Los 43 y la lucha por la esperanza

los-43-de-iguala-mexico-verdad-y-reto-de-los-estudiantes copyLeer Los 43 de Iguala. México: verdad y reto de los estudiantes desaparecidos (Anagrama, 2015) duele. Es difícil. El autor, Sergio González Rodríguez, no da tregua al lector: datos y reflexiones se combinan en una vorágine que es brillante al tiempo que arranca la piel a jirones, que es precisa al tiempo que desesperanzadora. El autor confiesa su propio dolor, el dolor personal e íntimo que le evoca la violencia y que en estos tiempos se centra en la desaparición de 43 estudiantes normalistas en el sureño estado mexicano de Guerrero, ocurrida hace poco más de un año.
Al aniversario de los 43 de Iguala, los 43 de Ayotzinapa, le acompaña no sólo la aparición del libro de González Rodríguez sino la difusión de un informe independiente que ha echado por tierra la versión oficial sobre los hechos acaecidos en septiembre de 2014.
El silencio, o la evasión oficial de comentario, no es la única característica que ha marcado la discusión en torno a los 43. También están los intentos, deplorables, por silenciar a quienes quieren poner el dedo en el llaga.
No es González Rodríguez un autor desconocido, novel o marginal. Es un periodista y ensayista de muy larga trayectoria, un autor multipremiado y una de las voces más autorizadas en los temas de seguridad nacional y violencia en México.
Aún así, grupos de radio y televisión en México han cerrado filas para evitar la difusión de este libro y ha existido presiones sobre reporteros culturales para no tratar el tema.
¿Qué es lo que cuenta González Rodríguez que tanto molesta al poder? Mi respuesta como lector sería ésta: lo que propone el autor es una mirada desde todos los ángulos. Lo que propone el poder, es la mirada desde uno sólo. Cuando eso ocurre, normalmente el poder tiene algo o mucho que ocultar.
González Rodríguez mira al tema de los 43 desde todos los puntos de vista posibles: la historia de violencia, pobreza y marginación del estado de Guerrero, una de las zonas más desfavorecidas de México; el narcotráfico; la acción violenta de grupos de extrema izquierda asociados a viejas reivindicaciones sociales y políticas; la intervención del narcotráfico y su toma de espacios civiles; la acción del ejército y las fuerzas policiales; la corrupción de gobiernos locales, y la falta de acción, irresponsable, de los gobiernos estatal y federal aún cuando sabían lo que esta ocurriendo. De remate, las acciones de desestabilización política por parte de Estados Unidos cuyo interés geopolítico reside en mantener a México como foco para el tráfico de armas y drogas.
Poner este panorama en contexto inquieta al gobierno y cuestiona la labor de los medios. González Rodríguez es experto en incomodar. No escribe para quedar bien, no escribe para satisfacer egos propios o ajenos. Escribe porque algo le duele, algo lo enfurece, algo le llega. Y lo que escribe nos duele, nos enfurece, nos llega.
“El influjo de lo perverso ha devorado la civilización, el orden institucional, el bien común”, escribe González Rodríguez en una introducción brillante al texto, que luego irá apuntalando con datos duros y precisos. González Rodríguez denuncia “la normalidad de lo atroz en medio de la política formal, el imperio de la propaganda, el espectáculo, la banalidad de las telecomunicaciones y el tono neutro del discurso político. Hemos pasado del costo de las sociedades totalitarias y su barbarie inherente al riesgo de las sociedades globalizadas y la inmanencia de su barbarie”.
El lector que tenga curiosidad puede leer muchas versiones de lo que pasó el 26 de septiembre de 2014. Está la versión oficial, la malhadada “verdad histórica” del presidente Enrique Peña Nieto y su ex procurador Jesús Murillo Karam; está el contundente informe del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI). Y está el libro de González Rodríguez. Pero al leer este último, el lector debe entender, le conviene entender, que no se trata de una mera reconstrucción de hechos sino de una reflexión profunda sobre el presente y futuro de México, propuesta por el autor desde una dolida esperanza. “Sólo recuerdo la verdad y reto que anunció Walter Benjamin: gracias a los que han carecido de esperanza, nos es dada la esperanza”.
Antes de esas palabras, que fungen como epílogo del libro, González Rodríguez ya habían apuntado cuatro pasos que México debe dar y no estar dando: descargar a las Fuerzas Armadas de su función policial al tiempo que se fortalecen y renuevan a los cuerpos policiales existentes; controlar el flujo y posesión de armas ilícitas y desarmar a los grupos criminales; establecer planes de desarrollo para las zonas del país con mayores índices de violencia a fin de combatir pobreza, desigualdad y crímenes; y “más inversión productiva y menos gasto en armas y políticas criminales fundadas en el terrorismo de Estado”.
El costo de no hacer esto, lo advierte, es la continua erosión de instituciones y la imparable vulneración de la convivencia social, comunitaria, familiar y personal.
Yo, como lector agradecido, y con González Rodríguez y Benjamin, confío en aún no perder la esperanza.

Gerardo Cárdenas, periodista y escritor mexicano, es director editorial de contratiempo

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