Dana Gelinas

Poeta, traductora, filósofa. Ha publicado los poemarios Bajo un cielo de cal (1991), Poliéster (VIII Premio Nacional de Poesía Tijuana, 2004), Altos Hornos (2006), y Boxers (Premio Nacional de Poesía Aguascalientes, 2006), Aves del Paraíso (2009), Los trajes nuevos del emperador (2011). Su poesía ha sido traducida a varios idiomas y publicada en diversas revistas y antologías, incluyendo Poetas de Tierra Adentro II, Revista Casa de las Américas, Sin puertas visibles, An Anthology of Contemporary Poetry by Mexican Women.

LOS NIÑOS DE HAMELIN

Es, llanamente, un problema de números.
Los trasplantes exitosos,
los órganos que padecen necrosis después del injerto,
los órganos descartados por virus y antivirus
exceden las cifras de donantes muertos
en accidentes de tránsito
y, es claro, al raro universo
de los donadores saludables.

Cada hora que pasa desaparece un niño
para siempre
en Latinoamérica.
Sin embargo, no hay alcalde que ofrezca
un rescate por los niños de Hamelin.
No hay alcalde que escuche
a las madres de Hamelin.
Llenarían, entre todas,
la plaza mayor de esta república.
Los alcaldes las evitan,
esconden al responsable
del equipo de médicos cirujanos
de cierta unidad de trasplantes.
La historia de Hamelin es mentira,
no existe un gobernador
como el de Hamelin.

Existe una Pietà,
un monumento de mármol hecho trizas
para las madres con hijos enfermos,
una opinión pública llorosa
cuando un cirujano de Alaska
trasplanta un estómago
a un niño anoréxico
y el médico es convertido en celebridad
como un edicto sobre mármol blanco.

Las esposas de ciertos funcionarios
conocen a los cirujanos de Hamelin,
aunque jamás tendrían el mal gusto de mencionarlos
durante sus tours a otros planetas,
ni a la esposa del general brigadier
de las fuerzas armadas,
ni al jefe de la policía federal,
ni al jefe de la policía judicial,
ni al superintendente local.

No es difícil adivinar su rostro,
incluso tras un tapabocas.

No es difícil adivinar dónde está ese gran hospital
de medicina avanzada.

No es difícil.

Son tantos rastros
como los niños de Hamelin.

CLÍNICA NEONATAL

Salud para el nuevo niño.
Su alma envejecida toma nuevos bríos.
Nueva ropa, nueva identidad
dentro de su cuna de acrílico refulgente
en el flamante Paraíso de la Sala de Post-parto.
Con enfermera privada para sus nuevos insomnios
y su hambre de gigante.

Demandará de su madre todo,
y actuará magistralmente
en su rol de mamífero desprotegido.
Él crece a base de privilegios sobrenaturales.

Así como sus mayores
vieron con desprecio
al que nació a las cuatro treintaidós,
y al que nació a las seis con cinco de la tarde,
esta criatura crecerá sola,
dejando atrás a los que lloraron
por primera vez
un mismo día.

Crecerá como la furia de su llanto ríspido,
no con el llanto humano de los otros.
Su alma intranquila desea
que el corazón ofenda de nuevo.
Y será alimentado como si ningún otro ser
tuviera derecho a la vida.
Lo veo tallar su comisura derecha,
miro sus reflejos de antes de nacer,
con el puño apretado.
El mismo gesto fiero hará fulminará
a los débiles congénitos,
a los hijos de inferiores y a los padres de sus padres,
y seguirá creciendo…

Hereda genes,
y vacilará un poco,
incluso caerá,
pero se elevará sobre los dos pies
y comerá…

Yo fui testigo de su ira
y sé que él mismo
creará un Paraíso de sus propias pesadillas,
porque su rencor
proviene del centro
de su garganta de neonato,
de los ojos de su madre,
y se encuentra oculto en el engranaje
del reloj que lleva su padre
en la mano diestra.

Esta criatura ya tiene su lugar en este libro,
un álbum que no es
de almas inocentes.

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