Battlefield de Peter Brook

En 1985, el célebre director de teatro Peter Brook, marcó un antes y después en la escena teatral con su majestuosa puesta en escena del poema épico “Mahabharata”. Esta empresa titánica, que le tomó a Brook más de una década, contaba con actores de distintas nacionalidades como el polaco Ryszard Cieslak, quien se había consagrado con el “Teatro de las Trece Filas” de Jerzy Grotowski, y convertía, con ese elenco, a un poema hindú en una historia profundamente humana con la que cualquier cultura se podía relacionar. Treinta años después, con “Battlefield”, Brook decide visitar de nuevo este poema y adaptarlo a nuestro tiempo. Un tiempo en el que la guerra, tema principal del Mahabharata, se nos presenta más de una vez al día en nuestras pantallas. Un tiempo en el que con deslizar un dedo podemos ignorar los muertos en Siria, o los muertos en Portland, o los muertos en Inglaterra, o los muertos en Baghdad, o los muertos en Venezuela, o los muertos en México, o los muertos… simplemente los muertos.

En “Battlefield”, Brook destila en una hora su anterior “Mahabharata” de nueve horas y escoge para esta nueva versión el momento en el que el Rey ludistira (interpretado sutil y poderosamente por Jared McNeill) ve los cuerpos que yacen en la tierra de una guerra recién acabada. En ese momento, Iudistira se da cuenta que uno de los enemigos que mató era su propio hermano. Acto seguido, su anagnórisis. El Rey le confi esa a su madre que lo que pensaba como victoria era en realidad una derrota. La escenificación de Brook es sobria, limpia y precisa. Ese minimalismo que lo caracteriza nos enseña un universo entero con los recursos más simples. Un par de bufandas y palos recrean toda la historia y son convertidos, gracias a los diestros actores, en caminos, palacios, animales y dioses.

Con el paso del tiempo, Brook se ha ido despojando de la parafernalia, de los recursos
mecánicos, de los excesos gestuales. En escena vemos a actores que no actúan, se convierten en cuentacuentos, en narradores de una historia pasada que con sus voces se hace presente.

Brook regresa al comienzo del teatro, al comienzo de la historia misma. Los espectadores nos volvemos oyentes dichosos de mitologías antiguas que crearon culturas enteras. Battlefield transforma el teatro en otro espacio y nos recuerda que al estar juntos, compartiendo una historia, nos acercamos al que está al lado porque compartimos ya algo en común.
Esta comunión se hace presente al finalizar la obra. Un silencio invade el teatro y nos quedamos viendo a los actores sólo estando presentes. Un sentimiento de incomodidad pero a la vez de gozo nos envuelve. Brook nos recuerda la importancia de observarnos, de estar con el otro sin hacer o decir. Tarea difícil, muy difícil en nuestra sociedad. Después de minutos que parecen eternos, un espectador aplaude, se rompe el silencio y con él la magia. Regresamos a la verdadera hipnosis que es la vida misma. El teatro es verdad efímera y Brook lo muestra de una manera genial. Después de todo, no hay nadie que conozca la escena tan profundamente como él.

El rey Dritarastra dicta un aforismo en su primera intervención: Todas las penas que sufrimos en esta vida surgen de la condición humana. La puesta en escena nos confronta con argumentos difíciles de aceptar. Plantea que la guerra forma parte de nuestro destino como raza humana. Que nuestros deseos bélicos son inagotables y que siempre estarán presentes. Este planteamiento, un tanto fatídico, es el que el espectador se lleva impreso a casa. Battlefield se presentó en el Museo de Arte Contemporáneo de Chicago en abril y ha estado de gira por Estados Unidos desde el 2016. El elenco lo integran: Jared McNeill como el Rey Iudistira, Carole Karemera como su madre, Sean O´Callaghan como el Rey Dritarastra, y Toshi Tsuchitori tocando el tambor japonés. La iluminación corre a cargo de Philippe Vialette. Marie-Hélène Estienne, colaboradora de Brook de toda la vida, dirige y escribe junto con él.

Víctor Maraña es actor y miembro del consejo editorial de contratiempo.

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