Portorican Trumpnation (Tropical Nightmare)

Foto de Elías Carmona eliascarmona.com

Luego de más de tres décadas en la cárcel – una docena de esos años en confinamiento solitario – Óscar López Rivera recién regresó a la libre comudad como resultado de la conmutación de su sentencia por parte del presidente Barack Obama. La decisión de brindarle homenaje en la Parada Puertorriqueña de Nueva York ha desatado una controversia en donde resaltan las profundas diferencias que caracterizan el perfil político de la isla del encanto y de los puertorriqueños en general. AT&T, JetBlue y Goya anunciaron que no participarán en la parada – una de las más grandes en EEUU con una asistencia promedio de dos millones de personas – de la misma manera que la policía de Nueva York retiró también su participación en el evento. La controversia aflora en uno de los momentos más precarios y volátiles de la breve historia del susodicho Estado Libre Asociado, etiqueta con la que la nación norteamericana oculta la realidad colonial de la isla desde el 1952.

La libertad de López Rivera ha puesto en evidencia las profundas diferencias políticas entre los puertorriqueños, tanto en la isla como en Estados Unidos. El cambio de administración norteamericana hacia la extrema derecha bajo Trump, ha motivado también la derecha puertorriqueña, desde siempre asociada a la anexión con los Estados Unidos.

“¡La extrema derecha, sin poner ni una sola bomba, ha logrado derrotar la extrema izquierda, utilizando la fuerza de la palabra en cada Tuit!” Estas palabras de la legisladora proestadista María Milagros Charbonier son un ejemplo de la inquieta ignorancia que cunde en el ruedo político de la isla. Este contingente de proestadistas en efecto supone que puede pertenecer y participar en la extrema derecha ‘blanca’ de lo que podríamos llamar ‘Trumpnation’, y pretende adjudicarle características pacifistas a un movimiento que resultó en desapariciones, persecuciones y hasta asesinatos, como los del Cerro Maravilla.

López Rivera es el último de los llamados prisioneros políticos puertorriqueños, un grupo de nacionalistas asociados con el FALN – Frente Armado de Liberación Nacional – Los Mache-teros – grupo responsable de llevar a cabo una campaña armada contra el gobierno estadounidense en defensa de la independencia de la isla. Durante varias décadas del siglo XX, Los Macheteros detonaron más de 100 explosivos, unos pocos de los cuales resultaron en una media docena de muertes y docenas de heridos.

Sin embargo, cuando se usa el contexto adecuado – la invasión norteamericana de la isla, la persecución política, el infame ‘carpeteo’, y el trato que se le ha dado a la isla como una mera propiedad de bienes raíces’ del Congreso norteamericano – hay que reconocer que López Rivera y a los demás prisioneros políticos no eran terroristas ni mercenarios, sino como un grupo que defendió una cultural y un pueblo asediado tanto en el pasado como en el presente.

Foto Elías Carmona eliascarmona.com

Desde el año pasado, una junta de seis miembros, nombrados por Obama, ha estado a cargo de los asuntos fiscales del gobierno de la isla. No tenemos suficiente espacio para entrar en los pormenores de la rampante corrupción que por décadas ha hundido a la isla en un mar de deuda de muchos miles de millones. Nos basta con señalar que las prácticas neoliberales de privatización y la desenfrenada cultura corporativa tienen papeles protagónicos en dicha crisis.  No nos podemos quedar callados ante un grupo de anexionistas que se aprovecha de las circunstancias presentes – la administración de Trump se ha distinguido por demostrar que no respeta la ciencia ni la verdad – para llevar a cabo un revisionismo histórico del verdadero significado y valor de la puesta en libertad de un personaje histórico como López Rivera. La historia y la educación no pueden tratarse como negocios, ya que de ellas dependen el futuro de los pueblos, inclusive el de una colonia como Puerto Rico.  Tenemos la responsabilidad de no olvidar.

Rafa Franco es escritor y forma parte de contratiempo.

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