
Dos hechos de naturaleza biológica permitieron que nuestros antepasados primates adquirieran las habilidades que los convirtieron en ser pensante: la bipedestación y el desarrollo gutural, transformaciones físicas que se dieron en las latitudes corporales. El lenguaje y la capacidad de erguirse y caminar facilitaron a su vez el desarrollo cerebral y la inteligencia. Así comenzó el hombre, con su cuerpo, a trazar la historia de la humanidad: sus conflictos y vicisitudes, sus maldades y bondades, sus sueños, expresiones y esperanzas. Desde la momificación faraónica, la paideia helénica, los manuales de tortura de la Inquisición, el lienzo renacentista y el vestido victoriano, hasta el body art contemporáneo y la “ética de la estética plástica” con que el avaro bisturí transforma el impuesto canon de la belleza, el cuerpo continúa su marcha. Y es justamente tal caminata lo que motiva los textos publicados en el presente número de contratiempo.
El estudio sistemático del cuerpo se desarrolló hace apenas unas décadas luego de que la sociología y el quehacer filosófico moderno lo enfocaran a partir de tres teóricos fundamentales, para quienes lo social —la relación con el resto— fue sostén primordial y común de sus ideas. Hablo de los análisis del cuerpo explotado de Marx, del cuerpo dócil de Michel Foucault y el habitus de Pierre Bourdieu. Marx partió de que el trabajador es material de explotación física bajo la dominación impuesta por el capital a manos de la burguesía. Bourdieu se hace eco del planteamiento marxista al afirmar que los hábitos de consumo, la relación de clases, el ejercicio social y la cultura –el habitus– hablan a través del cuerpo, de cuerpos dominadores y cuerpos dominados, estableciendo la premisa de que la historia del cuerpo humano es la historia de su dominación. Foucault sostuvo, por otra parte, que el cuerpo no puede ser concebido como el vehículo del ser, sino como el ser mismo, porque “(…) el cuerpo no existe tal cual, como un artículo biológico o como un material. El cuerpo humano existe en y a través de un sistema político”, y él es, la entidad social que lo contiene.
Los textos del dossier a continuación intentan tocar el abanico de ideas que lo corporal representa: la desnudez (estado natural del ser humano, único hábito que lo acompaña en su más profunda intimidad), es enfocada como la metáfora que señala cómo el cuerpo de hoy está (des)nudado, (des)provisto y (des)humanizado tras haber sido ofertado a la pornográfica industria del espectáculo de la carne y de los ojos en la contemporánea civilización de la apariencia. En los hábitos del cuerpo, a su vez, “se inscriben las relaciones del poder y del saber donde la sociedad, vigilante y vigilada, oprime o libera”, dicotomías elegantemente discutidas por el escritor dominicano José Mármol.
La poesía, sublime ejercicio del pensar, a través de la historia de las letras encontró en la imagen del cuerpo refugio y motivación, y es por ello que Graciela Reyes aborda el tópico a partir de los primeros poemas de nuestra tradición cultural, la prosa que a manos de Homero hizo de la Ilíada el referente fundamental del ethos occidental. Afirma la autora que aquellos eran poemas del cuerpo y la violencia que desde el ojo nietzscheniano fueron compuestos para convencernos de seguir viviendo. Y es justamente el vivir, por el amor o el sexo, lo revelado en los poemas al cuerpo que aparecen en Deshoras.
Rey Andújar, por su parte, al enfocar teatralidad y cuerpo argumenta que si por éste “se entiende lenguaje, si es alfabetizable a partir de su propia signatura, puede entonces decirse que en torno al cuerpo se estructura una caligrafía: una herramienta de vida para el actor”. Catalina María Johnson atrapa el ritmo del lector al analizar la percusión y la música creada con el cuerpo, formas que reflejan nuestras culturas e historias a través de la magia de las manos, los dedos o el golpeteo de los pies. Moira Pujols aborda la danza como expresión y sistema comunicador tanto del observador como de su ejecutor.
Les invitamos pues a leer la escritura del quehacer humano, la que esparcida en los rincones de nuestra anatomía le ha otorgado lugar al alma, al pensamiento y a las sensaciones.
Leamos al cuerpo, ese campo de batalla que nos hace ser.
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Texto introductorio y coordinación del dossier: Jochy Herrera
Imagen: “Cerrado” de Matteo Pugliese. Fotografía: Claudio Cipriani
