Hombre sin mar ni tierra

En tus ojos hay nostalgia y en tus manos ansiedad. Tus pasos son feroces y sin sentido. No vas a ningún lado. Naciste con la libertad de un pasaporte para violar los muros, pero desde hace mucho lo cargaste de culpa. Tu librito azul que te enseñó a huir para no solucionar nada. Y ahora que tu aguja ya no encuentra la vena y que tu piel rechina mientras se yergue. Ahora que te dedicas a coleccionar fobias. Con toda esa experiencia quieres retornar y recuperarlo todo. Y ante tu espejo, ese que pocas veces te da buena cara, te justificas: ¡Vamos!, dejemos de ser ilusos, este viaje no tiene retorno-. Te presentas sin orgullo y sin intenciones. Buscando el camino que has tomado y perdido al momento de escogerlo. Ante los traumas de tu pluma sin tinta y un martillo sin cabeza. Ante una ventana que te ofrece la infinidad. Ante un cristal que te ofrece una salida. Ante una ola. Te presentas desnudo ante ti. Tú que has llevado y has traído por senderos que nunca en aquellos días te hubieses imaginado estar. Hoy que has atravesado las fronteras, despilfarrado tus energías en bárbaros, odios y orgullos, batallas sin sentido; estás igual, pero más viejo y cada vez más incoherente.

Estás solo.

Aferrado a tu falsedad que confundes con utopía sin detenerte ante tu experiencia. Sí, quizás hubiera sido mejor quedarte allá, pero no tuviste la bondad de la quietud y ahora tus pasos no dejan huella porque el camino ya se ha cansado de ti. Eres invisible. Creciste entre paisajes maravillados. Allá donde las balas gritan y donde es más fácil ser héroe que mendigo. Allá donde todos reclaman tu ausencia. Allá donde sueñas estar. Mientras tanto acá, día a día ves un lago que te trauma. Allá están los cuernos de chivo que no soportas. Acá noche a noche deambula tu soledad por calles otoñales. Acá no tienes amigos. Allá ya se cansaron de esperarte. La conciencia pesa más que cualquier destierro en Chicago, y tú siempre serás culpable por buscar esa ráfaga, ya sea de acero o de amor para mantenerte vivo. Porque tu psique está inundada de aquellos malogrados intentos por estabilizar ese pequeño punto en cada renglón hasta convertirlo en poesía. Poesía que no importa, poesía innecesaria. Porque escribes con culpa, una culpa que nadie te otorga, porque siempre serás tú el culpable de haber nacido sin mar y sin tierra.

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