¿Hay cultura en nuestra comunidad?

“Hay Cultura en Nuestra Comunidad”, se hizo llamar en 1970. Un mural híbrido y trascendental que marcó las distintas eras pilserianas a partir de su nacimiento hasta su silenciosa y dolorosa extinción el pasado junio del 2017.

La iconografía plasmada en la fachada de Casa Aztlán fue parte del inicio de un barrio más humanizado debido a la concientización y politización de sus habitantes por medio del movimiento chicano; mediante un acto de rescate por su identidad. La capa inicial estuvo bajo la dirección de Ray Patlán y jóvenes del barrio; experimentando con simbología precolombina y chicana. En 1974, en el segundo estrato por Marcos Raya, se repintó y añadió un distinto giro ideológico; pintando por primera vez al Che Guevara. Una nueva identidad al barrio de Pilsen había llegado.

A través de los años, entre retoques, las conexiones horizontales que unían estas vastas imágenes que atravesaban lo ancho de Casa Aztlán se renovaban al igual que el barrio, cambiaban de color. Se integraban nuevos elementos y se actualizaban sus personajes, incluyendo a los líderes comunitarios Rudy Lozano y a María Saucedo.

 

 

La historia trazada en este mural comunitario, revelaba un diálogo antiquísimo entre una expresión artística y el compromiso a la lucha donde se elevó la conciencia de la gente en una época pasada; un hito de la declaración social y del arte para las personas a reflexionar en años sucesivos.

Sin esta reflexión presente, se cierra un ciclo en el barrio de Pilsen, en donde la comunidad se manifestaba de manera impetuosa, murales comunitarios; una forma artística que permitía articular la lucha de sus comunidades, haciendo frente a sus problemas locales como la urbanización, los brutalidad policiaca, el abuso de drogas, guerra entre pandillas, así como narraciones en problemas raciales, sexismo y opresión cultural.

De ahí, un futuro incierto acecha en Pilsen; donde se diluya la decadencia y el arrastre de un pasado imposible de soltar o un impulso que permita a los Pilserianos a reabrir un nuevo ciclo reinterpretando su historia, su pasado, para tangibilizar perspectivas visionarias y solo tal vez poder responder si… ¿Hay Cultura en Nuestra Comunidad, sin la fachada de Casa Aztlán?

 

Stephanie Manríquez es miembro del consejo editorial de contratiempo.

 

 

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