Cuando los hippies llegaron a Vega Baja

Siete Vientos inaugura con acierto su catálogo editorial con la publicación de Llegaron los hippies, del puertorriqueño Manuel Abreu Adorno (1955-1984). Este volumen de cuentos, publicado en 1978, había hecho de Abreu Adorno una figura de cierta resonancia subterránea, cuya divulgación y revaloración hacía falta.

En Llegaron los hippies, situaciones, gestos y complicaciones son revelados por medio de una oralidad gozosa. Estos cuentos no se proponen el retrato sociológico deliberado, pero capturan idiosincrasias y tics culturales. Es el slice of life como microcosmos social, espacio narrativo que resignifica lo nimio, lo omitido, lo sugerido. Y lo que deja ver: por esa voz en primera persona que a menudo lleva la historia, asoma la densidad de la experiencia humana, el absurdo de cada día.

No es el cuento canónico, cerrado en sí mismo como un mecanismo de relojería, Abreu Adorno no es el mago que juega con las expectativas del lector ni busca impresionarlo con el final contundente. Sus narraciones son más bien el tajo por donde fluye una voz a veces conversacional, a veces reflexiva.

La engañosa sencillez de sus cuentos, en parte debida a la frescura y la inmediatez de su tono, avanza bajo el dulzor un sabor ácido al paladar atento. Es el “sentirse, hallarse, ser” del personaje en el cuento epónimo que propone al lector una invocación en esos repetitivos verbos para sentir que entre ese mundo ideal, fantasmagórico, de proezas deportivas y la tosigosa soledad de su realidad concreta (en excelentes pinceladas descriptivas) se abre el vértigo de la existencia.

El recurso de la repetición a manera de estribillos alza con eficacia, en el cuento “llegaron los hippies”, un tono elegiaco que no descarta la crítica. El festival de rock de Vega Baja, en Puerto Rico, le permite al autor un ajuste de cuentas con la utopía de los festivales tipo Woodstock que se multiplicaron en varias partes del mundo.

En “lo que se dijeron él y ella por veinticinco dólares”, Abreu Adorno plantea la metáfora de la intervención imperialista y el estado neocolonial en el diálogo entre un miembro “de la agencia” que habla en inglés y una prostituta que habla en español. Dos realidades lingüísticas abren sendas ventanas a mundos opuestos que se superponen sin entenderse, cuyo único punto de contacto es la transacción sexual.

Más de uno notará en la ascendencia literaria de este libro una vena directa de la literatura beat –que a su vez bebió de las vanguardias de principios del siglo XX, con la liberación del monólogo interior, el incansable flujo verbal de la conciencia– y de los lúdicos experimentos de Cortázar; o ubicará estos cuentos en el cauce que arrastra la zumbona sintaxis de La guaracha del Macho Camacho, de su paisano Luis Rafael Sánchez, rigurosa y lúdica celebración de las posibilidades del lenguaje, publicada en 1976.

Hay en el panteón de los fetichismos literarios un lugar especial para la noche de 1955 cuando Allen Ginsberg leyó en voz alta su poema “Howl”, en que la preponderancia del ritmo, más como flujo respiratorio que como estudiada eufonía, emparentaba las estrofas con el fraseo del jazz. No es gratuito que On the Road, la novela de Jack Kerouac, haya sido escrita en un enorme rollo de papel que evitaba al autor frenar el impromptu iluminado del lenguaje.

Otro cabecilla de este grupo, William S. Burroughs, desarrolló la técnica del cut up, (heredada del dadaísmo) que rompe la linealidad del discurso y se abre a las posibilidades aleatorias del lenguaje. En ciertos tramos, Burroughs abolía la puntuación para dejar que la prosa fluyera, cadenciosa y musical o nerviosa y abrupta, según temperaturas narrativas o psicotrópicas.

En “la verdad sobre farrah fawcett majors”, Abreu Adorno ofrece un divertimento anárquico heredero de dichas técnicas, pero también de la iconoclastia cortazariana –en textos como aquel “Por escrito gallina una” – para recrear el frenético ritmo de la imaginación onanista de un adolescente.

John Coltrane y Eddie Palmieri, Jimmy Hendrix y Bach, el oído omnívoro (pero selecto) de Abreu Adorno, aunado a una fina mirada social y una actitud vitalista deja el regusto agradecible de su irreverencia y cierto corrosivo candor.

La edición de Siete Vientos, un espléndido tomo en tapa dura, en edición flip bilingüe (la versión al inglés es de Rafael Franco-Steeves) con prólogo de Rey Andújar está en librerías, en Amazon y en sietevientos.com.

 

 

Julio Rangel, escritor mexicano, es integrante
del consejo editorial de contratiempo

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