balde. 

Para caminar hacia delante siempre hay que mirar hacia atrás o como decía el gran Antonio Machado, “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar. Al andar se hace el camino, y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar.”

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