María Gaspar: El arte como arma para recuperar los espacios de los poderosos

gaspar2Me crié en La Villita”, cuenta la artista chicaguense María Gaspar, “y de adolescente siempre estuve rodeada de muchas personas creativas. Me la pasaba con los muralistas de la vecindad”. Cuenta que las fronteras entre la comunidad y los “artistas” eran bastante fluidas, y había muchos artistas que peleaban contra la noción de que el arte no podía ser accesible, y que no tenía que estar forzosamente expuesto en museos y galerías.

A esto, hay que añadir, dice Gaspar, hoy día profesora del Art Institute y artista premiada, que su mamá era payaso profesional.  A la par de ser asistente de maestra por más de 45 años, ya a los casi cuarenta años de edad, su mamá decidió ir a escuela de payasos y tenía ese trabajo y vida paralela. Dice Gaspar que ella era la “mini-payaso” de su mamá; como tenía apenas cinco años no podía dejarla sola y le tocaba ir a fiestas y a casas de vecinos a ayudarle a su mamá con la función. Por si fuera eso poco, su mamá también fue locutora de radio en WCYC antes de que se convirtiera en Radio Arte, ya que la estación le quedaba a cerca de casa. En calidad de locutora de WCYC, su mamá programó conversaciones con latinas y hasta lecturas de poesía.

De allí comenzó la pasión de Gaspar por crear arte que incorporara espacios reales, y surgió en ella el gusto de ese trabajo comunitario que ella describe como lleno de “ternura” pero a través del cual surgen ideas radicales en la construcción de un nuevo imaginario colectivo.

Gaspar sintió además necesidad de reflejar el ejemplo de su madre que creó un espacio propio en un país ajeno, como latina, activista política e inmigrante. Todo esto, considera, es parte de una negociación necesaria del espacio y del poder y de los espacios de los poderosos.

Sus primeros pasos artísticos los dio como muralista, en un proyecto llamado Vida que se centraba en la educación sexual y la prevención del VIH/SIDA. Le llamó la atención que ese arte nunca excluyó a la comunidad LGBT de La Villita, y esa inclusión también forma parte de su trabajo hasta el día de hoy.

Cada espacio, dice Gaspar, tiene su poder diferente. Su arte pretende crear de cada espacio un poder inclusivo que pueda sobreponerse a las percepciones erróneas sobre los espacios que excluyen a algunos de puestos de poder. De allí nació su proyecto 96 Acres, que recupera el espacio opresivo de la cárcel del Condado de Cook ubicada en la Calle 26, a la entrada del barrio de La Villita. Ese espacio, con una extensión de 96 acres que podría cubrir 74 canchas de fútbol americano, representa tanto dolor y conflicto y tensión, que sintió la necesidad de hacerle una intervención artística, subversiva, la cual sostuviera una conversación real con el espacio.

96 Acres es parte de un proyecto nacional en el cual compitieron más de cuarenta propuestas, de las que se escogieron ocho. Cada proyecto tenía que sostener un dialogo con la cárcel de la ciudad, entender y ser sensible a las complejidades de el encarcelamiento de tantos seres humanos masiva, y lograr la participación de la comunidad.

Para el proyecto de La 26, cárcel situada en un área de ochenta mil habitantes de los cuales muchos trabajan precisamente en ese espacio, Gaspar creó entre otros, el de PARK. En un día, en los alrededores de la cárcel se estacionaron 100 vehículos de tres colores: negros, cafés, blancos — en proporción directa a las proporciones de las razas y etnias de los reos, o sea, afroamericanos, latinos y anglosajones. Sobra decir que la mayoría de los coches eran negros, había bastantes color café y pocos blancos.

En otra ocasión, ayudó a presentar una obra de teatro en la cual las actrices eran mujeres quienes habían estado presas en la cárcel del Condado. La obra se presentó cerca de la entrada de los visitantes, y a la escenificación siguieron un picnic y actividades para los niños. Dice Gaspar que fue un momento irreal, pero poderoso, en el que las participantes recuperaron su dignidad en los alrededores de un espacio que se las había robado por un tiempo.

Explica Gaspar que su arte no tiene la probabilidad de hacerle algo a espacios como la cárcel, no los puede eliminar ni modificar. Pero sí puede lograr crear nuevas imágenes y percepciones de esos espacios, crear una nueva narrativa en la que seamos protagonistas de otras historias más felices.

Como parte de esa nueva narrativa, ha creado un archivo en SoundCloud que va acumulando historias de la comunidad, y que se puede usar en radio. Esto lo ha querido hacer, dice, porque el audio y el radio también tienen ese poder de traspasar paredes. Es una manera de redefinir lo que es el arte, cuenta, no un espectáculo, pero la creación de una experiencia contundente que humanice los espacios donde algunos tienen mucho poder y muchos otros no tiene ningún poder. También como parte del proyecto de PARK se hicieron grabaciones con los participantes y el “público” del arte que en muchos casos eran los transeúntes normales del día.

Gaspar estima que sus nuevos proyectos la llevarán de vuelta a las cárceles, por lo que está viendo la posibilidad de crear iniciativas educativas para prisioneros. También ha apoyado la creación y distribución de The Princess Who Went Quiet, un comic para los niños cuyos padres han estado encarcelados, con Bianca Díaz y Mariana Caba.

A la par, maneja la negociación de espacio en sus obras de arte individuales, como Brown Out, (exposición que se presentará en el 2016 en el Museo Nacional de Arte Mexicano) en la que parcialmente va cubriendo espacios con el color café. Dice que esto nació de ver cómo el programa de la ciudad para eliminar el graffiti lo cubría con grandes y feas plastas de pintura café, que poco a poco ahogaban la arquitectura.

Esto le dio la idea de cómo era que el color café, a lo latino, cubría pero revelaba el espacio a la vez, y de esta tensión entre cubrir y revelar nació Brown Out y muchas de sus obras individuales. Añade que su obra individual también refleja sus pensamientos de la experiencia de su familia como inmigrantes, quienes eran invisibles y querían ser visibles para la sociedad en la que participaban.

De alguna manera, relata, se sigue remontando a esos momentos en que su mamá creó su propio espacio dentro de La Villita y Chicago, “De la misma manera, decidió que yo iba a crear un nuevo espacio, lo iba a hacer existir”. El color café lo ha usado en galerías para crear imágenes que aparecen y a la vez desaparecen dentro de paisajes –nuevos espacios– bellos y mágicos.

Es como la cárcel, dice: “Tengo que verla, no tengo poder sobre eso. Ni tenemos quizás mucha influencia sobre la manera en la que el encarcelamiento de tantos seres humanos afecta nuestra sociedad. Pero a través del arte, podemos imaginarnos los espacios y contar nuestras historias de otras y nuevas maneras”.

Para mayor información: www.mariagaspar.com

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Catalina María Johnson es integrante del consejo editorial de contratiempo, escritora y locutora/productora del programa radial Beat Latino (www.beatlatino.com). Inspirada por la conversación con Gaspar, Johnson dedicó un programa reciente de Beat Latino a canciones que manejan el tema del color café como símbolo de identidad latina en los Estados Unidos.

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