El zaguán de Benedetti

Baldosas gastadas y  líneas zigzagueantes en el piso. La luz azulada zanja el zaguán en penumbras. Hablo de la foto de Pantia Astiazarán, elegida por Louise B. Popkin para la portada de su libro Witness: The selected Poems of Mario Benedetti, publicado por White Pine Press recientemente. Popkin, su traductora y compiladora, nos quiere hacer entrar a la escritura de uno de los poetas más leídos en lengua hispana por el zaguán, ese espacio interior que media entre la puerta de calle y el hogar. Lugar, asimismo, del “witness”, pues allí es donde se escuchan los pasos tanto del adentro como del afuera. Desde el fondo de este típico zaguán montevideano nos llega una luz opaca. Si seguimos su recorrido, nuestros ojos atravesarán una primera puerta totalmente abierta y luego el vidrio esmerilado de una segunda puerta cerrada. La luz deviene punto de fuga, seguirla es adentrarse en ese espacio e ir construyendo una mirada. Pero el verdadero punto de fuga es Popkin, ese otro haz de luz que nos hace atravesar una lengua y entrar en otra para que podamos, finalmente, habitar, profundizar e instalarnos en esta poesía.
Mejor fotografía no pudo elegir Popkin para acercar al lector angloparlante a la escritura de este grande de la poesía hispanoamericana. Poeta “best-seller” le han llamado algunos, poeta “rock star” le llama Popkin. Con estos epítetos se trata de dar cuenta del éxito que ha tenido este mago de la palabra. Su obra es prolífica. Publicó más de ochenta libros a lo largo de su vida, entre los que se incluyen una treintena de poemarios, libros de cuentos como Montevideanos, piezas teatrales como Pedro y el capitán, además de ensayos y novelas como La tregua, ésta última llevada al cine en 1974 y nominada a un Óscar. Su obra ha sido traducida a más de 25 idiomas y ha recibido prestigiosos premios como el Reina Sofía, el Menéndez Pelayo y el José Martí, entre otros. Allí donde se habla el español se leen o susurran al oído poemas como “Táctica y estrategia”, “No te salves” o “Una mujer desnuda y en lo oscuro” (este último musicalizado por J.M. Serrat).
Cuando Popkin traduce “trasluce”; hace visible una luz que nos es inaccesible, entreabre una puerta y nos muestra la hendidura por donde entrar. Su traducción es también un doble acto de excavación: por un lado saca a la luz a una poesía apenas traducida al inglés, por otro lado saca a la luz lo que el español tiene de herida abierta. Su tarea es cultural e “iluminadora” en su sentido más profundo; no solamente nos da la lengua del poeta, sino que deja que su propia lengua materna sea interrogada por él. El inglés de Witness busca testimoniar lo que no puede decir diciéndolo, en ocasiones, como viene desde fuera, dramatizando así el encuentro con esa otra lengua testigo de la violencia y del horror de las últimas dictaduras militares en el Cono Sur. Por eso mantendrá palabras como “Desaparecidos” y “Patria”. Por eso traducirá literalmente la expresión “cola de paja” como “tail of straw”, para que el lector pueda acceder al sentido y a la historia de ciertas palabras, para que pueda apresar con esa metáfora lo que significa la conciencia culposa y la crisis moral de un Uruguay acosado por la última dictadura militar. “The straw can catch fire anytime” nos dice Popkin en su nota al pie (p. 375); se trata de una imagen visual y física que Popkin quiere dar al lector para que éste sienta los afectos y efectos de la vergüenza y del miedo sobre la superficie misma de la lengua.
Se trata de una traducción concienzuda y metódica. Popkin eligió por lo menos un poema de cada uno de sus treinta libros de poesía. Cada palabra aquí traducida forma parte de una batalla ganada, un triunfo sobre la facilidad del cognado. Así, “No te salves” se traduce como “Don’t play it safe”, evitando su correlato en inglés para salvar tanto el mensaje como el tono coloquial de esta poesía. Lo mismo sucede con el poema “Noción de patria” que Popkin traduce como “when I say Patria”. No sólo se trata aquí de evitar el cognado, sino de proteger los significantes. Por eso esa “Patria” es inamovible,  porque el significante está aferrado a su contexto como un hilo atado a su propia historia que nada tiene que ver con la de “Fatherland”. Popkin “does not play it safe”, va al encuentro no sólo del sentido, sino también del ritmo, del registro y del tono del original. Como en estos bellísimos versos en el que nos dice la voz poética “como una cortina pegajosa / que nadie nunca nadie nunca corre”, y que traduce “as in a sticky curtain /that no one no no one ever draws.” (28-9). El “no” incluye al “no one”, y el “no”, además, se triplica. En inglés la triple repetición del “no” infantiliza el habla, como si con el verso nos llegara también un niño enojado que se resiste, o que acaso golpea la mesa con el segundo “no”: “no one no no one”. Bien podría haberse traducido “no one ever ever draws”, respetando la economía de una lengua que evita las tautologías, pero Popkin sabe que poner ese tercer “no” es hacer audible el dolor, la queja, el tono monosilábico y de impotencia de ese niño. Con esa “n” aliterada nos deja también el pronunciamiento firme de un Benedetti que ha enfrentado el exilio y el desarraigo “n”egándose a la derrota y “defendiendo la alegría”, como postulan varios de sus poemas. Pero es también el puño sobre la mesa de un hombre que volviera luego de la dictadura hambriento de Patria y cuya hambre “nunca nunca” quedaría satisfecha. Y es que del exilio ya no se vuelve, uno queda instalado en el limbo del “dentro-fuera”, en ese “zaguán” mental que Benedetti llamaría el “desexilio” y que vuelve a esta poesía tan universal y pertinente, y que Popkin “trasluce” espléndidamente para nosotros.

Witness: The selected Poems of Mario Benedetti. Translated by Louise B. Popkin, with an introduction by Margaret Randall. White Pine Press: Buffalo, New York. 2012

Silvia Goldman, uruguaya. Reside en el área de Chicago. Ha publicado poemas en revistas literarias de Latinoamérica y Europa. Autora del poemario Cinco movimientos del llanto. Doctora en Estudios hispánicos por la Universidad de Brown.

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