El candidato del Partido Revolucionario Institucional, Enrique Peña Nieto, resultó derrotado al contabilizarse los votos de los mexicanos que radican en el extranjero.
Peña Nieto ocupó el tercer lugar en las preferencias electorales entre los mexicanos que viven fuera de su país. Es obvio que el número de votantes mexicanos en el exterior es mínimo en comparación con el universo potencial de éstos en el exterior y con el total de votos emitidos dentro del país.
Sin embargo, es significativo que Peña Nieto haya perdido en el extranjero a pesar de que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) desestimó todas y cada una de las impugnaciones del Movimiento Progresista y validó la elección de Peña Nieto.
Los mexicanos en el exterior emitieron 40 mil 733 votos. El 40 por ciento fue para Josefina Vázquez Mota del Partido de Acción Nacional; el 37 por ciento para Andrés Manuel López Obrador de la Alianza Progresista; y el 23 por ciento para Peña Nieto.
La diferencia entre Vázquez Mota y Peña Nieto es casi el doble de puntos porcentuales. Mientras que López Obrador lo aventaja con casi 15 puntos. Peña Nieto perdió claramente las elecciones en el extranjero.
El resultado es más que simbólico porque evidencia que Peña Nieto perdió en el único lugar donde los comicios no se vieron marcados por las anomalías que plagaron la elección en México. Recordemos que el dictamen anunciado por el TEPJF el 30 de agosto ocurre en un marco de impunidad casi total. El 92% de los crímenes no se resuelven en México. Existe un manto de duda sobre prácticamente todas las instituciones mexicanas, sobre todo aquellas que supuestamente están dedicadas a impartir justicia.
Los mexicanos saben que la justicia —ahora también la electoral— está en manos del mejor postor. No es descabellado entonces cuestionar si los magistrados son cómplices de la imposición habiendo avalado el más grave golpe a la democracia mexicana en la historia reciente de México.
El TEPJF desestimó la evidencia que recabaron miles de mexicanos en varios estados del país. Los magistrados se dedicaron a desestimar las pruebas que presentó la izquierda. Sin embargo, no hay ninguna institución mexicana capaz de haber llevado a cabo una investigación independiente y exhaustiva sobre si hubo o no fraude.
No se trata sólo del “arte de probar”, como dijo uno de los magistrados, sino también del arte de la investigación judicial. Y del arte de impartir justicia sin corrupción de por medio. La frase “se investigará hasta las últimas consecuencias” es el hazmerreír de los mexicanos.
Los mexicanos en el extranjero votaron sin haber sido sujetos por varios años a la campaña mediática de Televisa en favor de Peña Nieto. La estrategia de Televisa para posicionar a Peña Nieto como el nuevo rostro del PRI se llevó a cabo no sólo en la televisión, sino también en la radio y las revistas propiedad del emporio mediático. Televisa se encargó de arrojar una luz diáfana y permanente a la imagen de Peña Nieto. La investigación que publicó el diario inglés The Guardian reveló la extensa y millonaria campaña de relaciones públicas que Televisa llevó a cabo a favor del candidato del PRI.
Asimismo, los mexicanos en el exterior tampoco fueron bombardeados constantemente por encuestas que ubicaban a Peña Nieto con una ventaja considerable. La mayoría de las encuesta supuestamente independientes ubicaban a Peña Nieto con una cómoda delantera y crearon la percepción de que el candidato del PRI iba adelante.
Por otra parte, el PRI tampoco pudo haber repartido despensas ni monederos automáticos en el extranjero ni utilizar a gobernadores de su partido para comprar votos. El Congreso mexicano no permitió que los candidatos a la presidencia llevaran a cabo campañas en el extranjero. Vázquez Mota y López Obrador viajaron a varias ciudades estadounidenses para reunirse extraoficialmente con sus partidarios mientras que Peña Nieto estuvo en Washington, DC., para participar en un foro, pero ningún partido pudo hacer campaña.
Resulta entonces irónico que las elecciones auténticamente libres y democráticas se llevaron a cabo en el extranjero. Peña Nieto las perdió por amplio margen.
Históricamente los mexicanos en el exterior se oponen al PRI. Los migrantes padecieron la pobreza, corrupción, violencia y menosprecio de los sucesivos gobiernos priístas. Los migrantes tienen memoria.
El número de votantes en el exterior —la mayoría radicados en Estados Unidos— ha sido muy bajo en las dos elecciones desde que se aprobó el voto foráneo para los comicios de 2006. Organizaciones de migrantes han cabildeado por años para que el empadronamiento se lleve a cabo en el lugar donde residen los migrantes en el extranjero. Sin embargo, el Congreso no ha aprobado la legislación correspondiente a pesar de que todos los partidos y el Instituto Federal Electoral afirman estar de acuerdo en un nuevo modelo para el voto en el extranjero en lugar del método postal y de credencialización en México.
El universo de votantes mexicanos en el extranjero es de unos cuatro millones. Si votaran dos millones, podrían definir la elección. Por eso, el apoyo de los partidos y del Congreso ha sido siempre de dientes para fuera. No quieren que los migrantes decidan el destino de México. Bendicen y se benefician de sus remesas, pero les regatean el poder del voto.
Los mexicanos en el extranjero tienen la frente en alto al haber votado en contra de un candidato y un partido carentes de legitimidad por haber consumado el mayor fraude electoral de la historia de México con la complicidad de las autoridades.
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Alejandro Escalona es columnista del Chicago Sun-Times, HuffPost Voces y La Raza. Colabora también en Telemundo Chicago como analista político
