El fado: canto marinero del destino y la soledad

El escenario del Old Town School of Folk Music estaba apenas alumbrado. En penumbras se escuchó un lamento profundo y aterciopelado. Por detrás del telón surgió la esbelta figura de Ana Moura vestida de negro, cuya postura enmarcaba la melancolía de cada sílaba que hilaba su voz  cantando fado, la música emblemática de Portugal.

 

Saudade Blues

 

El fado, cuyo nombre proviene de la palabra portuguesa que significa “destino”, fue declarado este año Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. Documentado en Portugal desde principios del siglo diecinueve, se origina de una curiosa y potente mezcla de ritmos que incluye elementos de música rural, cantos de esclavos africanos (en particular de las excolonias portuguesas de Brasil, Mozambique, Angola y Cabo Verde) y baladas del mundo árabe. Música urbana y en sus inicios de cierta mala fama, el fado nace en tabernas y burdeles del puerto de Lisboa, traída por los marineros que frecuentaban estos sitos.

Las diversas fuentes musicales que dieron origen al fado le dan una belleza muy particular. Al impregnarse a través de décadas de lamentos de esclavos arrancados de sus tierras natales, marineros lejos de casa y campesinos que emigraron a Lisboa, quizás no haya música en el mundo que mejor destile el anhelo. Desde el principio, su esencia se ha relacionado con la saudade, palabra que no tiene fácil traducción pero que está marcada por la nostalgia e implica pérdida y melancolía, si bien retiene dejos de ilusión y esperanza, como comenta el musicólogo Richard Elliot. El fado y el blues tienen en común un sentimiento fatalista y desesperado, así como el sentimiento de que el mero acto de cantar ayuda a despejar los males.

Después de una época de gloria, desde la década de 1950 hasta la de 1970, en la que el género fue dominado por la “Reina del Fado”, Amalia Rodrigues, hasta hace relativamente poco, el fado estaba algo arrumbado. Debido a su asociación con la dictadura fascista que gobernó en Portugal de 1926 a 1974,  la generación posdictadura en gran parte rechazó el fado por ser símbolo retrógrado y recuerdo de una triste época de represión. La cantante Moura, primera artista portuguesa en dar un concierto en el Carnegie Hall de Nueva York, es parte del fenómeno del novo fado,  en el que jóvenes fadistas retoman el género tradicional y lo van incorporando al siglo veintiuno a su manera.

 

Novo fado

 

En su concierto, Moura siguió algunos patrones tradicionales. A la manera clásica del fado, cantó acompañada de trío – guitarra acústica, bajo y guitarra portuguesa (un laúd en forma de pera con doce cuerdas de metal). Sin embargo, el bajista alternaba entre versiones acústicas y eléctricas de su instrumento, y a ratos añadía toques casi jazzísticos a las melodías. Y aunque iba vestida de negro con chal (clásico atuendo de fadistas que evoca el vestuario severo de humildes esposas de pescadores), la versión de Moura era una delicada red que alargaba con el brazo para darle énfasis a ciertas palabras de las canciones; poco o nada ocultaba el vestido largo con escote y sin espalda que le ceñía el cuerpo perfectamente.

Aparte del vestuario y de los toques de su bajista, Moura rompe esquemas en otros sentidos. Aunque su repertorio se centra en fados tradicionales, también incluye dos canciones de los Rolling Stones. Después de que la vieron cantar en una taberna tradicional cuando estaban de visita en Lisboa en el 2007, Moura fue invitada por los Stones a cantar con ellos en un concierto y a participar en un disco de homenaje a su música. Y así fue que de la manera más sorprendente, Moura comunicó el intraducible sentir de saudade con gran claridad a través de la canción “No Expectations” de la banda británica. La extraordinaria voz de Moura, al cantar sobre quien se dispone a tomar un rumbo cualquiera para alejarse de un amor que ha perdido, definió el sentir del fado en las estrofas finales de la canción:

 

“Nuestro amor es como la música,

Estuvo aquí y ya se fue”.

 

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Catalina Maria Johnson, miembro del consejo editorial de contratiempo, es periodista y locutora/productora de programas para estaciones de radio pública.

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