Las dualidades de María

Kristen Stewart y Juliette Binoche en Clouds of Sils María

Kristen Stewart y Juliette Binoche en Clouds of Sils María

En The Clouds of Sils María, la actriz francesa Juliette Binoche le presenta al director y guionista Olivier Assayas un reto formidable: escribir un personaje femenino complejo, profundo, fuerte, interesante. Al parecer, las anteriores colaboraciones de ambos en al menos tres otras películas (Rendez-Vous, 1985; Alice et Martin, 1998; y Summer Hours, 2008), le han dado a la veterana actriz el derecho a cierto control de calidad. Y el resultado, sin duda, no decepciona.

María Enders es una afamada actriz a quien le han propuesto participar en el re-montaje de la obra que la saltó a la fama hacía 20 años en el papel de Sigrid, una joven de 18 años que manipula y utiliza sus encantos para subir en su trabajo; solo que esta vez,  interpretando al personaje de la mujer mayor, que sucumbe a una desesperada pasión por la  joven y es, ultimadamente, empujada al suicidio.

La película se lee mucho como una dualidad constante, donde presenciamos largas escenas plagadas de diálogos al más estilo naturalista del teatro de finales del XIX y principios del siglo XX (un constante darle voz al pensamiento  interno), al tiempo que el contenido de dichas conversaciones se refiere, en muchas ocasiones, a temas banales y efímeros, dignos de la cultura popular más característica de nuestros tiempos del Youtube, las búsquedas en Google y la comunicación constante de textos electrónicos.

Tal dualidad, o dicotomía, se mantiene en todo el tipo de relaciones presentes: juventud-madurez, experiencia-ingenuidad, intelectualidad-ignorancia, sinceridad-engaño, de manera que la relación entre María y su asistente, Valentine (Kristen Stewart) refleja la relación de poder y dominancia insinuadas en el texto de la obra de teatro que ambas ensayan (Maloja Snake), en el mismo lugar en los Alpes suizos donde tiene lugar; el paisaje natural frío y aislado subrayando la intensidad emocional de ambas mujeres.

Por  otro lado, tenemos la presencia de la joven actriz y reina de los tabloides (Chloë Grace Moretz), quien hará la contraparte en dicho montaje y que es el constante recordatorio para María de la juventud perdida, del papel desplazado, del reverso de los roles y de la inhabilidad para navegar los rápidos de una modernidad eternamente cambiante, una era donde el énfasis es en lo efectista, en lo impersonal.

En tal era vemos morir, por suicidio, al amigo y mentor, Wilhelm Melchior, autor de Maloja Snake, quien representaba una época donde el arte y la creación se hacían a destajo, sin miedo, desnudando al personaje y obligando al público a mirarse y reconocerse en tal crudeza. Wilhelm descubrió a María y le dio no solo alas sino poder, al darle el personaje de Sigrid, tanto en la escena como en la versión fílmica. Un rol con el que ella se identificaba por completo, con todo el calor de su prepotente  ingenuidad y que después no quería soltar, al tener que ahora representar a Helena, la mujer mayor, la víctima. Ella se niega primero a actuar tal cambio; ¿qué pensaría su maestro, su ídolo, su figura paterna, de tal rebaja? Ella no tiene nada que ver con Helena; o al menos eso es lo que quiere creer, mientras Valentine la convence de lo contrario, diciéndole que ella también, al igual que Sigrid, muestra una clara inocencia, pese a su edad. María juega ahora el papel del ídolo sujeto a la adoración de Valentine, a quien hiere constantemente tachándola de ingenua e irrelevante, su propia irrelevancia siendo después expuesta, no sin cierta malicia, por la nueva actriz (el reemplazo, la nueva cara de Sigrid) quien, al menos en apariencia, había antes profesado igual adoración.

María se ve forzada a continuar con el proyecto, pese a su rechazo inicial hacia el personaje, pese a sus supersticiones (la actriz que interpretó originalmente a Helena murió en un accidente a tan solo un año de estrenarse la película), pese a tratar de romper su contrato (su agente presente a lo largo del filme tan solo por vía Skype) y pese al final abandono de Valentine, su única compañía, su más sincero contacto consigo misma.

María se rinde a lo inminente, pero no con falta de carácter y elegancia, su estatura de gran actriz presente hasta el final, aún cuando ella misma se resignaba a pasar la batuta. Nos deja algo de esperanza la aparición justo al final, de un joven director desconocido que quiere invitarla a actuar en una película futurista; un proyecto pobre, independiente, repleto de imaginación y seres espaciales extraordinarios. María le dice que todo eso le suena demasiado abstracto; que haría mejor en sugerirle el papel a Jo-Ann Ellis, la nueva actriz que muestra tanto futuro. Pero él alega que precisamente ese tipo de jóvenes artistas jamás verían a sus personajes como ella, quien gracias a su pertenencia a otra época, más involucrada, menos cínica, puede encontrarle un carácter humano y mucho más genuino, hasta a un extraterrestre.

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The Clouds of Sils María forma parte del programa oficial del 50 Festival Internacional de Cine de Chicago, que se presentó el pasado mes de octubre.

Andrea Ojeda, mexicana, reside en el área de Chicago.

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Comentarios

  1. Ros del Carmen Espinosa dice:

    Ya se me antojò muchísimo verla. Muy buena reseńa¡

  2. Me encantó la forma en que se describe este filme, en estas líneas. Qué bien dicho todo, gracias.

    Me gustó mucho el film, las interpretaciones tan bien logradas, lo no dicho. Todo.

    Una Juliette Binoche soberbia.

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