Eco de la montaña

Fotos cortesía: Eco de la montaña

Fotos cortesía: Eco de la montaña

En 1997, el entonces presidente de México, Ernesto Zedillo, regaló a su homólogo francés, Jaques Chirac, un mural de dos metros por tres, compuesto en su totalidad por chaquiras, para ser puesto en la entrada de la estación Palais Royal del metro de París, parada del afamado museo del Louvre. A cambio, los franceses dieron a México una réplica de las famosas estaciones de metro parisinas que fue instalada frente al Palacio de Bellas Artes, sirviendo a la parada de la estación de metro del mismo nombre en el centro de la Ciudad de México.

La ceremonia de inauguración del mural, Pensamiento y alma huichol, asombroso por su intricado contenido, intenso colorido e interpretación de una de las culturas indígenas vivas más activas de México, se llevó a cabo con gran pompa en París, donde asistieron Zedillo y otros personajes de la época, con excepción de una sola persona: el autor de la obra, Santos de la Torre, él mismo un indígena wixárika (huichol). En algún lugar de la Sierra Madre Occidental, en el estado de Jalisco, en su muy humilde rancho, se encontraba Santos, perfectamente ignorante de lo que acontecía a miles de kilómetros.

Cada uno de estos murales le toma al artista alrededor de un año de trabajo, y aproximadamente dos millones de chaquiras, previo paso por el proceso creativo de concepción del tema, la estructura, etcétera.

Una breve mirada a cualquier mural de este tipo, basta para ver que esto no es cualquier artesanía, y que nos encontramos frente a un trabajo que requirió, de su autor, no solo tiempo sino una buena dosis de amor; el mural refleja el recuento de las cosas más importantes de su cultura que son plasmados en pequeños cuadros alternados: vida, simbolismo, espiritualidad en cada imagen. Uno de los murales de Santos de la Torre forma parte, por cierto, de la colección permanente del Museo Nacional de Artes Mexicanas, en Pilsen.

Cuando el cineasta Nicolás Echevarría (director de largometrajes como Cabeza de Vaca o de la serie documental sobre Maximiliano y el Segundo Imperio en México) se enteró de la historia de este mural, se indignó de tal manera que quiso conocer al artista y hacer un documental sobre él, como denuncia, como llamada de atención; le enfurecía que a De la Torre no solo no lo invitaron a la inauguración de su propia obra, sino que ni siquiera la colocaron bien ni le pagaron lo acordado.

Foto cortesía: Eco de la montaña

Foto cortesía: Eco de la montaña

La coincidencia de que De la Torre estuviese a punto de comenzar un nuevo mural le dio a Echevarría la oportunidad de documentar el proceso íntegro del artista, desde su concepción hasta su término. Poco sabía el cineasta que esta coincidencia lo iba a hacer adentrarse de manera íntima en la vida, los peregrinajes, los rituales, la mitología, el trabajo de este wixárika, su familia y miembros de su comunidad.  El resultado es el documental Eco de la montaña (2014).

Antes de comenzar su trabajo, De la Torre se muda a la ciudad de Zacatecas donde puede montar su taller y llevar a su familia a vivir, ya que todos participan en la elaboración del mural, chaquira tras chaquira. Tras una visita a la papelería local, donde adquiere blocs de dibujo, lápices de colores, una regla de plástico, cinta adhesiva, el siguiente paso es esperar la inspiración, que debe venir de un lugar divino. El artista no es sino la voz de los dioses, a quienes, además, debe pedir permiso para hacer esta obra.

A lo largo de su realización, vuelve a los sitios sagrados, recorriendo varios cientos de kilómetros por la región huichol, mostrando a sus nietos el valor de las tradiciones, haciendo el mismo peregrinaje que sus ancestros han recorrido por siglos por la ruta del peyote.

Algo que no menciona el documental, pero que conlleva un llamado urgente, es que esos sitios sagrados están en peligro de ser destruidos actualmente por la avaricia del capital y de la industria que erosionan su tierra y buscan la explotación mineral. De la Torre sí llega a exponer la situación a través de metáforas: así como nos hace mal y nos enfermamos cuando nos cortamos, cuando abrimos nuestras venas, así nuestra tierra se enferma, cuando la abrimos, cuando dejamos que sangren sus ríos que son sus venas, cuando le sacamos lo que trae dentro. El pueblo wixárika y su región sagrada de Wirikuta, están siendo atacados: el tigre hambriento arremete, pero el toro, el alma del huichol, se defiende con fuerza.

La situación de emergencia en Wirikuta ha llevado a la formación de un movimiento de defensa que aboga por que la UNESCO la declare como región protegida, algo que es urgente y que va más allá de la cultura indígena del lugar para abarcar también el delicado equilibrio ecológico de las miles de especies vegetales y animales que la pueblan.

En el principio había oscuridad, hasta que nació el Sol, explica De la Torre. Al principio le tenían recelo porque era muy brillante, pero ya después vieron que todo lo que hacía era bueno para la tierra. Terrible será el día que el sol se ponga en los cerros de los huicholes.

El documental Eco de la montaña fue estrenado mundialmente dentro del 50 Festival Internacional de Cine de Chicago y ganó el Premio Hugo
de Oro al mejor largometraje documental.
Para más información, visitar la página web http://echoofthemountain.com

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Andrea Ojeda, mexicana, reside en el área de Chicago.

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